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“29 Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, 30 mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. 31 Cuando hubieron orado, el lugar en que  estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hch. 4: 29-31)

 

Es grandioso darse cuenta que el ser y esencia de la iglesia no cambia en tiempos de persecución. Al contrario, la persecución realza la verdadera identidad y naturaleza de la iglesia. El “ser” de la iglesia implica el “padecer” de la iglesia. No existe iglesia sin persecución. No existe el cristianismo sin martirio.

 

    ° “Es necesario que  a  través  de  muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”             (Hch.     14:32)  

     °  “Porque a vosotros os es concedido a causa  de Cristo, no sólo que creáis en él,                       sino también  que padezcáis por  él”  (Fil.        1:29)

Si analizamos el contexto nos daremos cuenta que Pedro y Juan habían sido encarcelados por predicar el evangelio. Sin embargo, nada los intimidó. No cambiaron su mensaje, no rebajaron las demandas del reino, no negaron el Señorío de Cristo. Se mantuvieron fieles al mensaje de arrepentimiento.

El sello del buen discípulo es que no cambia el discurso. No tiene dos mensajes. No tiene un mensaje para los de “afuera”, y otro para los de “adentro”. No se vende a lo políticamente correcto, no se entrega a la diplomacia, no disimula la verdad. No muta el mensaje cuando las cosas se complican. La verdad del evangelio no deja de ser verdad de acuerdo a las circunstancias que pasa la iglesia, el evangelio es Semper ídem[1].

Los sacerdotes prohibieron que Pedro y Juan hablaran de Cristo. Les exigen que dejen de enseñar que Jesús había resucitado, y les prohíben que hablen en nombre de Cristo. Obvio, nadie habla en nombre de alguien que no existe. Los mandatos son vigentes solamente mientras la persona que manda está viva. Solo la muerte extingue el mandato. Pero Cristo no está muerto, ha resucitado, está vivo.

Lamentablemente a veces vivimos como si Cristo estuviera muerto. Me refiero a que muchas veces callamos el mensaje, o lo tornamos “aguachento”. Dios nos ayude.

La respuesta de Pedro es maravillosa: “no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hech. 4:20)

Esta frase “petrina”[2] es esperanzadora para nosotros hoy día. En especial para aquellos que viven tiempos de persecución. Y también es un llamado de atención a los ambiguos, los tibios, y a quienes dudan de su fe. Las palabras de Pedro son reveladoras, porque prueban donde está el corazón de los verdaderos cristianos, y también revelan donde está el corazón de los falsos creyentes. Ya saben, las circunstancias no determinan nuestra conducta, sino que revelan lo que hay dentro de nuestro corazón.

Los sacerdotes estaban perplejos. No sabían qué hacer con ellos, ya que todo el pueblo glorificaba a Dios por causa del milagro de los apóstoles.

La verdad, es que el libro de los “Hechos” apunta a dos ironías que se dan en el relato. Los apóstoles fueron censurados por: Sanar un enfermo[3], y glorificar a Dios[4]. ¿No le parece raro?.

Muy similar a lo que pasa hoy día, la gente se ofende porque un “bus” se atreve a decir que los niños tienen pene, y las mujeres tienen vulva. Esto también es raro. La persecución no tiene lógica.

Los sacerdotes no tuvieron más opción que dejarlos libres, ya que todo el pueblo glorificaba a Dios y apoyaba a los apóstoles.

Una vez que los apóstoles regresaron a su comunidad, contaron todo lo sucedido. Es decir, previnieron a sus hermanos de lo que se había desatado, la persecución.

Por eso, basándonos en este texto bíblico, deseo entregar algunos pasos a seguir frente a la persecución. Y respondo a la pregunta ¿Qué debemos hacer cuando somos perseguidos?

Dividí el texto en cuatro puntos. Estos puntos son: “el pasado”, “el presente”, “el futuro”, y “la respuesta divina”.

Con pasado, me refiero a lo que vivieron los apóstoles Juan y Pedro. Y como tomaron ellos la intolerancia y persecución.

Con presente, me refiero a la manera como Pedro y Juan relataron su “vivencia” a la comunidad, y el consejo que entregaron.

Con futuro, me refiero a la manera como la comunidad debía responder a la persecución. Cuál debe ser su actitud ahora en adelante.

Y con “la respuesta divina”, me voy a referir como actúa Dios ante la oración de su iglesia perseguida.

 

1.  PASADO

 

Los apóstoles no se complicaron en demasía con la violencia sufrida. Para los apóstoles no es importante entrar en detalles, ni escarbar en la realidad del mal.

No caen en esa suerte de “ocultismo cristiano”, donde algunos creyentes se obsesionan con las fuerzas del mal, y se dedican a estudiar e investigar más acerca de Satanás y sus demonios, que de esperar en Dios y aferrarse a su gracia y promesas en los tiempos de persecución.

Ellos no lloran sobre la “leche derramada”. Para ellos es normal, natural y lógico que sean odiados. Tienen muy presente la frase de su maestro: “Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán…”[5]

De hecho, sería muy sospechoso si no nos persiguen. Si la iglesia no es perseguida es señal de que algo anda mal. Es más, el evangelista Lucas menciona una “malaventuranza” para todos los cristianos tibios y cobardes, de esos que no quedan mal con nadie, y que buscan caerle bien a todo el mundo: “¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! Dense cuenta de que los antepasados de esta gente trataron así a los falsos profetas”[6]

Son como esa cierta clase de políticos que quieren estar bien con Dios, y con el diablo. Capaces de traicionar sus propios valores con tal de ganar unos cuantos votos. Bailan con todos, ríen con todos, cantan con todos. De esos que andan en los templos evangélicos y católicos buscando votos, pero al momento de legislar olvidan sus promesas al pueblo cristiano, y se entregan a la dictadura de las encuestas y del lobby de los poderosos de este mundo. ¿Conoces a alguno de ellos?, muchos de ellos se hacen llamar “cristianos” también.

Pero los verdaderos creyentes no son así. Los creyentes de verdad aman a todos, pero al igual que los hermanos de “Berea” no dice amén a todo[7]. Preferimos obedecer a Dios antes que a los hombres. Y por eso preferimos ser perseguidos antes que agradar a los hombres. Esa fue la actitud de Pedro y Juan.

Ellos asumen que son odiados (al igual que su maestro), y que serán perseguidos hasta la muerte (al igual que su maestro). Saben que probablemente su fin será el martirio. Se cuenta que los alumnos de Calvino, en la Academia Teológica de Ginebra, tenían una esperanza de vida de seis meses desde que eran ordenados al pastorado. Ellos sabían que morirían a los pocos meses después de ingresar al ministerio.

Por lo tanto para ellos no era novedad el martirio. Esta es la razón por la cuál ellos no perdían tiempo especulando si serían martirizados, o la forma como los matarían.

No era tema preguntarse si morirían en el circo romano, quemados en el jardín de Nerón, degollados por un gladiador, o devorados por un animal. Con ironía decía Tertuliano: “Si el Tíber sube demasiado, o el Nilo baja demasiado, la solución siempre será alimentar a los leones con cristianos.”

Para ellos el martirio era un hecho muy probable, o mejor dicho, seguro.

De ahí viene el dicho que “la iglesia es un hospital”. Sí, pero un hospital de GUERRA. Los cristianos de los que hablo son heridos por causa del fragor de la batalla en contra del pecado y de las injusticias. ¡Son heridos por causa de la persecución!

Así y todo, nunca cambiaron su mensaje. Siguió siendo la misma iglesia militante. Porque la persecución no cambia la naturaleza de la verdadera iglesia. Las pruebas, el martirio, el acoso y el hostigamiento son herramientas de purificación, y de confirmación de la iglesia verdadera.

El padecer de la iglesia confirma el ser de la iglesia.

“El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán”

 

1. PRESENTE

 

Con la palabra “presente” queremos responder a la pregunta qué debemos hacer ahora. Y la primera palabra que se me viene a la mente es “medios de gracia”.

Los medios de gracia son las herramientas o canales por los cuales el Señor nos consuela y fortalece en nuestra fe. Según nuestro catecismo menor de Westminster, los medios de gracia por excelencia son la Palabra de Dios, los sacramentos y la oración[8]

Es interesante notar como los discípulos conectan y relacionan su circunstancia con la lectura de un salmo, y a la vez elevan una hermosa oración. Ellos fueron a la Biblia, y la oraron. Observe como actuaron:

 • “24   Y  ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el  Dios que hiciste el cielo y la tierra, el  mar y todo lo que en ellos hay;  25 que por boca de  David tu siervo dijiste:  ¿Por qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan cosas vanas? 26 Se reunieron los reyes de la tierra, Y los príncipes se juntaron en uno Contra el  Señor,  y  contra  su  Cristo”  (Hch.     4:24-26)

 

 

La comunidad de discípulos fue a la Biblia, tomó un salmo, y lo transformó en oración. El rey David había elevado esta oración hace mil años atrás, ahora ellos harían lo mismo.

¡Tremendo ejemplo para nosotros hoy!

Por lo tanto, hoy día debemos hacer tres cosas.

Primero, relacionar nuestras experiencias con la Sagrada Escritura. Leernos en la Biblia. Buscar nuestras circunstancias en la Biblia, e interpretarlas a la luz de ella.

Segundo, debemos transformar en oración todas las promesas, mandamientos, peticiones y consuelos que hay en la Biblia. El puritano William Gurnall dijo: “La oración no es más que la promesa invertida.” O en otras palabras, la oración es “recordarle” a Dios sus promesas.

 Y tercero, relacionar, conectar y solidarizar con otros creyentes que están viviendo peores circunstancias que las nuestras. Por ejemplo, los cristianos de Siria, Irak, Yemen, India, Pakistán, Venezuela, Cuba. O el caso de nuestra hermana Marcela Aranda, quien ha sido amenazada de muerte después de aparecer en televisión.

Por favor, lea en Apocalipsis como los cristianos que están ahora en el cielo claman e interceden por la iglesia perseguida en la tierra[9].

¿Sabías que católicos y evangélicos se protegen mutuamente en el norte de Nigeria? Mientras los católicos hacen su misa, los evangélicos los cuidan y vigilan, para que nadie los ataque o moleste. Luego cuando los evangélicos entran a su culto, los católicos hacen lo mismo, los cuidan y vigilan para que hagan su culto en paz. ¡Gloria a Dios!

1. FUTURO

 

¿Cómo debemos mirar el futuro?

Si leemos bien, podemos ver claramente que ellos entendían que la batalla es principalmente en contra de Dios. Ellos oraron así: “Se reunieron los reyes de la tierra, Y los príncipes se juntaron en uno Contra el Señor, y contra su Cristo[10]

 

 

Note que ellos no se ubican en el centro de la persecución. Saben entender su lugar de importancia, y entienden que ellos NO son la “guinda de la torta”. No se victimizan, ni usan la persecución para ser el centro de atención. Comprenden muy bien que la persecución y la guerra es principalmente en contra de Dios y de Cristo. Que el Señorío de Cristo está siendo negado, y rechazado por los gobernantes. Ven claramente que la gloria de Dios está corriendo serio riesgo sobre la tierra.

Los discípulos saben el lugar que les corresponde, y reconocen que la oposición no es principalmente en contra de ellos, sino más bien en contra de la Gloria de Dios. Y que por causa de la gloria de Dios ellos están siendo perseguidos también. Quien se opone a Dios también se opondrá a aquellos que le siguen.

Observe la manera como oran: “mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús[11]

Ellos claman a Dios para seguir hablando su palabra con denuedo, y también para que en el nombre de Cristo se hagan sanidades, señales y prodigios.

¡Esto es orar por la Gloria de Dios sobre la tierra! Buscan que Dios sea más conocido, más amado, más obedecido, más admirado, más adorado, es decir, más glorificado.

La persecución no cambia la esencia, ni la misión de la iglesia. La misión de la iglesia es Glorificar a Dios (en cualquier situación, motivo o circunstancia), y gozar de él para siempre (en cualquier situación, motivo o circunstancia)[12]

 

1.  LA  RESPUESTA  DIVINA

 

El libro de los Hechos nos dice que la tierra tembló cuando terminaron de orar: “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló…”13

Siempre tiembla cuando la presencia de Dios se manifiesta poderosamente. Hay varios ejemplos de esto: el temblor de Pentecostés, el terremoto de la crucifixión14, el terremoto del monte Sinaí, el terremoto que libró de la cárcel a Pablo y Silas etc.

¿Qué significa que la tierra tiemble? Primera de Samuel dice: “Porque de Jehová son las columnas de la tierra, Y él afirmó sobre ellas el mundo”15.

Las “columnas de la tierra” son una figura de la preservación y gobierno de Dios sobre todas sus criaturas. Las “columnas de la tierra” significan que Dios está profunda y continuamente involucrado con todos los eventos que suceden en la historia. Es una forma poética de decir que Dios sostiene, dirige, dispone y gobierna todas sus criaturas. Es su cuidado constante, y su dominio absoluto sobre toda su creación. Desde el cielo, hasta las profundidades de la tierra, Dios lo sostiene todo.

Por eso, cuando leemos que la tierra “tiembla”, debemos entender que el poder de Dios está recorriendo toda la creación desde “arriba hacia abajo”. Las “columnas de la tierra” se estremecen ante la presencia del Dios vivo que se está moviendo con la oración de su pueblo.

 

Es una figura literaria muy hermosa. Porque nos está indicando que cuando los hijos oran, su clamor llega hasta los cimientos de la misma creación. La oración de la iglesia sufriente pone en acción el obrar de Dios, y las columnas de la tierra se estremecen.

Dicho de otra manera, el Espíritu Santo se mueve hasta lo más profundo de la creación. El Espíritu Santo está renovando la tierra. Transformando este mundo quebrado. Conduciendo esta creación caída hacia la Nueva Creación. Está removiendo las cosas movibles, para que queden las inconmovibles16. Está conduciendo el universo a la glorificación total.

 

CONCLUSION

 

En resumen.

Primero, no se complique ni se enrede con la persecución, recuerde que “el padecer es parte del ser de la iglesia”. Segundo, céntrese en la gloria de Dios. Aproveche esta instancia para glorificar a Dios en medio de la prueba. Haga uso de los medios de gracia. Ore, lea su Biblia, interceda con fuego. Tercero, no olvide que Dios escucha el clamor de sus hijos. Dios recibe la oración de su pueblo perseguido como grato olor, como perfume, como incienso. Cuarto, Dios sigue con su plan de renovar desde los cimientos a este mundo. La victoria está asegurada.

Si intentaron quemar nuestra iglesia, si Marcela está amenazada de Muerte, o si apedrean el “Bus de la libertad”, no es importante.

Lo importante es mantenernos fieles, y seguir dando testimonio hasta que él venga.

 

“Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él” (Fil. 1:29)

 

 

 

REV. WALTER VEGA GARRIDO, V.D.M.

 

 

[1] Siempre               igual

[2] Relativo  al       apóstol         Pedro

[3] Hch.     3:1-9

[4] Hch.     3:10-11; 4:16

[5] Jn.        15:20

[6] Lc.        6:26       (NVI)

[7] Hch.     17:11

[8] “¿Cuáles son     los      medios         externos       por     los      cuales Cristo  nos     comunica         los      beneficios      de      la       redención?     R.       Los     medios         externos       y         ordinarios      por     los      cuales Cristo  nos     comunica      los      beneficios      de      la redención son,    sus     ordenanzas,   y        especialmente          la       Palabra,        los         sacramentos  y        la       oración;        todos  los      cuales son     hechos eficaces        para         aquellos        que     han     sido    elegidos        para   la       salvación”      (P.      88      C.         Men.   W.)

[9] Apoc.   6:            9-11

[10] Hch.      4:26

[11] Hch.     4:29-30

[12] ¿Cuál   es            el             fin           principal del          hombre?                R.            El             fin           principal del           hombre  es                glorificar                a             Dios        y              gozar      de            él             para       siempre  (P.           1

Cat.         Men.   West)

[13] Hch 4:31      

 [14] Mateo 27:51    

[15]  1 de           Samuel   2:8         

“26  La           voz          del          cual        conmovió              entonces                la            tierra,     pero        ahora     ha                prometido,            diciendo:               Aún        una         vez,         y              conmoveré            no           solamente             la                tierra,     sino         también el             cielo.       27           Y              esta        frase:      Aún        una         vez,         indica     la                remoción               de           las           cosas      movibles,               como      cosas      hechas,  para       que         queden  las                inconmovibles.     28           Así          que,        recibiendo             nosotros un           reino       inconmovible,       tengamos                gratitud,                y              mediante               ella         sirvamos                a             Dios        agradándole         con         temor                y              reverencia”            (Heb.      12:26-28)

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