arrepentimiento

31:18 Escuchando, he oído a Efraín que se lamentaba: Me azotaste, y fui castigado como novillo indómito; conviérteme, y seré convertido, porque tú eres Jehová mi Dios.

31:19 Porque después que me aparté tuve arrepentimiento, y después que reconocí mi falta, herí mi muslo; me avergoncé y me confundí, porque llevé la afrenta de mi juventud.

31:20 ¿No es Efraín hijo precioso para mí? ¿no es niño en quien me deleito? pues desde que hablé de él, me he acordado de él constantemente. Por eso mis entrañas se conmovieron por él; ciertamente tendré de él misericordia, dice Jehová.

31:21 Establécete señales, ponte majanos altos, nota atentamente la calzada; vuélvete por el camino por donde fuiste, virgen de Israel, vuelve a estas tus ciudades.

31:22 ¿Hasta cuándo andarás errante, oh hija contumaz? Porque Jehová creará una cosa nueva sobre la tierra: la mujer rodeará al varón. (Jer: 31:18-22).

 

Introducción: 

El libro de Jeremías, es principalmente una profecía de juicio castigo y cautiverio para Judá, el Reino del Sur de Israel.

Dios llama a Jeremías en el Reinado de Josías, uno de los reyes más piadosos del antiguo testamento, al cual se le llamó Josías El Reformador, por introducir nuevamente la pascua y la observancia del día de Reposo. Así, el ministerio de Jeremías abarca hasta la caída y cautiverio de Jerusalén. El Reino del Norte de Israel (Efraín), había sido hollado y destruido por Asiria hace 130 años.

Jeremías profetiza principalmente al Reino del Sur (Judá), y de hecho, el contexto de los capítulos 30 y 31, son el asedio de Jerusalén por Babilonia. El último Rey, Sedequías (tío de Nabucodonosor) colocado por el mismo, gobernó 11 años, y del año numero 9 al 11 estuvo sitiado por el ejército de su sobrino, dado que se había sublevado contra el Rey de Babilonia.

Pero a pesar de la amarga situación histórica de estos pasajes, es el hecho de que el tema principal de los pasajes son la restauración de Israel y Judá, y el nuevo Pacto que el Señor establecerá con ellos.

En medio de palabras de restauración para ambas ciudades, el clima histórico es desolador. Judá estaba a punto de caer y ser totalmente destruida como su hermana del norte, quien ya lo había experimentado a manos del Rey Asirio.

Entonces mire las palabras del verso 15. “Voz fue oída en Ramá, llanto y lloro amargo; Raquel que lamenta por sus hijos y no quiso ser consolada acerca de sus hijos porque perecieron.”

Benjamín, que es junto con Judá el Reino del Sur, está a punto de perecer y Efraín que es de José, hijo de Raquel, quien creyó que devoraron los leones, ya había sido devorado por Asiria. ¡Raquel llora por sus hijos! Amargura y ajenjo hay en ella.

  1. Marcas del verdadero arrepentimiento

Entonces se oye la voz de uno de los hijos de Israel, el Pueblo de Efraín que es del Reino del norte (10 tribus de Israel) habla como si fuera un solo hombre, todos en unanimidad, en el verso 18. “Escuchando he oído a Efraín que se lamentaba… [Soy] un novillo indómito”.

  • El Lamento y reconocimiento del pecado

El Lamento y reconocimiento del pecado. Esto es lo que Pablo llama en 2 Cor 7. “La tristeza que proviene de Dios”. A Efraín se le rompe el corazón en pena. ¿Qué es lo que le aflige? Ha ofendido a Dios y ha sido castigado por ello, note que no está lamentando el hecho de tener que sufrir un castigo a azote, él está lamentando su pecado. ¡Ha sido un Novillo indómito! Un macho vacuno joven, que no obedece, no se puede domar para que haga caso, da patadas contra su pastor. ¡La primera marca del verdadero arrepentimiento es una tristeza santa por el pecado! Son ojos que son como ríos de lágrimas, gemidos del hombre por su condición, él exclama ¡Miserable de Mí! Como Pablo, oh “Apártate de mí porque soy un hombre pecador” como Pedro. Lloran amargamente los que han negado al Señor 3 veces, y han recibido su tierna mirada. ¡Oh hermanos! Meditemos en la profundidad de nuestro pecado y sintamos amargura y dolor por él. El pecado destruye familias, el pecado devora iglesias, cuando el pecado es tomado a la ligera y no es tratado, ¡captura tu preciosa alma! Es el juego más peligroso que podemos jugar. El novillo mencionado aquí es joven, y esta es una característica de la juventud: su soberbia. El joven cae en su imprudencia, porque piensa ser independiente y autosuficiente, no quiere corrección, ni autoridad sobre su vida, así es el corazón humano como un novillo indómito. Se para en su soberbia y dice: ¿De qué tengo que arrepentirme? ¿Por qué tengo que llorar? ¿Cuál es mi pecado? Yo tengo las manos limpias. No necesito a Dios, puedo manejar mis asuntos por mi cuenta. ¿Hace cuánto tus párpados son un desierto? ¿Tiempo ya ha pasado que no te afliges por tu soberbia? ¿Puedes reconocer tus maldades? AW Tozer relata acerca de un hombre en su libro “Los atributos de Dios:

“James Ussher, el arzobispo irlandés del siglo XVII, solía salir a la rivera del río, arrodillarse junto a un tronco y arrepentirse de sus pecados toda la tarde del sábado, aunque probablemente no hubiera un hombre más santo en toda la región. Sentía cuán indeciblemente vil era; no podía soportar el sucio gris que era lo más blanco que podía poner frente a la radiante blancura inaccesible que era Dios. » (A W Tozer — Atributos de Dios, de la Santidad de Dios)”

¿Ves cómo este santo hombre, se entristecía por sus maldades? O dices: ¿Soberbio yo? Como se te ocurre… Hermanos ¡la soberbia está incrustada a nuestra naturaleza como el polvo se adhiere a nuestra piel! ¿Cuándo fue la última vez que Dios pudo decir de ti “Mi hijo quebrantado y humillado”? Esta aflicción santa, proviene del Señor y produce temor contra el pecado. Nadie que ha llorado a los pies del madero sus inmundicias, cruza la puerta a revolcarse en el fango o a lamer su vómito. La primera marca del verdadero arrepentimiento es la “tristeza que proviene de Dios”.

  • Humildad ante la corrección

La segunda Marca es la humildad y la sumisión a la corrección “Me azotaste y fui castigado”. Dios castigó y azotó a su primogénito Efraín ¿y piensas que tú no necesitas ser corregido? La palabra empleada aquí para azote y castigo, es la misma usada en proverbios para “Corrección” “Corrige al niño en su camino” dice Salomón.  ¿Quién tiene un hijo y no lo disciplina cuando se desvía del camino? Está criando un Bastardo. Eso dice la Escritura. El Padre al que recibe por hijo, le ama y porque le ama le azota y no le entrega al deseo juvenil de su corazón. Por el contrario el falso arrepentimiento nunca se someterá a la disciplina de la iglesia. Desprecia los medios de gracia. Pasa a la mesa del Señor impenitente, y no busca de los hermanos para ser aconsejado. Dios usa sus medios para azotar a sus hijos, muchas veces consiste en enviar aflicción, o incluso endurecerte por un tiempo o entregarte a algún pecado, como a Pedro que fue zarandeado por Satanás. Pero siempre Dios engendra hijos que reciben la corrección y son humildes a su voz y cayado, Mathew Henry dice que “los verdaderos penitentes ven sus aflicciones como los castigos y tratos de su padre.”

  • El arrepentimiento es un don de Dios

La tercera marca del verdadero arrepentimiento, es su dependencia al don divino. “Conviérteme y seré convertido”. El arrepentimiento es un don, y Efraín lo sabe, él ora: “Conviérteme”. Él sabe por experiencia que la conversión es un acto de la gracia divina, La casa de Israel sabe que no puede producir una conversión en su corazón meramente por decidirlo, ¡lo sabe! Pues que ha andado en su mal camino y ha pecado contra el Señor.

2 Tim 2: 24-26, “porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido, que con mansedumbre corrija a los que se oponen por si quizá Dios conceda que se arrepientan para conocer la verdad y escapen del lazo del diablo en que están cautivos a voluntad de él.”

Hech 11:18 “Entonces oídas estas cosas, callaron y glorificaron a Dios, diciendo ¡De manera que también en los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!

Sin embargo, me dirás, ¿acaso la Escritura no dice que el arrepentimiento es algo para hacer? Acaso no dijo Pedro a los Judíos cuando le preguntaron “Varones hermanos ¿Qué haremos?” “arrepentíos” Respondió el apóstol. Claro, es cierto que el arrepentimiento es algo que el hombre hace, pero solo lo hace, si le es dado Dios. ¿Quién puede escapar del lazo del diablo? Solo a quien las cadenas le son deshechas. Efraín ora bien “Conviérteme y seré convertido”: Oh Dios, yo sé que por mis propias fuerzas soy débil y produciré una apariencia de arrepentimiento, por tanto conviérteme y seré convertido en verdad. Conocer que el arrepentimiento es un don, y que es una demanda explícita del evangelio “Arrepentíos o pereceréis” dijo el Señor, es de gran ayuda para enfrentar nuestro pecado. He aquí un error frecuente en las iglesias: Se cree que puedes arrepentirte cuando tú quieras. Dice el Joven “Más tarde serviré a Dios, cuando sea adulto, por ahora disfrutaré la vida” Dice el pecador “Voy a pecar en esto y después me arrepentiré” “Voy a hacer tal cosa, en fin Dios ya me perdonó” ¿¡Ves cuanta soberbia hay en estas frases!? Como si dejar de amar el pecado fuera una obra muy fácil, cómo si seguir a Cristo dependiera exclusivamente de la voluntad humana, ¡cómo si dejar de ser esclavo, fuera un asunto tan liviano! Efraín lo sabía, y por eso ora: “Conviérteme tú Señor”, ¡ya he andado demasiado por tinieblas, he gustado lo amargo del pecado y he conocido que no puedo hacerlo por mí mismo, por tanto concédeme el arrepentimiento porque tú eres mi Señor! El Hijo que se lamenta y se somete a la disciplina del Señor, sabe que Solo Dios le puede conceder el arrepentimiento. Arrepentirse es una obra imposible para el ser humano. ¿Quién acaso puede abandonar su pecado y volverse a Cristo? Cristo ya lo dijo: Esta es una obra imposible para los hombres, pero nada hay imposible para Dios. Así que cuando El predicador te exhorta a que te arrepientas, te está pidiendo algo imposible de hacer en tus fuerzas, y si no lo haces, ciertamente perecerás, no obstante debemos de rogar la asistencia del Señor y orar: “Conviérteme y seré convertido”.

  1. Qué es el Arrepentimiento

“Porque después que me aparté tuve arrepentimiento, y después que reconocí mi falta, herí mi muslo; me avergoncé y me confundí, porque llevé la afrenta de mi juventud”.

La CFW en su capítulo 15 inciso II, dice lo siguiente acerca del arrepentimiento: “El pecador […] se entristece a causa de sus pecados y los aborrece de tal modo que renuncia a todos ellos y se vuelve hacia Dios.”

Pienso que esto es exactamente lo que estamos viendo en el verso 19. “Después que me aparté tuve arrepentimiento”, el pecado por definición Biblica es apartarse de Dios. “Me dejaron a Mí fuente de agua viva” Dice el profeta que es el primer mal que hace su pueblo. Y el arrepentimiento es un cambio de camino, apartarse del pecado y volverse hacia Dios. En simples palabras, es dejar de pecar y volverse al Señor, renunciar y aborrecer tus inmundicias proponiéndote caminar en Santidad en todos los mandamientos. La tristeza que no produce arrepentimiento es una tristeza para muerte, en cambio aquel lamento santo que produce frutos en nuestra vida es una tristeza que produce arrepentimiento para salvación, según Pablo produjo en los Corintos: Solicitud, defensa, indignación al pecado, temor santo, ardiente afecto celo y vindicación. Si la tristeza y el lamento no producen estas cosas, ¡no debemos pensar que sea una angustia para vida!

  • Odio contra el pecado

No solo hay una renuncia y un cambio de camino, como quien viene por la calle “pajaritos” y se cambia a caminar por “Vicente Reyes”, el texto dice que Efraín “Hirió su muslo”. Esto expresa una santa indignación, una sagrado aborrecimiento, y una celosa repugnancia hacia nuestros caminos de pecado. El hirió y golpeó su muslo, como el publicano ladrón golpea su pecho. Golpear el muslo quiere decir aborrecer nuestros caminos de perversidad, y el pecho aborrecer los pecaminosos deseos de nuestro corazón. Oh mi hermano, El odio, la violencia y el aborrecimiento no son malos. La cuestión es hacia donde lo dirigimos. ¿Hacia nuestra familia? ¿Hijos? ¿Esposo? ¿Esposa? ¿Padres? ¿Hermanos? ¿Gente que no te agrada tanto? ¿Gente que no tiene tu color? ¿Personas que no son tan ortodoxas como tú? ¡Hermano hiera SU muslo! Aborrezca y odie SU pecado, sea violento con él, tome el cuchillo del evangelio y apuñale y mortifique los deseos de vanagloria, codicia, independencia, autosuficiencia, lascivia, idolatría, enojos, envidias que brotan de SU propio corazón, porque estas son las cosas que contaminan al hombre. El pecado trajo confusión, Efraín recordó los pecados de su juventud, y llevo la vergüenza de sus pecados.

  • Efraín se encomienda a la misericordia de Dios

Finalmente podemos decir, que Efraín se recomienda a la misericordia y gracia de Dios. Me dirás: “Predicador, has estado hablando tanto del pecado y del arrepentimiento, ¿cuándo me hablaras de la misericordia?” Hermano ya viene, pero antes nota esto: El hecho que Efraín esté actuando de esta forma ¿sabes que me muestra? Que él se está encomendando a la mano que lo golpeó para recibir también de la misma mano el cariño y aceptación de su Padre. ¿Acaso no es lo que hace un hijo y un padre piadoso? La misma mano que te aflige, es la misma que te recibe y acaricia tu nuca mientras descansas en su seno. Así que Efraín se encomienda a la misericordia de su Padre, y responde su Progenitor:

“¿No es Efraín hijo precioso para mí? ¿No es niño en quien me deleito? Pues desde que hablé de él, me he acordado de él constantemente. Por eso mis entrañas se conmovieron por él; ciertamente tendré de él misericordia, dice Jehová” (Jer 31:20)

  1. Misericordia de Dios por Efraín

Cuando Efraín reconoce todo su demerito e indignidad, el Señor replica: “¿Acaso no eres tú mi hijo a quien amo?” (NVI) ¡Cuando Efraín se Lamenta, Dios también se lamenta de él! El sentir de este texto, es como si Dios reconociera la voz del gemido de su hijo. Con tierna y consoladora respuesta aun cuando Dios aflige, el busca siempre nuestro bien. La NVI dice en este verso “Cada vez que le reprendo, vuelvo a acordarme de él”. Dios oye nuestro gemido y se acuerda de nosotros (“Escuchando he oído a Efraín que se lamentaba, vs 18). Las entrañas de Dios se conmueven, Dios hace notar que le duele y se conmueve por nuestra causa. Dios nos ama con un amor pasional.

¿Cómo podré abandonarte? ¿Te arrojaré de mi presencia? ¡Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión! (Oseas 11)

Este es el evangelio hermanos, el amor de Dios inflamado por su pueblo que se ha apartado de él. La parte b del verso 22 dice “Jehová creará una nueva cosa sobre la tierra: “La mujer regresará a su esposo” (NVI).

Así como la mujer regresa a su esposo de la esclavitud, la iglesia vuelve a los brazos de Cristo. El amor de Dios es su Hijo humillándose por nosotros para reconciliarnos con Dios. Tus ojos se deben levantar a esta “nueva cosa que el Señor hizo sobre la faz de la tierra” (22b), solo debes mirar con los ojos de tu alma, mirar es algo fácil, solo tiene que levantar tus ojos y ver a tu salvador amándote y recordándote allí en el monte calvario. Así como la serpiente de bronce sanó a todo aquel israelita que fue mordido y miraba. Así Que tu fe sea puesta en los méritos de Cristo tu Salvador y Señor, él sanará las heridas de tu alma. A pesar que hemos hablado de la necesidad del arrepentimiento, en ninguna manera, aunque derrames mil lágrimas (Como dice el himno “roca de la eternidad”) podrá esto justificarte delante de Dios, sino solo la fe en el esposo. ¡Vuélvase la mujer a su esposo! Vuélvase la Iglesia como un solo hombre a Jesucristo.

¿Hasta cuándo andarás errante hija infiel? ¡Vuélvete a Cristo! Y ve como él tiene misericordia de ti. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores ¡Cristo murió por nosotros! Que la seguridad de la palabra de Dios te rodeé hoy “Ciertamente tendré de ti misericordia”. Efraín nunca volvió de regreso a su tierra, pero la promesa de restauración se cumplió por medio del Evangelio. Jesús ordenó, que se predicaría este evangelio, en Judea, Samaria (es decir Efraín) y hasta lo último de la tierra. Amén.

Sermón predicado por el hermano Cristián del Rio en la Iglesia Reformada de Maipú.

 

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