prayer

En todo llamado al sagrado ministerio existen dos dimensiones. Hay un llamamiento externo (ritual, objetivo, concreto) y uno interno (existencial, subjetivo, espiritual)1.
El libro de los Hebreos nos expresa un contraste y tremendas diferencias entre los pactos antiguo y nuevo 2. Obviamente el pacto de gracia es uno 3, sin embargo, el primero era precario, limitado, con menos luz 4. En cambio el segundo pacto posee la gloria de ser “el mejor pacto”5
Bien sabemos que los judíos convertidos al cristianismo fueron perseguidos y expulsados de la sinagoga. Por este motivo ellos evaluaron la posibilidad de volver al judaísmo, y apostatar del evangelio 6.
Por tanto, la carta de los Hebreos nace para expresar las glorias del nuevo pacto, y la piedad que conlleva vivir a la luz del nuevo pacto 7.
De ahí las diferencias entre ambos pactos. La epístola a los Hebreos se escribe para motivar y hacer ver a los judíos conversos que el “sacerdocio” del nuevo pacto es tantísimo superior, y mejor que el antiguo 8.
De facto, constantemente en la antigua alianza encontramos un sacerdocio desgastado, sin vida, abúlico, sin el vigor de sus inicios en el desierto. Los profetas dan testimonio de ello en sus reiterados llamados a la conversión de los sacerdotes, y la constante denuncia de corrupción que se daba en el tabernáculo y los círculos sacerdotales 9. De ahí la antítesis entre el sacerdocio de Leví con el de Sadoc 10.
Además de la corrupción, encontramos indiferencia al verdadero significado de esta institución divina. El tedio y el aburrimiento de los sacerdotes se hacen notar en la denuncia de muchos profetas menores, ¡y para que decir en los profetas mayores!11
Casi no había diferencia entre el ejercicio del sacerdocio veterotestamentario con los sacerdotes paganos, los “shemarin”12
Es que el sacerdote del antiguo pacto se había acostumbrado a sacrificar animales, repetir la bendición sacerdotal y a celebrar las fiestas judías de la misma manera que lo hacían sus “colegas” paganos que sacrificaban a Baal.

En resumen, los sacerdotes del antiguo pacto fueron denunciados porque se transformaron en meros funcionarios de lo “sagrado”. Matarifes de cuarta, asalariados de la religión, parásitos del templo.
Este sacerdocio había perdido su vocación divina y fue reducido al rito externo, a la “forma”, a los actos aprendidos, a la liturgia memorizada, a la perpetuación del oficio, a lo heredado.
En el Antiguo Pacto para ser un ministro de Dios solo debías tener la suerte de haber nacido en la tribu de Leví (que curiosamente sus orígenes fueron de sangre y crueldad 13), sin embargo, habían olvidado que el sacerdocio levítico debía ser una figura y un anticipo de la realidad celestial, es decir, el sacerdocio de Melquisedec, cuyo nombre es de paz y justicia.
Sin embargo, Cristo, el sacerdote según Melquisedec, rompe y denuncia ese vicio de los hombres, y renueva la institución perfeccionándola con su ejemplo. Cristo devuelve el corazón al sacerdocio, y ubica en su centro la verdadera vocación, el encuentro con Dios, el llamado de fuego, el diálogo con Dios 14.
Así, el nuevo pacto llama radicalmente a todo hijo de Israel a evaluar su corazón y su interioridad, con el fin de recibir un nuevo espíritu y un nuevo corazón 15.
El nuevo pacto rompe con el viejo molde reducido por los hombres a la mera función y lo renueva para estar frente al Dios vivo16.
Entonces, primeramente, el llamado de Dios es hecho para que estemos de pie ante su presencia. Es mi vida frente a Su Vida 17. En palabras de los reformadores: Un ministerio Coram Deo.

Es que el ministro de Dios no está llamado solamente a “hacer bien” su pega. Si no que a estar de pie ante el Dios Santo, así como los profetas del Antiguo Pacto 18.
Bien decía el sabio John Murray: “La devoción significa una vida dada, o dedicada a Dios. Por lo tanto, es el hombre piadoso, que ya no vive de su propia voluntad,ni del camino y del espíritu del mundo, sino de la única voluntad de Dios, que considera a Dios en todo, que involucra a Dios en cada parte de su vida, y cada parte de su vida es según la piedad, haciendo todo en el nombre de Dios, y bajo las reglas que son conformes a Su Gloria”.19
Podríamos decir que Cristo hace las funciones de sacerdote pero con corazón de profeta 20. De la misma manera debe ser el oficio pastoral. Ser sacerdotes, pero con corazón de profeta. Lo externo y lo interno, lo objetivo y lo subjetivo, lo concreto y lo existencial, lo ritual y lo piadoso. Ninguna de estas dos experiencias puede ser divorciada de la Gloria de Dios.
Ejemplos de esto último son Isaías y Jeremías. Ambos con abolengo sacerdotal, pero llamados para ser profetas 21. No es que Dios menosprecie el oficio sacerdotal, sino que Dios está apuntando a Cristo como la realidad última y completa de lo que es el verdadero ministerio pastoral en el nuevo pacto 22.
Entonces, el nuevo pacto espera dos requisitos fundamentales en sus ministros: un encuentro con el Dios vivo y verdadero, y un corazón piadoso para la gloria de su Nombre 23.
Esta es la única manera (tal como los profetas de la antigua alianza) en que un hombre puede ser transformado en ministro de Dios, en testigo de Dios. Los profetas eran testigos, y por eso comenzaban su predicación con el siguiente oráculo: “El Señor me dijo…”24
Otra diferencia que podemos recoger es que el sacerdote del Antiguo testamento ofrecía sacrificios ajenos 25. Ofrecían victimas con las cuales no tenían relación alguna. El procedimiento del sacerdote era el siguiente: tomaba el animal, lo degollaba, pronunciaba las palabras apropiadas, y luego iba a lavarse las manos de las sangre salpicada.26
En cambio, en el nuevo pacto, nuestro Sumo Sacerdote se ofrece a sí mismo. La víctima ofrecida es él mismo. No entrega sacrificios, sino que se hace sacrificio. No consagra ofrendas, sino que se consagra como ofrenda al Dios vivo 27.
Y efectivamente, al igual que el sacerdote del antiguo pacto, se adorna y se viste, pero lo hace en su propia sangre. Así, sus vestiduras, sus ornamentos, sus ropas sagradas pasan a ser su propia sangre, y así mismo se entrega 28.
Por esta razón el llamamiento del nuevo pacto es superior, mejor, y más excelente. Porque tiene como modelo a Cristo, quien es Sumo Sacerdote y Cordero a la vez.
En resumen, la distinción entre un pacto y otro, es que el primero apunta a una realidad externa, es figura, es sombra, es tipo 29. En cambio, el último pacto es sustancia, es cielo, es piedad, es entrega total 30.
Los sacerdotes del antiguo pacto no tenían tan clara esta distinción. No así nosotros, que tenemos el ejemplo mismo de alguien que se hace sacrificio por su pueblo.
Esta realidad tiene consecuencias prácticas y existenciales. Ya que todo ministro de la palabra debe preguntarse tres cosas. Si realmente ha sido llamado por Dios, si realmente se ha encontrado con su Señor, y si ha tomado la decisión de ofrecerse piadosamente como su Maestro.
Cada una de estas preguntas revela la opción del corazón. Es la prueba ácida de la piedad, que pocos están dispuestos a hacerse. Y sobre todo hoy, cuando al parecer, la iglesia de Cristo está siguiendo los mismos pasos de los sacerdotes del antiguo pacto, que fueron desechados por quebrantar el pacto de gracia.

Debiéramos temblar ante la fuerte declaración que nos hace William Gurnall:
“Ninguno se hundirá tan profundo en el infierno como los que se acercaron una vez al
cielo (pero no entraron), porque caen desde la más alta altura”
Ruego a Dios, que cada ministro, y que también cada candidato al ministerio haga suyas las siguientes declaraciones del puritano Thomas Watson:
“No pienses bien de aquellos pecados porque están de moda. No tengas un buen
concepto de la impiedad y de la maldad, porque la mayoría anda en esos caminos
torcidos. La multitud es un argumento estúpido; la multitud no discute la bondad de una
cosa. El nombre del diablo es Legión (Mayoría)… Las explicaciones de la mayoría no te
salvarán ante el trono de Dios. Dios te preguntará “¿Por qué quebrantaste mi pacto?”
Entonces dirás en aquel entonces, “Señor, porque la mayoría de los hombres lo hicieron”,
Sin embargo, será una respuesta pobre: Y Dios te dirá, “Entonces viendo que has pecado
con la multitud, ahora irás al infierno con la multitud” 31

Escrito por Rev. Walter Vega, V.D.M.
Iglesia Presbiteriana Cristo Rey

1 “La vocación ordinaria para oficio en la iglesia es la llamada de Dios mediante su Espíritu, a través del
testimonio interno de una buena conciencia, la aprobación manifiesta del pueblo de Dios, y el concurrente
2 Heb. 1:1-2,4; 2:2-3; 3:3,6;4;14-16; 5;10;7:4, 11, 22, 27;
3 “Con todo, no hay dos pactos de gracia diferentes en sustancia, sino uno y el mismo bajo diversas
dispensaciones”. Confesión de Fe de Westminster. (6-6)
4 Heb. 8:5
5 Heb. 8:6
6 Heb. 3:7-15; 10:38-39
7 Heb 8:6 “Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto,
establecido sobre mejores promesas” (RVR, 1960)
8 Jer. 31:33; Ez. 36:25-27
9 Jer 7:11; 1Sam. 2:27-36; 1 Sa. 7:1; Ez 44:10-14
10 1 Sam. 2:35; 2 Sam. 15:35; Ezequiel 44:15-16)
11 Jeremías 23:9-40
12 Sacerdotes que ejercían la prostitución pagana en los tiempos cananeos.

13 Gen. 49:5-7
14 Sal. 42:1-3; 110
15 Heb. 8:9-13
16 Ez. 36:28
17 2 Cor. 3:18
18 Luc. 1:76; 1 Reyes 17:1
19 Principios de Conducta, Eerdmans, 1978, p. 230.
20 Salmo 84:1-3; Hech. 2:25-28; Heb. 2;10-18
21 Is. 6; 6-8; Jer. 1:5

22 Jn. 10:1-6
23 Hch. 13:2; 20:28; Mr. 3:13-14
24 Is. 21:6
25 Heb. 9:25
26 Isa. 1:11-16
27 Gal. 2:20
28 Apoc. 1:5; 19:13
29 Heb. 8:5
30 Heb. 9:24

31 A Puritan Golden Treasury, compilado por IDE Thomas, con permiso de Banner of Truth, Carlisle, PA.
2000, p. 101.

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Un comentario sobre “LA VERDADERA PIEDAD EN EL MINISTERIO

  1. Excelente articulo, claro directo con respecto al llamado pastoral y sus relaciones con nuestra iglesia actual, que Dios nos ayude y guié para glorificarlo solo a él nuestro Trino Dios.

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