SDJ_InstintodeSantidad01

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él. (Efesios 1:3-4)”

 Que maravilloso es el consuelo que nos da el evangelio, la gracia de un Dios Santo se nos manifiesta en su Hijo Jesucristo. Dios nos bendijo con toda bendición espiritual, él nos escogió antes de la fundación del mundo, ¡que maravilloso y sublime es esta verdad! No por nada muchos despliegan un interés tremendo en llegar al máximo conocimiento en lo que respecta a los decretos de Dios, y es el movimiento en masa que más se ha acrecentado en estos tiempos, hemos visto un despertar a las verdades bíblicas e históricas que muchos no habíamos conocido hasta hace unos años atrás. El flujo de la teología reformada ha llegado a lugares que jamás lo hubiéramos imaginado, y de formas que no entendemos. Pero sabemos que por la gracia y providencia de Dios ojos han sido abiertos y oídos fueron destapados a la Verdad.

Pero este tiempo no es mejor de lo que han sido los tiempos pasados, vivimos en una era donde el condicionamiento doctrinal e ideológico ha provocado graves problemas dentro de las aulas de aprendizaje. Por otro lado, el intelectualismo centrado en la sola razón a producido el nacimiento de una generación intelectualmente capaz, pero prácticamente muerta en la praxis. La santificación es desconocida dentro de algunos círculos “reformados”, se niega la práctica de una vida piadosa, dando rienda suelta a todo libertinaje que ha conducido a serias críticas de parte de algunos círculos “pentecostales”.

Hoy existe una gran cantidad de jóvenes “carismáticos” que están emigrando a iglesias reformadas, pero lamentablemente algunos han caído en serios desvaríos teniendo vidas sumergidas en pecado, pero lo peor de todo esto, es que justifican sus prácticas con teología. Esto ha llevado a que la “caricatura” de “salvo siempre salvo”, muy pronunciada por círculos carismáticos sectarios como “Cruzada de Poder”, sea tomada como una verdad con respecto a le fe reformada.

Tomemos conciencia

La fe reformada no solo se basa en una buena teología, sino en una vida que adorará en todas las esferas de la vida. Muchos han tomado la teología como algo solamente intelectual negando la vida piadosa de aquellos hombres que tomaron la pluma para escribir. Calvino escribe: “No es lícito que, con el pretexto de que Dios nos ha elegido desde antes de la fundación del mundo, nos entreguemos a toda disolución, como si diera igual abandonarnos al mal, por cuanto no podemos perecer cuando Dios nos ha retenidos por suyos. Porque no hay que separar lo que él ha juntado y unido. Por tanto, puesto que nos ha elegido para ser santos y marchar en pureza de vida, es necesario que la elección sea como una raíz que dé buenos frutos”[1]. Es necesario recalcar y recordar esto. La Teología reformada es un todo, donde el conocimiento va adornado de una vida en santidad.

El fruto resultante en nuestras vidas es múltiple: humildad ante la eterna elección de Dios; santidad en nuestro estilo de vida porque Él nos ha escogido para que seamos santos[2]. Y todo esto para alabanza de su gloria. Cuando entendemos esto, podemos decir: sin duda, no somos escogidos porque seamos santos, ¡sino que somos escogidos a fin de llegar a ser santos!

No erremos el blanco, somos llamados a buscar la santidad, a vivir para la gloria de Dios. Porque entendemos que: “no me pertenezco a mí mismo, sino a mi fiel Salvador Jesucristo, que me libró del poder del diablo, satisfaciendo enteramente con su preciosa sangre por todos mis pecados, y me guarda de tal manera que sin la voluntad de mi Padre celestial ni un solo cabello de mi cabeza puede caer, antes es necesario que todas las cosas sirvan para mí salvación. Por eso también me asegura, por su Espíritu Santo, la vida eterna y me hace pronto y aparejado para vivir en adelante según su santa voluntad” (Catecismo de Heidelberg)

 

La misma Escritura recalca lo importante de nuestra santificación al decir que es la voluntad de Dios: “pues la voluntad de Dios es vuestra santificación” (1 Ts. 4:3). Y que, en respuesta a ser libertados del pecado, tenemos por nuestro fruto la santidad: “Más ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna”. Calvino escribe: “Toda la vida de los cristianos debiera ser como una práctica de santidad”; “Los creyentes son justificados con el propósito de adorar a Cristo en santidad de vida”[3].

Busquemos la santidad

La vida santa debe ser una de gozo en el Señor, no de una pena y pesadumbre. La idea de que la santidad requiere la disposición morbosa y triste es una distorsión trágica de la Escritura. Por el contrario, la Escritura afirma que aquellos que cultivan la santidad experimentan el gozo verdadero (Jn. 15:10-11). Aquellos que son obedientes –los que buscan la santidad como una forma de vida- conocerán el gozo que proviene de la comunión con Dios, un gozo supremo, un gozo continuo, y un gozo anticipado.[4]

Por último, entendemos que no existe una santidad en perfección en este mundo, sino que es un camino que debemos recorrer, como el lucero de la mañana que va en aumento. Y así, conduciéndonos en este mundo, aprendemos a progresar y avanzar cada vez más, sabiendo que hay mucho que criticar de nosotros.

Recuerdo que, en una lectura sobre los Atributos de Dios, en un libro escrito por Martyn Lloyd Jones, él daba la exhortación a la necesidad de orar y buscar la dirección de Espíritu Santo con respecto al estudio teológico ¡y cuán necesario es esto para nuestras vidas! Lamentablemente el ejercicio intelectual se ha desligado de la dependencia y la dirección de Dios en estos asuntos, dando por fruto una vida secularizada.

Puesto que Cristo no se puede conocer aparte de la santificación del Espíritu, escribió Calvino, resulta que la fe de ninguna manera puede ser separada de una disposición devota. Cristo, el Espíritu Santo, la Palabra de Dios, la santidad, la gracia, y la fe son inseparables.

Debemos examinarnos, si hemos cometido este grave error de separar estas cosas, Dios nos dé verdadero arrepentimiento, y que podamos orar: “Señor, concédeme que pueda cultivar la santidad hoy –no por mérito propio, sino de gratitud, por Tú gracia a través de la fe en Cristo Jesús. Santifícame por la sangre de Cristo, el Espíritu de Cristo, y la palabra de Dios”[5]

 

Dios nos ayude.

 

Escrito por Pablo Flores Figueroa.

[1] Juan Calvino, Sermones sobre Efesios, p. 47.

[2] Sinclair B. Ferguson, Vamos a Estudiar Efesios, p. 41.

[3] Joel Beeke, La Espiritualidad Puritana y Reformada, p. 6.

[4] Ibíd., p. 353.

[5] Joel Beeke, L a Espiritualidad Puritana y Reformada, p. 355.

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Un comentario sobre “Un llamado a la Santidad

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