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Dos ilustraciones y Estado moderno

El Estado moderno tiene sus orígenes y desarrollo en el periodo histórico  conocido como “La Ilustración”.  Sin embargo, la Ilustración no fue un evento único, ni propio de una nación o  grupo exclusivo de pensadores.
Generalmente el movimiento de la ilustración se relaciona inmediatamente con  pensadores franceses como Voltaire, Montesquieu, Diderot, D’alembert, y el ginebrino  Rousseau. Pero, como bien dice Francisco Joaquín Cortés García 1 , existen dos  ilustraciones: la francesa y la escocesa2. En esta parte del ensayo nos dedicaremos a analizar las diferencias entre las dos ilustraciones, y la forma como cada una de ellas entendió a la sociedad y el Estado.
En primer lugar, la ilustración escocesa tenía la visión de que la “sociedad”, en esencia, era de orden natural, no diseñable, ni predecible. En palabras del filósofo A. Ferguson, el orden social era algo misterioso3, por lo tanto, la sociedad no era planificable4. En cambio, la ilustración francesa creía que la sociedad era inteligible, predecible, y por ello afecta a ser modificada, manipulada y sujeta a experimentación social. A esto último se le llamó “el mito del legislador”5
En segundo lugar, la mayoría de los ilustrados escoceses concebían al hombre como un ser “imperfecto”, o “caído”. Tenían la idea de un ser humano “defectuoso”, por lo cual, el hombre poseía una razón defectuosa, era imperfecta, y por ello debía ser educado para el bien de la sociedad. Así, la ilustración de Escocia dudaba del poder infalible de la “razón”6, lo que la llevó a negar el racionalismo. A contrario sensu, la ilustración francesa creía en la autonomía de la razón, y postulaba que esta autonomía sería el instrumento eficiente para modificar la sociedad, y reconstruirla desde las cúpulas hasta sus bases. Así, los ilustrados franceses creían que la sociedad podía ser “racionalizada”, “repensada”, y “re-ingeniada” a través de un proceso que comenzaba desde arriba hacia abajo7.

En tercer lugar, la ilustración escocesa creía que la sociedad no se construye a partir del egoísmo o interés particular, sino del amor, o de lo que hoy llamamos el interés general8. Como ejemplo tenemos al ilustrado y pastor presbiteriano Francis Hutcheson9, quien enseñó la “teoría del sentido moral”, la cuál proponía que Dios le entregó a los seres humanos la facultad de distinguir entre el bien y el mal, o entre lo moralmente correcto o incorrecto. En efecto, los ilustrados escoceses conocían las doctrinas de la “providencia” y de la “gracia común”10. Escocia no endosaba a la mera razón el progreso social, sino más bien, postulaba que el fundamento del progreso social estaba sostenido en lo que ellos llamaban el “sentido moral” de los seres humanos, y este sentido moral desarrollaba las “cualidades amables” (amiable quialities) en las personas. Al respecto, Adam Smith decía: “Por más que el hombre tenga rasgos egoístas, existen evidentemente en la naturaleza principios que lo interesan en la suerte de los otros y que hacen que la felicidad de ellos le sea necesaria por más que no derive nada de esto, salvo el placer de poder contemplarlo. De esta clase son los sentimientos de piedad o compasión, la emoción que sentimos por la miseria de otros, cuando la vemos o cuando la percibimos nítidamente. Que sentimos tristeza por las penas ajenas es un hecho tan obvio que no necesita ser probado. Este sentimiento, igual que las otras pasiones originales de la naturaleza humana, no está confinado a los más virtuosos y compasivos, por más que éstos los puedan sentir con una sensibilidad más refinada. El más grande de los rufianes, o el máximo violador de las leyes sociales, no está completamente desprovisto de los mismos sentimientos”11.

En cambio, los franceses, con su “idolatría” por la razón, y la arrogancia de planificar la sociedad, sostuvieron que la sociedad progresaba y se organizaba a través del “contrato social” (tal como lo definía el ginebrino Rousseau). En otras palabras, el hombre no posee una naturaleza ni política, ni social (zoon politikón), sino que el hombre es un ser esencialmente cultural, y será el “contrato social”, o el acuerdo de voluntades entre civiles y autoridades, lo que determinará el fundamento final del orden social12, y todo esto a causa de un interés egoísta e individualista.

En cuarto lugar, Escocia negaba que la “sola” razón podía modelar la vida en sociedad, sino que esta debía estar unida a un proceso reflexivo impulsado también por la moral. La virtud no nace de una razón infalible e inerrante, sino de un sentido moral superior, y que es connatural al ser humano. Escocia piensa que, “Europa se constituye como el lugar donde la política y el orden social procuran en primer lugar el bien público y que tal bien no es el que protege a cada quien para que haga lo que desee… sino el que procura reconocimiento, acogimiento para que el particular pueda desarrollar su primer instinto de sociabilidad (o sentido moral)”13.

Esto significa que según ilustrados escoceses el ordenamiento jurídico y social (costumbre, normas, y convenciones humanas), serán permanentes sólo si hacen viable la paz social, y el bien común de la sociedad14. En otras palabras, la sociedad debe medirse por el progreso y no según el proceso. En cambio, los ilustrados franceses miraban la moral como algo utilitario, práctico, constructivista, e inventado, como un elemento más de la sociedad que debe ser utilizado para llegar al fin preestablecido por sus diseñadores. Para ellos, lo único que importa es el fin, el telos, la meta prediseñada. La sociedad es teleológicamente humanista (diseñada por el hombre), y la moral solo es un instrumento más en la consecución del objetivo. Esto último, es a lo que Adam Smith llamó como “El hombre del sistema” (The man of system), es decir, aquellos que buscan reorganizar la sociedad como si ésta fuera una pieza de ajedrez, pero sin respetar los principios del ajedrez, sino más bien imponiendo nuevos criterios, cambiando las reglas del juego, y manipulando la sociedad como si las personas fueran meros peones del juego15.

Quizás, este es el elemento más característico de la ilustración francesa, elevar la razón a un plano divino, y adorarla como si esta fuera un “dios”. Un dios que tenía el poder de modelar la vida social, económica, política, familiar etc. Ejemplo de esto son las “fiestas de la Razón” en Francia, donde fue declarada proscrita la cristiandad, y se instaló el culto a la razón. No en vano el 10 de noviembre de 1793 se declaró a la razón como una “diosa”, y se nombró a la Catedral de Estrasburgo como el “Templo de la Razón”16.

Por encima de todo, los escoceses se preocupaban por la exploración de la naturaleza humana en el sentido más amplio. Consideraban al hombre como “imagen de Dios”, y dejaban espacio para que la fe y la iglesia influyeran en la sociedad. Por este motivo, los escoceses eludían todo tipo de intervencionismo agresivo, y avasallador en la sociedad. Escocia, no cree que la sociedad deba ser una estructura manipulable, y mucho menos busca descomponer la sociedad para luego reconstruirla según los esquemas cuadrados y preconcebidos de la élite racionalista.

Consecuencias

Las consecuencias políticas y sociales de cada escuela son inevitables y evidentes. Por ejemplo, para la ilustración escocesa los cambios a una Constitución deben ser prudentes, mesurados, y jamás buscar resultados impuestos por la clase gobernante. En la práctica, debe haber un mínimo de leyes, claras, transparentes, y que respeten la tradición e instituciones de la comunidad. Dejemos que el mismo ilustrado David Hume nos explique cuál es la idea de Constitución que tenían los escoceses: “…debemos procurar que una forma de gobierno real se acerque a ese ideal lo más que sea posible mediante suaves alteraciones…que eviten introducir perturbaciones graves en la vida social”17…“la gente no reconoce autoridad a lo que no tiene la recomendación de la antigüedad. Entrometerse, por lo tanto, en estas cosas, o intentar experimentos sobre la base exclusiva de un buen argumento y una supuesta filosofía, no debe nunca ser la conducta de un magistrado sabio, que debe tener siempre una actitud reverente frente a lo que tiene la marca del tiempo y que, aunque intente alguna mejoría para el bien público, debe ajustar en lo que sea posible las innovaciones… manteniendo enteros los pilares básicos de la Constitución (…) En todos los casos es conveniente saber cuál es la Constitución más perfecta, y debemos procurar que una forma de gobierno regular se acerque a ese ideal lo más que sea posible mediante suaves alteraciones…que eviten introducir perturbaciones graves en la vida social”18

“… es necesario para preservar la estabilidad que la nueva generación adhiera a la Constitución establecida y siga el camino que emprendieron sus padres, como éstos lo hicieron continuando en la huella de sus antecesores. Algunas innovaciones tienen necesariamente que ocurrir en las instituciones humanas, y es una instancia feliz si el genio ilustrado de una época las encamina al campo de la razón, la libertad y la justicia… Nadie tiene derecho a introducir innovaciones violentas, las que son muy peligrosas aunque emanen de la legislatura. Muchos más males que beneficios se derivan de esta actitud…” 19.

Claramente los ilustrados franceses no pensaban de la misma manera. Lailustración francesa impulsó y promovió complejos sistemas de control, muchas leyes, dando prioridad al Estado, y siempre buscando resultados. Podemos decir que, políticamente, la ilustración escocesa fue pluralista, y la francesa fue colectivista.

Cuando decimos que Francia era “colectivista”, nos estamos refiriendo a que consideraba que el Estado estaba por sobre los derechos de las personas, y privilegiaba los grupos y actores sociales que estaban en estrecha relación y armonía con los delineamientos del “programa”. Por su parte, cuando decimos que Escocia era “pluralista”, queremos expresar que consideraba más importante los derechos básicos y naturales del individuo, es decir, la vida, la libertad, la propiedad privada y la familia, además de valor las distintas vocaciones y roles que cumplía el individuo en sociedad.
El “pluralismo” de Escocia puede ser relacionado e interpretado con lo que Abraham Kuyper20 llamó como las “Esferas de Soberanía”21. Esto significa que cada actividad que se desarrolla en la sociedad tiene su propia naturaleza establecida por Dios, y a la vez posee en sí misma su dominio y competencia propia. Así, ningún sector, o grupo social, puede ejercer control o dominio sobre otro.
Ni el Estado, ni ningún otro poder, pueden ejercer control absoluto, ni tampoco regular caprichosamente las relaciones y actividades humanas, familiares, economicas, laborales etc. Nadie puede violentar la naturaleza de las instituciones que Dios creó en este mundo. Quien pretenda hacer esto se arroga un rol divino, y se levanta contra la Palabra de Dios, y contra el Señorío de Cristo.
En la misma dirección, Adam Smith nos habla de las distintas esferas que operan en la sociedad, y nos recomienda la menor intervención del Estado sobre ellas: “Cada individuo, en su localidad, puede juzgar mucho mejor que el estadista o que el legislador en qué tipo de industria local puede emplear su capital… El estadista, que pretende indicar a los empresarios privados de qué manera deben emplear sus capitales, no solamente carga con un problema totalmente innecesario, sino que asume una autoridad que no se le puede confiar a un individuo, ni a un consejo o senado, y que puede ser muy peligrosa en las manos de una persona que tiene la presunción y la estupidez de creerse en condiciones de llevarla a cabo”22…
Así mismo, David Hume nos confirma: “La mayoría de los oficios y profesiones en un Estado son de tal naturaleza que, a la par que promueven los intereses de la sociedad, son también útiles y agradables para los individuos; y, por esta razón, la regla constante del magistrado… debe ser dejar la profesión a sí misma, y confiar su estímulo a aquellos que derivan beneficios de ella”23
En resumen, Francia, pensaba que la “razón” (y solo la de de algunos) era la máxima a seguir por parte de la sociedad y del Estado. Que la sociedad podía ser repensada y re-construida en beneficio de los fines del “Estado”, es decir, metas preestablecidas e impuestas sobre el individuo y su familia.
No obstante, Escocia, contestaba que el Estado no debe imponer fines colectivos ni coercitivos sobre la sociedad, porque ésta se construye de forma innata conforme a leyes pres-establecidas en la naturaleza, y por lo tanto, el Estado no debe imponer sus criterios dogmáticos e ideológicos a la sociedad, ni tampoco a los cuerpos intermedios que la estructuran. A esto último llamamos principio de subsidiariedad, o doctrina de las esferas de soberanía.

La herencia calvinista y presbiteriana

Pero, ¿qué determinó que el pensamiento de Escocia fuera diferente al de Francia?
Para saber la respuesta, debemos remontarnos a lo que conocemos como la “teología del pacto escocesa”.

En esencia, la teología del pacto enseñaba que Dios tenía una relación de alianza, o convenio con el hombre. Dios era el Señor de la creación. Así, todas las condiciones de vida fueron creadas y establecidas por Dios, por tanto, el hombre en su condición de criatura, debía someterse a las ordenanzas divinas, y vivir conforme a las condiciones establecidas por Dios que se revelan tanto en las leyes de la naturaleza así como en la Sagrada Escritura.
La gran mayoría de los escoceses entendían de esta forma la constitución del hombre y la sociedad. Para ellos, “el pacto con Dios” determinaba las condiciones e instituciones de la existencia humana y su convivencia en sociedad. Sus leyes, su ordenamiento social, sus relaciones humanas, el rol del Estado, los deberes del hombre, la libertad de conciencia, la economía, el matrimonio, la familia etc.
Con la llegada de la reforma calvinista24, Escocia abrazó integralmente la teología del pacto, y esta misma permeó por completo la vida social, intelectual, académica, familiar, política, legal, laboral y comercial de la sociedad Escocesa.
Muchos historiadores concuerdan que la historia e idiosincrasia escocesa no podría ser entendida sin la consideración de la teología del pacto. En palabras del teólogo e historiador Henry F. Henderson: “Escocia ha sido tanto un hogar así como un campo de batalla para la teología”.25
No en vano el célebre profesor de historia de la “Royal Society of Edinburgh” Tom Devine dijo: “Pero, sobre todo, fue una Ilustración cristiana, profundamente influenciada por el calvinismo, y la mayoría de sus figuras centrales abrazaron los valores cristianos… La identidad escocesa está indisolublemente unida al Calvinismo…, y la obsesión por la moral calvinista fue uno de los precursores de las nuevas ciencias sociales, mientras que la necesidad de entender el diseño divino fue también un conductor de la ciencia… no se puede escapar del hecho de que el calvinismo cambió la forma, la naturaleza y el sello de la Ilustración escocesa más que cualquier otro factor interno o externo”26.
Muchos de los ilustrados escoceses fueron ministros de la Iglesia presbiteriana de Escocia: Rev. William Robertson, Rev. Hugh Blair, Rev. Thomas Reid, Rev. Adam Ferguson, Rev. George Campbell, Rev. Francis Hutcheson. Rev. Hugh Blair, Rev. John Witherspoon etc.
También podemos mencionar otros ilustrados escoceses que sin ser ministros presbiterianos, fueron fuertemente influenciados por las enseñanzas calvinistas de sus padres27. Por ejemplo, John Napier, descubridor de los logaritmos y del punto decimal en las operaciones aritméticas (Muy conocido por su fervor presbiteriano calvinista); Adam Smith, presbiteriano, quién desarrolló su teoría social y económica a partir de la doctrina calvinista de la providencia divina; James Beattie (poeta y moralista); y los ilustrados Lord Kames y George Turnbull entre tantos otros.
A modo de anécdota se cuenta que el gran economista Adam Smith refiriéndose al predicador escocés Ebenezer Erskine dijo: “Señor, usted nunca ha oído el evangelio en toda su majestad si no ha oído predicar a Ebenezer Erskine”28.
En resumen, la ilustración de Escocia no bebió, ni se nutrió de los ilustrados racionalistas franceses, sino más bien de la fe calvinista heredada de John Knox y los antiguos presbiterianos escoceses.
Como bien diría Alasdair MacIntyre: “Allí” estaban la iglesia establecida de Escocia, presbiteriana de hecho, calvinista en sus documentos oficiales, la confesión de fe de Westminster y los catecismos mayor y menor… Era raro encontrar en la Escocia de la época un profesor, un predicador o un hombre activo que no estuviese preocupado por los problemas políticos y económicos… «abogados, profesores y clérigos produjeron la literatura más sobresaliente de la Ilustración escocesa”29

Rev. Walter Vega, V.D.M

1 Fco. Joaquín Cortés García, “Economía y Sociedad en la era del hombre Faústico”, (Editorial Universidad de Almeria, 2009) Pág. 334

2 También lo dice Hayek.

3 “Como los vientos, que provienen no sabemos de dónde y soplan hacia donde quieren, las formas de la sociedad se derivan de un origen oscuro y distante; surgen, mucho antes de la fecha de la filosofía, de los instintos de los hombres, no de sus especulaciones… las naciones tropiezan con instituciones que son, desde luego, el resultado de la acción humana, pero no la ejecución de un designio humano» » A. FERGUSON, “An Essay on ihe History of Civil Society” (Edinburgh, 1966) Pág. 122

4 «No podemos adscribir a un designio previo lo que sólo a través de la experiencia puede llegar a conocerse y lo que ninguna sabiduría humana puede prever (Ibid. Pág. 123)
5 “El “mito del legislador” consistía en la creencia de que un grupo lúcido de gobernantes podía diseñar detalladamente las instituciones que promoverían la felicidad de la especie. Esta manera de observar la realidad estaba estrechamente ligada a las ideas contractualistas, también en boga por aquellos años” Ezequiel Gallo, “La Ilustración Escocesa” (Estudios públicos) Pág, 274

6 “La virtud y la vida moral tienen que ver directamente, no con la razón, sino con el sentido moral, cuya combinación con el desarrollo del conocimiento no es de ninguna manera inequívoca”. Montoya Saenz J. “La Ilustración Escocesa y La Idea de Progreso” (Conocimiento y Racionalidad, Madrid, 1992) Pág. 625

7 “las descomponen en lo que ellos suponen es su elemento primario, el hombre individual, para luego en un proceso inverso, recomponerlas a partir de ese hombre individual, bajo la forma de una sociedad politica, establecida voluntariamente por esos mismo individuos”

8 “De lo anteriormente dicho se debe deducir que los primeros principios son evidentes (para la sana reflexión) y por ello no parten del egoísmo (del interés particular) sino del amor (del interés general o bien público). MacIntyre, A. “Justicia y racionalidad. Conceptos y contextos” (Barcelona, Ediciones Internacionales Universitarias 1994)

9 Fue el hombre que más influyó en los ilustrados A. Smith y D. Hume.

10 “La administración del gran sistema del universo, el cuidado de la felicidad universal de todos los seres racionales y sensibles, es el negocio de Dios y no de los hombres. A éstos se les ha dado un departamento mucho más humilde aunque más adecuado a la debilidad de sus poderes y a la cortedad de su comprensión: el cuidado de su propia felicidad, de la de su familia, de sus amigos y de su localidad”. Smith, Adams. “The Theory of Moral Sentiments” (editado por Raphael, D. D. y Macfie, A. L., Indianapolis: Liberty  Fund, 1982) Pág. 386

11 Smith, Adams. “The Theory of Moral Sentiments” (editado por Raphael, D. D. y Macfie, A. L., Indianapolis: Liberty Fund, 1982) Pág. 47

12 “se abandona así el terreno de los hombres concretos, de carne y hueso, con su inmensa variedad, para trabajar sobre la base de un hombre abstracto, que no existe en ninguna parte ni en ninguna epoca… para los filósofos ilustrados (franceses) las cosas son más simples, con una mentalidad mecanicista analizan las comunidades humanas, como si se tratara de artefactos técnicos”. Bernardino Bravo Lira, “Historia de las instituciones políticas de Chile e Hispanoamérica” (Santiago, Edit. Andres Bello, 1993) Pág. 143

13 j. Seoane, “Ilustración escocesa, sociedad civil y la Europa que podemos soñar”, Pág. 403

14 “En una apretada síntesis, Hume enumera algunos ejemplos que hemos venido considerando: la propensión a exigir preferencia, se contrarresta con la norma que impone ser deferente con los demás y darles prioridad; la propensión a despreciar a determinadas personas, por sus achaques, indefensión, edad, etc, se contrapesa con la norma que impone mostrar mayor respeto a débiles, ancianos, enfermos, forasteros, mujeres, etc56. De este modo, como apuntábamos, las normas convencionales sirven al propósito de encauzar y facilitar nuestra inclinación sociable” Ana Marta González. “La oposición de pasiones y su superación en el trato social según Hume: familia, castidad y cortesía” (Thémata. Revista de Filosofía. Número 44. Universidad de Navarra 2011) Pág. 322

15 “El hombre de sistema (…) es muy apto, por su vanidad, para creerse muy sabio y está habitualmente tan enamorado de la supuesta belleza de su plan ideal de gobierno, que no puede tolerar la menor desviación en ninguna de sus partes. Se propone implementarlo totalmente y en cada una de sus partes, sin ninguna consideración por los grandes intereses o los fuertes prejuicios que se le pueden oponer; parece imaginar que puede ordenar a los diferentes miembros de una sociedad con la misma facilidad con que la mano ordena las piezas de un tablero de ajedrez. Olvidó que las piezas del tablero no tienen otro principio de movimiento que el que le otorga la mano; pero que en el gran tablero de la humanidad cada pieza del tablero tiene su propio movimiento, casi siempre diferente del que intenta imprimirle la legislatura. Si los dos principios coinciden y van en la misma dirección, el juego de la sociedad será́fácil y armonioso, y tiene posibilidades de ser feliz y exitoso. Si son opuestos o diferentes, el juego se desarrollará miserablemente, y la sociedad estará́siempre en el máximo grado de desorden”. (Smith, TMS, pp. 380-1.)

16 “No resulta un hecho fortuito que la exaltación racionalista llegase a su paroxismo en la adoración de la diosa Razón, simbolizada en aquella prostituta que en los días aciagos de la Revolución Francesa reemplazó a la imagen de Nuestra Señora nada menos que en Notre-Dame de París”. ALFREDO SÁENZ, S.J. “La Cristiandad Una Realidad Histórica”. (Fundación GRATIS DATE. Pamplona, 2005) Pág. 195

17 Ezequiel Gallo, “La Ilustración Escocesa” (Estudios públicos) Pág. 277-278

18 Hume, Essays, pp. 513- 514.

19 Hume, Essays, pp. 476-477

20 Abraham Kuyper, primer ministro de Holanda entre 1901 y 1905. Intelectual de elevada erudición, doctor en teología, periodista, creador del periódico holandés “De Standaard”, y fundador del partido político “anti-revolucionario”. Uno de los teólogos reformados y presbiterianos con mayor influencia a fines de los siglos XIX y XX.

21 “Dios es absolutamente soberano, mientras que la autoridad entre los falibles seres humanos está  dividida entre distintas esferas” (Lael Weinberger, “The relationship between sphere sovereignity and subsidiarity”, en Global Perspectives on Subsidiarity, ed. Michelle evans y augusto Zimmermann (Nueva York: springer, 2014), 52.

22 Adam Smith, “The Wealth of Nations” (Canada, Published by Random House Publishing 2000) Pág, 456

23 Hume, History p. 135

24 “far more important tan any stoic influence was calvinist theology wich dominated Scottish life from de 16 th century until well into the 19 th century”. Paul Oslington. “Adam Smith as Theologian” (Routledge, New York, 2011) Pág. 6

25 Henry F. Henderson, The Religious Controversies of Scotland, Edinburgh: T&T Clark, 1905, pp. 2-3.

26 Tom Devine, The Royal Society of Edinburgh. Edinburgh Book Festival The Enlightenment – the international influence and impact of Scotland and the Scots, Professor Tom Devine, 17 August 2009. Report by Peter Barr

27 Debemos reconocer que no todos ellos se adherian completamente a la Confesion de fe de Westminster. Pero podemos decir con total propiedad que la teología del pacto había porducido en ellos una graninfluencia, de ahí sus desacuerdos con la ilustración francesa.

28 Joel Beeke, “La espiritualidad puritana y reformada” (Publicaciones Faro de Gracia, Mexico, 2008) Pág, 198

29 María Isabel Wences Simón, “Teoría social y política de la ilustración escocesa: una antología”. (Plaza y Valdés editores, Madrid, 2007) Pág, 16

 

 

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