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“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina” (2 Pedro 2:1)

 El error del cristianismo hasta nuestros días siempre ha sido la ignorancia sobre diferentes temas que de una u otra manera desembocan en graves desviaciones doctrinales.

Hace dos años atrás, personalmente, era un ignorante en temas políticos, no me interesaba la política en lo absoluto, pero cuando comencé a estudiar teología, me di cuenta que ésta abarca toda área del conocimiento, lo cual nos lleva a tener una cosmovisión mucho más amplia, y esto es a lo que todo cristiano debería aspirar.

Hoy nos vemos involucrados en un fuerte debate social y político donde la iglesia tiene una gran responsabilidad, o mejor dicho una responsabilidad de la cuál debe ser consiente.

El mundo de las ideas es algo que no debemos ignorar, ya que debido al desarrollo de diversas ideas nacidas de un corazón caído han producido terribles desastres en la población mundial, como por ejemplo con el comunismo Marxista Leninista. Naturalmente, las ideas del comunismo no son nuevas. La obra de Marx y Lenin, así como la revolución de 1917 lo atestiguan. Lo que es nuevo hoy, sin embargo, y lo que hace que debamos tomar buena nota del fenómeno de la “teología de la liberación”, es el hecho de que las ideas marxistas se hayan infiltrado en un determinado sector de la teología cristiana. Es decir, que la  teología de la liberación representa el maridaje de un pensamiento supuestamente cristiano con la ideología marxista[1]

Mi intención no es hacer apología sobre este tema en específico, sino sólo dar a conocer la necesidad de profundizar en estos asuntos, los cuales afectan y afectarán nuestra vida y la de nuestros hijos. La iglesia ha sido condicionada por esta corriente ideológica, y es precisamente por ser ignorantes, no sólo en el ámbito político, sino porque hemos dejado de lado el estudio diligente de la Palabra de Dios, nuestra confesionalidad y la enseñanza y disciplina de nuestros hijos. “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón;  y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas”(Deut. 6:4-9). Este trabajo no lo hemos desempeñado de buena manera, y debido a esto. nuestros hijos, ¿digo nuestros hijos?, creo que también nosotros hemos sido afectados por una teología con fuerte carga ideológica que se aleja de la verdadera doctrina cristiana. Axel Kaiser en su libro “La Fatal Ignorancia” escribe: “Penetrar la cultura es así un objetivo estratégico de todo socialista. Por eso buscan infiltrarse en todo orden de instituciones (La Iglesia, la Universidad, la televisión… etc.) como forma de esparcir sus ideas para que la gente que las integra comience a actuar de acuerdo a ellas”[2]. Claramente hemos sido afectados por la infiltración de personajes con fuertes inclinaciones hacia el marxismo.

La teología de la liberación de la cual estamos hablando, es muy bien recibida por sectores “universitarios cristianos”, los cuales con un corazón convencido levantan el puño revolucionario en contra de la supuesta opresión capitalista diabólica que mantiene cautivo al pobre. Como un sueño romántico y heroico tiene la tendencia de mover las masas, pero esto se aleja plenamente del evangelio de Jesucristo que no tiene nada que ver con las ideas de Marx.

El autor del pequeño libro “Teología de la Liberación”, C. Van Dam escribe sobre la inclinación de las iglesias en esto: “El Consejo Mundial de Iglesias ha influido en la teología de la liberación y ha sido a la vez parte esencial de su desarrollo. La evolución del Consejo Mundial de iglesias ha sido tal que la Asamblea de Uppsala (1968) se enfrentó con la siguiente cuestión: “¿Debe entenderse la salvación en el sentido tradicional –como las iglesias siempre lo han creído-, o debe entenderse como salvación en un sentido económico político?” El Consejo se inclinó por este último sentido. Como las decisiones de la Asamblea revelan, el evangelio de Jesucristo se ha convertido en el evangelio secular de hacer un mundo mejor”[3]

No es de extrañar que vivamos un tiempo peligroso. La iglesia hoy está cargada fuertemente a la izquierda ideológica, donde lo que prima no es lo demandado por Dios en su Palabra, sino una filosofía maquillada de cristianismo que desea redimir la cultura a costa del mandato divino. Por esto vemos una mayoría inclinada a recorrer las calles de nuestras ciudades con eslogan en contra de las AFP, el capitalismo heteropatrialcal, el neoliberalismo… etc. Pero sus voces no se escuchan ante los abusos del movimiento LGTB o las nuevas leyes que el Estado está promulgando en pro del aborto.

La pregunta es ¿cómo es posible que esto suceda? Esto es lo que trataré de explicar en este artículo.

Breve reseña

No podemos comenzar sin ir a las fuentes ideológicas de las cuales estamos hablando. Karl Marx. (Tréveris, Prusia occidental, 1818 – Londres, 1883) Pensador socialista y activista revolucionario de origen alemán. Raramente la obra de un filósofo ha tenido tan vastas y tangibles consecuencias históricas como la de Karl Marx: desde la Revolución rusa de 1917, y hasta la caída del muro de Berlín en 1989, la mitad de la humanidad vivió bajo regímenes políticos que se declararon herederos de su pensamiento[4]. Hay que comenzar desde el origen de la teoría marxista. En Karl Marx y Friedrich Engel encontramos la génesis. Hombres alemanes del siglo XIX, ambos tienen el mérito intelectual de haber sentado las bases de un pretendido “socialismo científico” frente a los diversos socialismos utópicos y anarquismos que en aquellos tiempos predominaban en la Izquierda[5].

Marx era sobre todo un ateo, y este ateísmo culminó en una guerra contra Dios y todo rastro de Dios en la civilización occidental. El ofreció una cosmología de caos social como una opción a la teología de la Biblia. La figura revolucionaria de Prometeo, el portador de fuego revolucionario fue la que capturó la visión de Marx[6]. A Marx y Engels les tocó vivir un mundo en transformación violenta (revoluciones de 1848 y Comuna parisina 1871) y estaban convencidos de la inminencia y éxito de la revolución proletaria en la Europa industrializada. Coincidían, parcialmente, con la idea anarquista de la desaparición de Estado. Para ellos una vez derrotada la burguesía capitalista se establecería una dictadura del proletariado que acabaría con los residuos capitalistas, explotadores, es decir, se utilizaría el Estado como instrumento para liquidar, definitivamente, a los explotadores. La tesis catastrofista sobre el destino ineluctable del capitalismo y de todas sus creaciones, parece un efecto del mesianismo y el acceso a la sociedad sin clases, una secularización del paraíso[7].

Podríamos preguntarnos ¿qué tiene que ver esto con lo que sucede hoy en día? O ¿qué tiene que ver conmigo? Bueno la ideología de este hombre ha calado muy profundo en las mentes de diferentes personajes en la historia. Y muchos de ellos se han infiltrado en diferentes instituciones para promover las ideas de Marx. Este trabajo se ha hecho en un largo plazo por décadas, implantando la cosmovisión marxista a través de Estados y partidos políticos socialistas. Por otro lado, las Universidades han sido el canal de regadío para miles de jóvenes, los cuales crecen con los “lentes marxistas” de la interpretación de la realidad. La Iglesia no ha quedado fuera de esta nefasta ideología. Gustavo Gutiérrez, sacerdote peruano, escribió en 1971 un libro titulado Una teología de la Liberación (traducción inglesa en 1973) que probablemente es la obra que más influencia ha ejercido en Latinoamérica sobre este tema[8]. Según Gutiérrez, la iglesia debe hacer ver a los hombre que están oprimidos, a fin de que ellos busquen y obtengan su liberación. Para llevar a cabo esta tarea la iglesia debe corromperse de un modo concreto. “La iglesia debe politizar al evangelizar”, escribe Gutiérrez. Puesto que el evangelio es el mensaje de amor total, tiene una ineludible dimensión política. No es de extrañar la clara desviación del mensaje contemporáneo y el silencio ante propuestas “morales” que van en contra de la ideología marxista. Por esto, nuevamente en este siglo renacen palabras como “lucha de clases”, “opresión al obrero”, “el imperio debe caer”, y otras más. Gustavo Gutiérrez y otros escritores pensaban que, el Señor Jesucristo debe, por tanto, contemplarse como una figura política a quién Pilatos mató por tratarse de un cabecilla de los zelotes, puesto que en realidad Jesús también pretendía la liberación de los judíos. El Éxodo de Egipto fue un acontecimiento político, y el grito de ¡Deja marchar a mi pueblo! Es el grito de liberación de todos los tiempos[9]. Todo se entiende en términos de las necesidades inmediatas del hombre, aquí y ahora. Es más, la secularización se introduce bajo el disfraz de la teología.

“Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos” (Oseas 4:6)

Hegemonía

Antonio Gramsci (1891-1937). Filósofo, teórico marxista, político y periodista italiano. Nació el 22 de enero de 1891 en Ales, Cerdeña.

Considerado como uno de los pensadores marxistas más importantes del siglo XX, y un pensador clave en el desarrollo del marxismo occidental[10]. Este hombre daría un paso cualitativo a lo que se refiere la “hegemonía”. La idea de hegemonía en Gramsci supera la mayor parte del economicismo que aquella contenía. ¿Por qué? Porque ahora la hegemonía precisará en delante de un accionar cultural que Gramsci llamará “intelectual-moral”: la hegemonía se realiza generando cambios al nivel cultural, y no es una simple alianza económica-política como pregonaba Lenin, ni es la asunción de tareas externas a la propia clase como planeaba Plejanov. La hegemonía en Gramsci se da en un terreno de trascendencia: el de los valores, creencias, identidades y, en definitiva, el de la cultura: “Toda revolución –anota Gramsci- ha sido precedida por un intenso trabajo de crítica, de penetración cultural, de permeación de ideas a través de agregados humanos. Dicho de otra manera: la hegemonía ya no se da en la transacción de intereses materiales, sino en el hecho de inyectar en el otro una misma “concepción del mundo” que anude los lazos de solidaridad orgánica (hegemónicos) entre grupos que pertenecen a distintas clases sociales. El éxito del proceso hegemónico (es decir  de la fusión entre grupos distintos acerca de la conciencia revolucionaria), depende de la confección de una ideología  de signo contrario respecto de la dominante, que cuestione su “sentido común”, su  forma de ver el mundo, su forma de organizar la sociedad, la economía, la política, la cultura[11]

Las ideas no deben desestimarse por ningún motivo. Cuando los hombres se juntan a dialogar y pensar como construir o cambiar el mundo, ¡es cosa seria! Muchos han muerto por ideales nacidos de corazones caídos, corruptos o, aun así, de corazones con “buenas intenciones”. Aquí vemos, a través de Gramsci, como el Marxismo toma un rumbo distinto. La coacción, la violencia para tomar el poder ya no es el timón de esta embarcación, sino, ahora es cambiar la concepción del mundo, el sentido común de las masas, y para esto, es necesario que el sujeto llegue a cuestionar sus propios valores morales. Este es el punto neurálgico del marxismo Gramsciano, el cuál intenta ejecutar su hegemonía en el hombre desde la concepción[12] No es de extrañar el cambio cultural que se está generando en el presente en nuestra nación y nuestras iglesias.

La ideología de género, el feminismo extremo, la lucha por el buen salvaje (Mapuche) son partes de un todo. La batalla de las ideas comenzó hace mucho tiempo en esta humanidad caída, el problema es que la iglesia ha sido indiferente y negligente al despreciar la Ley de Dios. Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua” (Jeremias 2:13).

Conclusión

 No podemos ser indiferentes, no podemos solo mirar, no podemos culpar a otro. Hoy más que nunca debemos arrepentirnos de nuestro propio pecado como pueblo de un Dios Santo. La responsabilidad nos ha sido dada, y debemos obedecer a lo que Dios nos ha llamado, principalmente desde nuestros propios hogares.

Hemos estado hablando de hegemonía, bueno, para tener una “concepción de mundo” e interpretar la realidad de una forma correcta, es necesario que Dios mismo esté obrando en nuestras vidas a través de Su Palabra y el poder del Espíritu Santo. Si esto es así, como padres somos los responsables de entregar a nuestros hijos una educación firme y consistente con el evangelio. Lo lamentable de esto es que muchos creyentes están afectados por esta corriente progresista. En gran parte del mundo la democracia ha llegado a convertirse en una especie de religión. Uno de los credos de esta religión es que uno no puede imponer sus ideas sobre los demás (algo que contradice su sistema hegemónico de implantación de ideas). Cada cuál es libre de creer o rechazar lo que desee. Por lo tanto la opinión común es que en “asuntos religiosos” la gente no debe ser obligada a elegir hasta haber llegado a su madurez.

Es una opinión bastante necia. De hecho, en toda familia la enseñanza comienza antes que los niños sepan hablar o leer, y es un proceso que nunca termina. La comunidad del pacto enseña a los niños a andar por los caminos del Señor (Proverbios 22:6). La educación en la vida del pacto no es opcional; Dios la requiere (Deut. 6:4-9). Como escuché a un amigo pastor hace poco: “La verdadera piedad comienza por casa”, y esa misma piedad es la que nos lleva como comunidad del pacto a vivir para la gloria de Dios y así extender el Reino. Bien dice J. C. Ryle: “Guárdate de las malas imitaciones de la religión. Sé genuino. Sé riguroso. Sé auténtico. Sé verdadero”. Y claramente el marxismo es una imitación satánica.

 

Dios nos ayude.

 

Escrito por Pablo Flores Figueroa.

[1] C. Van Dam, La Teología de la Liberación, p. 9.

[2] Axel Kaiser, La Fatal Ignorancia, p. 52.

[3] C. Van Dam, Teología de la Liberación, p. 10.

[4] https://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/marx_karl.htm

[5] Agustín Laje, El Libro Negro de la Nueva Izquierda, p. 24.

[6] Gary North, La Religión Revolucionaria de Marx, La Regeneración por medio del Caos, p.

[7] Pablo Lucas Verdú, Pablo Lucas Murillo de la Cueva, Manual de Derecho Político, p. 87-88.

[8] C. Van Dam, La Teología de la Liberación, p. 14.

[9] Íbid., p. 15.

[10] https://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/6269/Antonio%20Gramsci

[11] Agustín Laje, El Libro Negro de la Nueva Izquierda, p. 34-35.

[12] Cuando hablo de ejecutar una hegemonía en el hombre desde la concepción, me refiero a implantar ideas marxistas en párvulos, a través de la educación, televisión, etc

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Un comentario sobre “Teología de Izquierda

  1. Muy interesante y todo, sin embargo, creo que es necesario ser más rigurosos al respecto: izquierdas hay muchas, cada una con distintos orígenes, premisas y direcciones distintas también. No todo es marxismo. Hay cristianos de izquierda bastante mas serios que aquellos a quienes ustedes se enfrentan.

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