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Todos los domingos, y sin importar la denominación, habrá algún mensaje a favor de la “redistribución de la riqueza” o una condena al “lucro”. La retórica contra el capitalismo, domina en gran parte de los sermones y las teologías de las iglesias cristianas. Veamos algunas razones.

El socialismo es un virus que es muy hábil para mutarse: puede convertir a sus viejos enemigos en nuevos sujetos revolucionarios. Las izquierdas entendieron muy bien, que es imposible acabar con la religión: entonces decidieron pervertirlas. Una de las armas del marxismo cultural al interior de occidente, es la izquierda cristiana. Y que viene en dos versiones: el “evangelio social” en el mundo protestante, del brazo de la teología progresista. Y la “teología de la liberación” en el mundo católico romano.

Desde el siglo XIX los teólogos de la “Alta Crítica” en Alemania, y en Inglaterra los clérigos anglicanos de la revista “The Christian Socialist”, prepararon el camino. Y en el año 1917, el pastor bautista Walter Rauschembusch publicó en Alemania su libro “Teología para el Evangelio Social”, la misma que abrazan en Estados Unidos políticos prominentes como: Martin Luther King, Ted Kennedy, John Kerry, Jimmy Carter, y pastores como Jeremiah Weight, párroco y mentor de Barack Obama por muchos años.

Algo similar sucedió en el mundo hispano. En estas latitudes, el socialismo fue introducido desde el Siglo XIX. Se llamó aprismo, nacionalismo revolucionario y peronismo; pero para los años 70 su fracaso ya no se pudo disimular. Entonces surgió la “Teología de la liberación”, que es la versión católico romano del “Evangelio Social”, del cual toma muchos prestamos ideológicos. Clérigos como: Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Ernesto Cardenal y el boliviano Rafael Puente. Fueron los impulsores de feroces guerrillas a lo largo y ancho de América Latina (pecado del cual jamás pidieron perdón). Hoy esta corriente vive su momento de esplendor con el Papa Francisco, que en septiembre del 2015, manifestó que el sufrido pueblo cubano: “Debe amar la pobreza”.

El “Evangelio Social” y la “Teología de la liberación”, pretender solucionar los problemas sociales, aplicando la “ética cristiana”. Pero girando en torno a un concepto por completo ajeno al cristianismo: la “justicia social”. La biblia y el cristianismo hablan mucho de justicia, pero no de “justicia social”, y mucho menos usa la pobreza como un pretexto para la “redistribución de la riqueza”. Tampoco autoriza a los gobiernos a ser inmensas maquinas fiscales. De hecho: los principios políticos del cristianismo histórico, son la mejor barrera para las tiranías.

Un cristiano consecuente, es el principal defensor de las libertades civiles, de los gobiernos limitados y de la propiedad privada. Recordemos: que fueron los cristianos que enfrentaron al imperio romano, civilizaron a las naciones bárbaras y fundaron los Estados Unidos de Norte América.

La religión juega un papel importante en la política (les guste o no). Por eso, es necesario rescatar la pureza de las doctrinas políticas del cristianismo histórico.

Escrito por Hugo Marcelo Balderrama.

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