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Estos días he estado buscando algún escrito que sea claro con respecto al día del Señor y la tradición reformada. Mi preocupación sobre este tema tiene que ver con la negativa de muchos que, llamándose reformados, tienen sobre la observancia de este santo día, y que debido a esto transgreden directamente el cuarto mandamiento.

Gracias al pastor Jon D. Payne puedo compartir este capítulo sobre el Día del Señor, de su libro “En el Esplendor de la Santidad”, el cual nos ayuda a comprender la tradición bíblica y reformada con respecto a este santo día.

“Acuérdate del día de reposo para santificarlo.” (Éxo 20:8)

La doctrina bíblica y la práctica del Sábado Cristiano o Día del Señor (Éxodo 20:8, Apocalipsis 1:10) se ha expulsado del contexto contemporáneo de la iglesia. En la tradición reformada y pactual, donde se ha entendido históricamente que el Día del Señor es un día completo santificado a Dios para el reposo y la adoración. Actualmente, el Domingo es, con mayor frecuencia, ingenuamente visto simplemente como cualquier otro día de la semana, un día en el cual sucede que los cristianos se reúnen para un servicio de la mañana. Ciertamente, la evidencia de esta dilución del Día del Señor se ve en el número creciente de iglesias que realizan sus servicios durante el  Sábado por la noche. ¿Qué ha causado esta expansión de la ignorancia y descuido del día que Dios ha establecido, desde el principio, para ser una bendición extraordinaria para este pueblo? ¿Puedo sugerir tres razones para este casi desprecio?

EL DISPENSACIONALISMO

Este sistema de interpretación bíblica divide radicalmente la teología del Antiguo y del Nuevo Testamento. Según los dispensacionalistas clásicos, muy poco del Antiguo Testamento es correlativo, relevante y aplicativo a las vidas de quienes viven en el Nuevo Testamento, excepto la profecía mesiánica específica, las máximas morales, y las así llamadas referencias apocalípticas literales. Debido al surgimiento de esta hermenéutica en la última parte del siglo XIX, que divide la Biblia,y que ha sido aceptada por muchos cristianos sinceros, muy pocos en la actual América evangélica han sido enseñados acerca de la profunda significación de la observancia del Día del Señor. Los dispensacionalistas clásicos consideran al Día del Señor como simplemente un día importante en una era diferente.

LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

Durante la mitad del siglo XIX sucedieron muchos cambios en la sociedad norteamericana. Se construyeron fábricas muy grandes para la producción masiva y multitudes de gente migraron a las ciudades desde las áreas rurales en busca de estabilidad financiera y de éxito. Este cambio traumático económico y cultural, de una economía agraria a una industrial cambió profundamente el modo de vida que la mayoría de norteamericanos habían conocido desde la fundación de la nación. Una consecuencia de este cambio, para muchos, fue un crecientemente rápido ritmo de vida, mayormente como resultado de la presión sobre los hombres en el lugar de trabajo. No sólo empezó a sufrir la práctica de la adoración familiar, debido en parte a los largos días de trabajo y de los turnos, sino que también el Domingo fue lentamente perdiendo su distintividad como un día apartado para el reposo y la adoración Teocéntrica. En resumen, el capitalismo y el consumismo eventualmente se convirtieron en la fuerza todo-consumidora que moldeó cada aspecto de la vida (personal, familiar, y religiosa). Hoy en día, vemos los efector del corazón del consumismo cuando vemos que, en el día que Dios ha establecido para la adoración y el reposo, casi cada estrato de la sociedad está muy ocupado trabajando, comprando, recreándose y vendiendo.

ANALFABETISMO BÍBLICO

No creo que sea inapropiado decir que nos encontramos en la época del mayor analfabetismo bíblico en la historia de nuestra nación. La mayoría de evangélicos comprometidos no pueden enumerar ordenadamente los Diez Mandamientos, ni dar una simple explicación de las doctrinas fundamentales como son la justificación y la santificación.

Estamos viviendo en una época donde las mentes, incluyendo a las mentes cristianas, han sido seducidas y capturadas por lo trivial mientras se ignora lo significativo. Los asistentes a la iglesia probablemente saben más acerca de los recientes chismes de Hollywood que acerca de las doctrinas de la Biblia. Así, pues, no es de sorprenderse el que pocos sepan o entiendan el cuarto mandamiento: “Acuérdate del Día del Señor para santificarlo” (Éxodo 20:8).

¿Los efectos del dispensacionalismo clásico, del analfabetismo bíblico y de la revolución industrial, han contaminado y quitado a la iglesia toda oportunidad de recuperar una práctica y perspectiva correctas del Día del Señor? ¡Definitivamente no! Pero, ¿qué se necesita hacer para que la iglesia actual recupere la enseñanza y la práctica bíblicas de santificar el Día del Señor? Yo creo que la iglesia necesita, además de un genuino arrepentimiento, una interpretación sana e histórico-redentora de la Palabra de Dios, es decir una perspectiva de la Biblia que reconozca la unidad de la obra redentora de Dios, su continuidad a través de la historia. En otras palabras, el Día del Señor debe ser entendido a la luz de su establecimiento en la creación, su implementación en el Sinaí,  su perpetuidad en el tiempo, y su cumplimiento en la consumación.

El Día del Señor fue establecido en la creación, junto con el matrimonio (Génesis 2:18-25), como una ordenanza de la creación. En otras palabras, el Día del Señor es una parte de la estructura misma del orden de la creación. Dios no sólo estableció un día séptimo como bendito y lo apartó de los demás, sino que también dio el ejemplo guardándolo Él mismo (2:1-3). Dios reforzó la importancia del Día del Señor en los Diez Mandamientos dados a Moisés en el Monte Sinaí (Éxodo 20:8). En el Nuevo Testamento Cristo vino para cumplir la Ley, no para abrogarla (Mateo 5:17). Cristo desenterró el verdadero significado del Día del Señor que había estado sepultado bajo los montes de legalismo y tradición farisaica. Cristo enseñó que el día del Señor fue hecho por causa del hombre y no el hombre por causa del Día del Señor (Marcos 2:27). Es más, Cristo se declaró como el Señor del Día de reposo (Marcos 2:28).

En el desarrollo de la historia de la redención, desde el Edén hasta el presente, el Sábado Cristiano ha sido una bendición divina y una obligación moral. Su cumplimiento final será experimentado cuando Cristo retorne cuando todos los elegidos serán liberados del pecado y entrarán al Sábado o reposo eterno, viviendo la adoración perfecta en la presencia de Dios por la eternidad (Hebreos 4:1-13; Apocalipsis 7:9-12).

Dios nos ha dado un día especial, el Día del Señor, para reposar de nuestras labores comunes y enfocar nuestras mentes y corazones de una manera concentrada e intencional en el Dios trino y Su obra gloriosa de la creación y redención. Santificamos el Día del Señor al reunirnos para la adoración pública y al invertir el resto del día en obras de misericordia, de necesidad, y de piedad (ver Confesión de fe de Westminster XXI, viii). A través del Día del Señor se nos brinda una vista previa de nuestro reposo celestial cuando dejamos de lado nuestras labores terrenales. Asimismo, al sentarnos a la mesa del Señor se nos brinda una prueba por adelantado de la gran fiesta de las bodas del Cordero (Apocalipsis 19:6-10), y una experiencia anticipada que mira hacia el futuro de la comunión eterna con Dios y Su pueblo. Todo esto sucede cuando invertimos cada Domingo ejercitando nuestra fe en Cristo, en el contexto de la adoración pública y pasamos todo el día amando a Dios, y en una comunión Teocéntrica (Apocalipsis 7:9-17).

Dios ha establecido algo hermoso para Su pueblo, pero nosotros lo hemos visto mayormente como un inconveniente dadas nuestras vidas tan ocupadas. Dios nos ha dado el día de reposo para que nos deleitemos en Dios al reposar de nuestras labores ordinarias, proveyéndonos de recuperación y refrigerio. Fue diseñado por nuestro Padre Celestial para darnos adecuado descanso y para reenfocar nuestros corazones en nuestras grandes prioridades, a saber, Dios mismo. Es mi oración que el guardar el día del Señor llegue a ser nuevamente un aspecto significativo y distintivo de nuestras vidas y un testimonio colectivo como creyentes, y de ese modo demostrar que tomamos en serio los mandamientos de Dios y que abrazamos con gozo el único día de los siete que Dios nos ha provisto para dar atención individual a la adoración divina, para la comunión cristiana, y para reposar de nuestras labores comunes.

 

Por el pastor Jon D. Paine.

 

 

 

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