¿Neopuritanismo hoy, o Antinomianismo hoy? Una respuesta a Luis Pino M.

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Hace un par de meses leí un artículo titulado ‘Neopuritanismo hoy’, escrito por Luis Pino Moyano que puede leer acá. Me propuse responder aquello que me parecía desenfocado en algunos aspectos, con respecto a su etiqueta al tipo de hermanos a los cuales infiero, les escribía.

Para darles un contexto de mi respuesta, tengo que confesarles el hecho de que me han tildado de neopuritano, y han tildado a amigos y pastores con el mismo título. No obstante, mi interés no es defender la honra de nadie, menos la mía, poco me importa; sino más bien animar a aquellos tildados de “neopuritanos” por una serie de hechos o creencias que se les imputan, y arrojar un poco de luz sobre los que han leído este artículo acerca de los puritanos que su autor parece ignorar.

Me gustaría recoger algunas de sus proposiciones atribuidas a este movimiento “neopuritano” que carece de una definición nítida de su parte. De acuerdo a su artículo, los neopuritanos “tienden a ser portadores y resemantizadores de sus propuestas originarias (la de los puritanos)”; en su mayoría ellos se mueven en Facebook y generan antipatía de los demás por su purismo; este grupo tiene en sus filas a los “Salmodia Exclusiva” que vendrían siendo los más puros, y de ahí hacia abajo en nivel de pureza; los neopuritanos pretenden que otros adopten sus creencias puritanas, “individualistas e intimistas” en contraste con la piedad comunal; en general ellos salen de iglesias pentecostales, y conservan su continuismo fácilmente en la tradición puritana; gente hipócrita que disocia la ortodoxia de la piedad; y, para el broche de oro, los neopuritanos construyen “iglesitas en iglesia” (Eclessiola in ecclesia), en sus congregaciones locales.

Una definición descriptiva de un neopuritano entonces sería: una persona que le gusta leer puritanos, expandir sus ideas y creencias de piedad individualista, siendo en realidad hipócrita que disloca la ortodoxia de la piedad, y se junta con otros puristas promoviendo la división en sus iglesias… y son continuistas.

Déjame añadir con mi pincel el tono final a su gran obra de arte neopuritana: Son estrictamente sabatistas, tanto que no pueden ni siquiera respirar en el día del Señor.

Creo que éste es el tipo de gente que Luis tiene en su mente al momento de expresar sus “preocupaciones” como te lo he demostrado, en sus descripciones. Entonces, ahora en primer lugar voy a arrojar un poco de luz, a los que, sin escrúpulo y sin preguntar a ningún puritano serio han bebido de este artículo para tener excusas para sus pecados groseros, y sus borracheras en sus “grupos de vida (muerta)”, y su desdén hacia el movimiento puritano; y por otro lado animar y advertir a aquellos asaetados en sus iglesias con puntas venenosas gravadas con el nombre “neopuritano”.

  1. ¿Qué es el puritanismo?

Tal como presagió Joel Beeke a Luis Pino en su libro “Meet the Puritans (Conoce a los puritanos)” ‘Muchas personas hoy usan el término puritano para describir una marca malhumorada y legalista de Cristiandad que bordea el fanatismo’[1]. Sin ser este pastor un profeta ni hijo de profeta[2], describe como muchas personas estereotipan erróneamente al movimiento puritano, a los cuales el artículo del ‘en balcón y el camino’ enciende y aviva. Lejos de este hombre de paja al puritanismo, el término describe a un movimiento histórico inglés que pretendió reformar bajo la Reina Isabel en los 1560s, una reforma anglicana incompleta. Pues como estaban vocacionados a “purificar” la vida y el culto de la iglesia el nombre puritano les fue imputado, de manera desdeñosa y como un movimiento herético. Con el pasar del tiempo, estos grupos reformadores se caracterizaron por 5 marcas[3] que los unían:

1) Eran afanadamente apegados a la Escritura y ayudaron al desarrollo confesional.

2) Eran apasionadamente trinitarios y su objetivo supremo era resaltar la gloria de este Triuno Dios.

3) Daban una especial importancia a reformar la pureza del culto (en contraste con los anglicanos), como también creían que la Escritura dictaba un orden gubernamental de las iglesias.

4) aplicaron las Escrituras para resolver sus conflictos de vida país y,

5) Se enfocaron en la conversión de las almas, exaltaron la predicación del evangelio, y miraron a las Escrituras para desarrollar una cuidadosa descripción de lo que un cristiano debería ser en su vida secreta con Dios y en relación a su familia, iglesia y sociedad.

Como ves, el puritanismo al contrario de ser algo negro y legalista, fue vida y avivamiento en la historia. Este movimiento desapareció con el tiempo, a causa del decantamiento de sus razones históricas y teológicas que lo dieron a luz. Hoy no existen los puritanos, y menos los neopuritanos. El puritanismo ya estaba muerto para el siglo 18, y en los Estados Unidos fue remplazado por el evangelicalismo, tanto así que el Dr. Mark Jones, por ejemplo, rehúsa  llamar “puritano” a Jonathan Edwards, sino que demuestra que el movimiento ya estaba extinguido con el Acto de uniformidad en el Día de San Bartolomé (1662)[4], antes que Edwards naciera.

Otra cosa a no perder de vista es que había variedad de puritanos. No todos eran estrictamente calvinistas, por ejemplo es sabido del mayor escritor puritano Richard Baxter que era un Amiraldiano. Otros eran bautistas, otros congregacionalistas, incluso una pequeña cantidad llegó a negar doctrinas básicas como la trinidad. No obstante lo anterior, en el periodo que se enmarca, la mayoría de los puritanos fueron identificables por las 5 marcas que te di arriba, lo que nos ayudará a sacarnos la etiqueta de un puritano actual, que busca calcar ideas legalistas de hace siglos atrás. Me llama la atención que Luis no se refiera a un solo puritano en su artículo, no obstante presuponga marcas tan horripilantemente legalistas y separatistas de un neopuritano.

  1. Puritanismo, ¿matrimonio o divorcio entre doctrina y piedad?

Los puritanos fueron descritos como artistas, maestros de nombrar y denunciar el pecado. Confrontaban la conciencia y cortejaban el corazón en sus sermones, libros y tratados. Para todos los que hemos leído puritanos, quedamos siempre atónitos en su celo por la piedad del cristiano, y es difícil leer a alguno de ellos con una postura neutra de conciencia.

En el artículo aquí tratado Pino expresa la antítesis del párrafo anterior:

“Esto se denota fuertemente del discurso que disocia ortodoxia de piedad, llevando a concluir que es posible tener una sana doctrina que no se condice con la práctica de la santidad. Sin duda, podría parecernos que sí en la superficie. Pero en el corazón está el verdadero albergue de la sana doctrina y no en la boca, y eso lo mira con toda claridad el Señor.”

Debo confesar, que cuando leí este párrafo pensé con una sonrisa irónica “¡Eso es exactamente lo contrario a un puritano!” Corrí a leer a Richard Sibbes, Thomas Watson, William Perkins, Thomas Goodwin, Jeremías Burroughs, William Bates, Ames, John Bunyan, Flavel y otros para ver si tal acusación era cierta… y no encontré en ellos ni una gota de esa descripción impía a alguien que ha leído y desea traducir en su vida, en su familia y en su iglesia las enseñanzas de los puritanos. Aquel que ama a los puritanos y su teología (no estoy hablando de un neopuritano, ni de un puritano actual, como ya expliqué) ¿cómo plasmará en su discurso tal divorcio entre doctrina y piedad? Solo alguien que NO CONOCE a los puritanos, y es un no nacido de nuevo, que no conoce nada del evangelio o del pecado, podría trasuntar aquella caricatura. Los puritanos queridos amigos, hacían todo lo opuesto a esto. Ellos iban directamente al corazón de sus oyentes y lectores, su lema era “Debemos ir con la vara de la verdad divina y golpear cada arbusto detrás de los cuales los pecadores se esconden, hasta que como Adán, comparezcan desnudos delante de Dios” y esto no sin predicárselo a ellos mismos primero, como John Owen sugiere “nadie predica bien un sermón, sino se lo predica a sí mismo primero”. No dejen que nadie los engañe. Si en sus círculos denominacionales los puritanos no son conocidos, leídos, ni estudiados, no se trague sus caricaturas, sino vaya a las fuentes y deje de estar mirando la paja del ojo de su hermano, mientras usted tiene vigas en los propios.

  1. Tercer uso de la ley ¿Calvinismo o Luteranismo?

Una breve reflexión que quiero traer a colación es acerca del tercer uso de la ley divina, me refiero al uso pedagógico de la ley moral. Reforma y post-Reforma (incluido los puritanos) tomaron este uso calvinista de la ley de Dios como ayuda al cristiano en su vida práctica. Básicamente este uso toma la ley y por el poder del Espíritu Santo la aplica a la mente, corazón y alma del creyente como una regla de conducta y santificación, no para ser salvo por ella (este es su segundo uso, el uso evangélico) sino para vivir una vida digna del evangelio, agradándole en todo llevando fruto en toda buena obra (Col. 1:10), de tal forma que el creyente vocifera con el salmista “¡Oh cuanto amo yo tu Ley! Todo el día es ella mi meditación” (Salmo 119:97). Esto es algo que negaron la mayoría de los discípulos de Lutero, atribuyendo a la ley solo dos usos, enfatizando el segundo, su uso evangélico, vale decir que ella nos muestra siempre nuestra incapacidad para llevarnos a Cristo y nada más.

¿Dónde estamos hoy como Presbiterianos? ¿Predicamos del tercer uso de la ley, o no? Deberíamos. Pienso que esta negligencia es la gran puerta abierta al antinomianismo (anti-ley) en las iglesias, aquella gracia escandalosa que le importa un comino como te conduzcas. Emborráchate, fornica ¿qué más da? Fuiste salvo por gracia. Puedes perfectamente ser un criastiano homosexual, y caer de vez en cuando. Qué asco me da esta teología y su liviandad con el pecado y sus nefastas consecuencias en la vida de la iglesia. Por esto yo amo a los puritanos y a los reformadores, porque su teología es tanax contra este tipo de presbiterianismo muerto. Y aclaro, que los mayores ataques al puritanismo y los que se llenan la boca para ser cazadores de ‘neopuritanos’, provienen exactamente de esta ala presbiteriana (aunque luterana) que ama la “gracia escandalosa” y aborrece la santificación, para todo ustedes mi recomendación: Lean a los puritanos y difúndalos en sus iglesias.

  1. Ecclesiola in ecclesia ¿es enserio?

Creo que Pino Moyano no entendió a Lloyd Jones. Martin explica que esto de iglesitas en iglesias fue precisamente un movimiento que no se dio entre los puritanos, Note lo que dice el pastor gales:

“Lo importante para nosotros, sin embargo,  es que a los puritanos no les interesaba formar núcleos de ese tipo dentro de la iglesia…Nunca se dedicaron a formar “iglesitas dentro de la iglesia”; de hecho, su objetivo principal fue siempre influir en la iglesia de Inglaterra en su conjunto y persistir en su intento de llevar a cabo la reforma  de la misma que se había detenido y no avanzaba hacia su cumplimiento. Así que ellos no se los puede situar bajo esta epígrafe”[5]

Entonces en la descripción de Pino, un neopuritano hace todo lo opuesto eclesiológicamente a un puritano. El efecto ‘ecclesiola in ecclesia’ tal como lo explica el doctor, solo buscaba una reforma en la piedad y no en la doctrina y aborrecía la separación; en contraste con los puritanos que sí querían reformar incluído la doctirina, súmele el culto, el gobierno y a paso seguido de implementar la ortodoxia (i.e, correcta doctrina), seguir la ortopraxis (i.e, correcta práctica) que ellos veían que no era su tema principal. Pero una vez más, veo que Pino ignora la teología puritana y etiqueta caricaturas que no son. Luego de este breve y obvio pero necesario análisis exegético de Lloyd Jones, paso a concluir que alguien que ama y lee a los puritanos (o simplemente lee bien el capítulo de “los puritanos” de MLJ) concluirá que nunca debe hacer tal cosilla como iglesitas en la iglesia, que, como por fin atina Luis, fracasó su objetivo en todas los lugares en donde se desarrolló.

  1. Palabras de ánimo y advertencia

Milicia neopuritana, y todos aquellos legalistas, fanáticos, fariseos y saduceos, no se desalienten por etiquetas tontas que cualquier persona les pueda referir por su apego a la confesión en cuanto al día del Señor, o, su continuo aborrecimiento al pecado, propio y en todas las esferas de la vida, o su amor a los puritanos y progresar en el camino verdadero de la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Heb 12:14). Sigan adelante, amando y obrando en secreto, aborrezcan la gloria humana, y busquen la que desciende de lo alto, preocúpense de reformarse en doctrina y piedad, ustedes mismos, sus familias, sus iglesias y la sociedad. En ese orden, y en ningún otro. Pero guárdense de cobijar ídolos de identidad en su corazón, guárdense de la hipocresía en la cual los mismos acusadores deben luchar contra ella; no den ni un centímetro al pecado, con toda la violencia puritana que se merece aniquilen y maten cada indicio concupiscente en su ser, y serán armas afiladas en las manos de Cristo.

Aquellos de ustedes que aman su pecado de pornografía, pero acusan de fariseos a otros hermanos, aquellos de ustedes que se emborrachan en sus estudios bíblicos, aquellos de ustedes que ni les interesa los puritanos y en sus retiros promueven nada sino impiedad: Arrepiéntanse, crean en el evangelio y produzcan frutos dignos de arrepentimiento. No sea que se les pregone en el día del juicio “Nunca os conocí, hacedores de maldad” y aquellos que tildaban de “neopuritanos” a los que además “podían escudriñar su corazón” se sienten con el Señor en la mesa a los cuales se les dirá: “Bien, buen siervo fiel, entra en el gozo de tu Señor”.

 

Cristián Gangas Del Río, un “neopuritano”

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REFERENCIAS

[1] Met the Puritans, Joel Beeke & Randall Pederson, xv.

[2] Joel Beeke es un ministro cesasionista.

[3] Met the Puritans, Joel Beeke & Randall Pederson, xvii.

[4] http://www.reformation21.org/blog/2014/07/was-jonathan-edwards-a-puritan.php

[5] Los puritanos, Martín Lloyd Jones, pp 210

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Teología de Izquierda

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“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina” (2 Pedro 2:1)

 El error del cristianismo hasta nuestros días siempre ha sido la ignorancia sobre diferentes temas que de una u otra manera desembocan en graves desviaciones doctrinales.

Hace dos años atrás, personalmente, era un ignorante en temas políticos, no me interesaba la política en lo absoluto, pero cuando comencé a estudiar teología, me di cuenta que ésta abarca toda área del conocimiento, lo cual nos lleva a tener una cosmovisión mucho más amplia, y esto es a lo que todo cristiano debería aspirar.

Hoy nos vemos involucrados en un fuerte debate social y político donde la iglesia tiene una gran responsabilidad, o mejor dicho una responsabilidad de la cuál debe ser consiente.

El mundo de las ideas es algo que no debemos ignorar, ya que debido al desarrollo de diversas ideas nacidas de un corazón caído han producido terribles desastres en la población mundial, como por ejemplo con el comunismo Marxista Leninista. Naturalmente, las ideas del comunismo no son nuevas. La obra de Marx y Lenin, así como la revolución de 1917 lo atestiguan. Lo que es nuevo hoy, sin embargo, y lo que hace que debamos tomar buena nota del fenómeno de la “teología de la liberación”, es el hecho de que las ideas marxistas se hayan infiltrado en un determinado sector de la teología cristiana. Es decir, que la  teología de la liberación representa el maridaje de un pensamiento supuestamente cristiano con la ideología marxista[1]

Mi intención no es hacer apología sobre este tema en específico, sino sólo dar a conocer la necesidad de profundizar en estos asuntos, los cuales afectan y afectarán nuestra vida y la de nuestros hijos. La iglesia ha sido condicionada por esta corriente ideológica, y es precisamente por ser ignorantes, no sólo en el ámbito político, sino porque hemos dejado de lado el estudio diligente de la Palabra de Dios, nuestra confesionalidad y la enseñanza y disciplina de nuestros hijos. “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón;  y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas”(Deut. 6:4-9). Este trabajo no lo hemos desempeñado de buena manera, y debido a esto. nuestros hijos, ¿digo nuestros hijos?, creo que también nosotros hemos sido afectados por una teología con fuerte carga ideológica que se aleja de la verdadera doctrina cristiana. Axel Kaiser en su libro “La Fatal Ignorancia” escribe: “Penetrar la cultura es así un objetivo estratégico de todo socialista. Por eso buscan infiltrarse en todo orden de instituciones (La Iglesia, la Universidad, la televisión… etc.) como forma de esparcir sus ideas para que la gente que las integra comience a actuar de acuerdo a ellas”[2]. Claramente hemos sido afectados por la infiltración de personajes con fuertes inclinaciones hacia el marxismo.

La teología de la liberación de la cual estamos hablando, es muy bien recibida por sectores “universitarios cristianos”, los cuales con un corazón convencido levantan el puño revolucionario en contra de la supuesta opresión capitalista diabólica que mantiene cautivo al pobre. Como un sueño romántico y heroico tiene la tendencia de mover las masas, pero esto se aleja plenamente del evangelio de Jesucristo que no tiene nada que ver con las ideas de Marx.

El autor del pequeño libro “Teología de la Liberación”, C. Van Dam escribe sobre la inclinación de las iglesias en esto: “El Consejo Mundial de Iglesias ha influido en la teología de la liberación y ha sido a la vez parte esencial de su desarrollo. La evolución del Consejo Mundial de iglesias ha sido tal que la Asamblea de Uppsala (1968) se enfrentó con la siguiente cuestión: “¿Debe entenderse la salvación en el sentido tradicional –como las iglesias siempre lo han creído-, o debe entenderse como salvación en un sentido económico político?” El Consejo se inclinó por este último sentido. Como las decisiones de la Asamblea revelan, el evangelio de Jesucristo se ha convertido en el evangelio secular de hacer un mundo mejor”[3]

No es de extrañar que vivamos un tiempo peligroso. La iglesia hoy está cargada fuertemente a la izquierda ideológica, donde lo que prima no es lo demandado por Dios en su Palabra, sino una filosofía maquillada de cristianismo que desea redimir la cultura a costa del mandato divino. Por esto vemos una mayoría inclinada a recorrer las calles de nuestras ciudades con eslogan en contra de las AFP, el capitalismo heteropatrialcal, el neoliberalismo… etc. Pero sus voces no se escuchan ante los abusos del movimiento LGTB o las nuevas leyes que el Estado está promulgando en pro del aborto.

La pregunta es ¿cómo es posible que esto suceda? Esto es lo que trataré de explicar en este artículo.

Breve reseña

No podemos comenzar sin ir a las fuentes ideológicas de las cuales estamos hablando. Karl Marx. (Tréveris, Prusia occidental, 1818 – Londres, 1883) Pensador socialista y activista revolucionario de origen alemán. Raramente la obra de un filósofo ha tenido tan vastas y tangibles consecuencias históricas como la de Karl Marx: desde la Revolución rusa de 1917, y hasta la caída del muro de Berlín en 1989, la mitad de la humanidad vivió bajo regímenes políticos que se declararon herederos de su pensamiento[4]. Hay que comenzar desde el origen de la teoría marxista. En Karl Marx y Friedrich Engel encontramos la génesis. Hombres alemanes del siglo XIX, ambos tienen el mérito intelectual de haber sentado las bases de un pretendido “socialismo científico” frente a los diversos socialismos utópicos y anarquismos que en aquellos tiempos predominaban en la Izquierda[5].

Marx era sobre todo un ateo, y este ateísmo culminó en una guerra contra Dios y todo rastro de Dios en la civilización occidental. El ofreció una cosmología de caos social como una opción a la teología de la Biblia. La figura revolucionaria de Prometeo, el portador de fuego revolucionario fue la que capturó la visión de Marx[6]. A Marx y Engels les tocó vivir un mundo en transformación violenta (revoluciones de 1848 y Comuna parisina 1871) y estaban convencidos de la inminencia y éxito de la revolución proletaria en la Europa industrializada. Coincidían, parcialmente, con la idea anarquista de la desaparición de Estado. Para ellos una vez derrotada la burguesía capitalista se establecería una dictadura del proletariado que acabaría con los residuos capitalistas, explotadores, es decir, se utilizaría el Estado como instrumento para liquidar, definitivamente, a los explotadores. La tesis catastrofista sobre el destino ineluctable del capitalismo y de todas sus creaciones, parece un efecto del mesianismo y el acceso a la sociedad sin clases, una secularización del paraíso[7].

Podríamos preguntarnos ¿qué tiene que ver esto con lo que sucede hoy en día? O ¿qué tiene que ver conmigo? Bueno la ideología de este hombre ha calado muy profundo en las mentes de diferentes personajes en la historia. Y muchos de ellos se han infiltrado en diferentes instituciones para promover las ideas de Marx. Este trabajo se ha hecho en un largo plazo por décadas, implantando la cosmovisión marxista a través de Estados y partidos políticos socialistas. Por otro lado, las Universidades han sido el canal de regadío para miles de jóvenes, los cuales crecen con los “lentes marxistas” de la interpretación de la realidad. La Iglesia no ha quedado fuera de esta nefasta ideología. Gustavo Gutiérrez, sacerdote peruano, escribió en 1971 un libro titulado Una teología de la Liberación (traducción inglesa en 1973) que probablemente es la obra que más influencia ha ejercido en Latinoamérica sobre este tema[8]. Según Gutiérrez, la iglesia debe hacer ver a los hombre que están oprimidos, a fin de que ellos busquen y obtengan su liberación. Para llevar a cabo esta tarea la iglesia debe corromperse de un modo concreto. “La iglesia debe politizar al evangelizar”, escribe Gutiérrez. Puesto que el evangelio es el mensaje de amor total, tiene una ineludible dimensión política. No es de extrañar la clara desviación del mensaje contemporáneo y el silencio ante propuestas “morales” que van en contra de la ideología marxista. Por esto, nuevamente en este siglo renacen palabras como “lucha de clases”, “opresión al obrero”, “el imperio debe caer”, y otras más. Gustavo Gutiérrez y otros escritores pensaban que, el Señor Jesucristo debe, por tanto, contemplarse como una figura política a quién Pilatos mató por tratarse de un cabecilla de los zelotes, puesto que en realidad Jesús también pretendía la liberación de los judíos. El Éxodo de Egipto fue un acontecimiento político, y el grito de ¡Deja marchar a mi pueblo! Es el grito de liberación de todos los tiempos[9]. Todo se entiende en términos de las necesidades inmediatas del hombre, aquí y ahora. Es más, la secularización se introduce bajo el disfraz de la teología.

“Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos” (Oseas 4:6)

Hegemonía

Antonio Gramsci (1891-1937). Filósofo, teórico marxista, político y periodista italiano. Nació el 22 de enero de 1891 en Ales, Cerdeña.

Considerado como uno de los pensadores marxistas más importantes del siglo XX, y un pensador clave en el desarrollo del marxismo occidental[10]. Este hombre daría un paso cualitativo a lo que se refiere la “hegemonía”. La idea de hegemonía en Gramsci supera la mayor parte del economicismo que aquella contenía. ¿Por qué? Porque ahora la hegemonía precisará en delante de un accionar cultural que Gramsci llamará “intelectual-moral”: la hegemonía se realiza generando cambios al nivel cultural, y no es una simple alianza económica-política como pregonaba Lenin, ni es la asunción de tareas externas a la propia clase como planeaba Plejanov. La hegemonía en Gramsci se da en un terreno de trascendencia: el de los valores, creencias, identidades y, en definitiva, el de la cultura: “Toda revolución –anota Gramsci- ha sido precedida por un intenso trabajo de crítica, de penetración cultural, de permeación de ideas a través de agregados humanos. Dicho de otra manera: la hegemonía ya no se da en la transacción de intereses materiales, sino en el hecho de inyectar en el otro una misma “concepción del mundo” que anude los lazos de solidaridad orgánica (hegemónicos) entre grupos que pertenecen a distintas clases sociales. El éxito del proceso hegemónico (es decir  de la fusión entre grupos distintos acerca de la conciencia revolucionaria), depende de la confección de una ideología  de signo contrario respecto de la dominante, que cuestione su “sentido común”, su  forma de ver el mundo, su forma de organizar la sociedad, la economía, la política, la cultura[11]

Las ideas no deben desestimarse por ningún motivo. Cuando los hombres se juntan a dialogar y pensar como construir o cambiar el mundo, ¡es cosa seria! Muchos han muerto por ideales nacidos de corazones caídos, corruptos o, aun así, de corazones con “buenas intenciones”. Aquí vemos, a través de Gramsci, como el Marxismo toma un rumbo distinto. La coacción, la violencia para tomar el poder ya no es el timón de esta embarcación, sino, ahora es cambiar la concepción del mundo, el sentido común de las masas, y para esto, es necesario que el sujeto llegue a cuestionar sus propios valores morales. Este es el punto neurálgico del marxismo Gramsciano, el cuál intenta ejecutar su hegemonía en el hombre desde la concepción[12] No es de extrañar el cambio cultural que se está generando en el presente en nuestra nación y nuestras iglesias.

La ideología de género, el feminismo extremo, la lucha por el buen salvaje (Mapuche) son partes de un todo. La batalla de las ideas comenzó hace mucho tiempo en esta humanidad caída, el problema es que la iglesia ha sido indiferente y negligente al despreciar la Ley de Dios. Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua” (Jeremias 2:13).

Conclusión

 No podemos ser indiferentes, no podemos solo mirar, no podemos culpar a otro. Hoy más que nunca debemos arrepentirnos de nuestro propio pecado como pueblo de un Dios Santo. La responsabilidad nos ha sido dada, y debemos obedecer a lo que Dios nos ha llamado, principalmente desde nuestros propios hogares.

Hemos estado hablando de hegemonía, bueno, para tener una “concepción de mundo” e interpretar la realidad de una forma correcta, es necesario que Dios mismo esté obrando en nuestras vidas a través de Su Palabra y el poder del Espíritu Santo. Si esto es así, como padres somos los responsables de entregar a nuestros hijos una educación firme y consistente con el evangelio. Lo lamentable de esto es que muchos creyentes están afectados por esta corriente progresista. En gran parte del mundo la democracia ha llegado a convertirse en una especie de religión. Uno de los credos de esta religión es que uno no puede imponer sus ideas sobre los demás (algo que contradice su sistema hegemónico de implantación de ideas). Cada cuál es libre de creer o rechazar lo que desee. Por lo tanto la opinión común es que en “asuntos religiosos” la gente no debe ser obligada a elegir hasta haber llegado a su madurez.

Es una opinión bastante necia. De hecho, en toda familia la enseñanza comienza antes que los niños sepan hablar o leer, y es un proceso que nunca termina. La comunidad del pacto enseña a los niños a andar por los caminos del Señor (Proverbios 22:6). La educación en la vida del pacto no es opcional; Dios la requiere (Deut. 6:4-9). Como escuché a un amigo pastor hace poco: “La verdadera piedad comienza por casa”, y esa misma piedad es la que nos lleva como comunidad del pacto a vivir para la gloria de Dios y así extender el Reino. Bien dice J. C. Ryle: “Guárdate de las malas imitaciones de la religión. Sé genuino. Sé riguroso. Sé auténtico. Sé verdadero”. Y claramente el marxismo es una imitación satánica.

 

Dios nos ayude.

 

Escrito por Pablo Flores Figueroa.

[1] C. Van Dam, La Teología de la Liberación, p. 9.

[2] Axel Kaiser, La Fatal Ignorancia, p. 52.

[3] C. Van Dam, Teología de la Liberación, p. 10.

[4] https://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/marx_karl.htm

[5] Agustín Laje, El Libro Negro de la Nueva Izquierda, p. 24.

[6] Gary North, La Religión Revolucionaria de Marx, La Regeneración por medio del Caos, p.

[7] Pablo Lucas Verdú, Pablo Lucas Murillo de la Cueva, Manual de Derecho Político, p. 87-88.

[8] C. Van Dam, La Teología de la Liberación, p. 14.

[9] Íbid., p. 15.

[10] https://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/6269/Antonio%20Gramsci

[11] Agustín Laje, El Libro Negro de la Nueva Izquierda, p. 34-35.

[12] Cuando hablo de ejecutar una hegemonía en el hombre desde la concepción, me refiero a implantar ideas marxistas en párvulos, a través de la educación, televisión, etc

La izquierda al interior del cristianismo

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Todos los domingos, y sin importar la denominación, habrá algún mensaje a favor de la “redistribución de la riqueza” o una condena al “lucro”. La retórica contra el capitalismo, domina en gran parte de los sermones y las teologías de las iglesias cristianas. Veamos algunas razones.

El socialismo es un virus que es muy hábil para mutarse: puede convertir a sus viejos enemigos en nuevos sujetos revolucionarios. Las izquierdas entendieron muy bien, que es imposible acabar con la religión: entonces decidieron pervertirlas. Una de las armas del marxismo cultural al interior de occidente, es la izquierda cristiana. Y que viene en dos versiones: el “evangelio social” en el mundo protestante, del brazo de la teología progresista. Y la “teología de la liberación” en el mundo católico romano.

Desde el siglo XIX los teólogos de la “Alta Crítica” en Alemania, y en Inglaterra los clérigos anglicanos de la revista “The Christian Socialist”, prepararon el camino. Y en el año 1917, el pastor bautista Walter Rauschembusch publicó en Alemania su libro “Teología para el Evangelio Social”, la misma que abrazan en Estados Unidos políticos prominentes como: Martin Luther King, Ted Kennedy, John Kerry, Jimmy Carter, y pastores como Jeremiah Weight, párroco y mentor de Barack Obama por muchos años.

Algo similar sucedió en el mundo hispano. En estas latitudes, el socialismo fue introducido desde el Siglo XIX. Se llamó aprismo, nacionalismo revolucionario y peronismo; pero para los años 70 su fracaso ya no se pudo disimular. Entonces surgió la “Teología de la liberación”, que es la versión católico romano del “Evangelio Social”, del cual toma muchos prestamos ideológicos. Clérigos como: Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Ernesto Cardenal y el boliviano Rafael Puente. Fueron los impulsores de feroces guerrillas a lo largo y ancho de América Latina (pecado del cual jamás pidieron perdón). Hoy esta corriente vive su momento de esplendor con el Papa Francisco, que en septiembre del 2015, manifestó que el sufrido pueblo cubano: “Debe amar la pobreza”.

El “Evangelio Social” y la “Teología de la liberación”, pretender solucionar los problemas sociales, aplicando la “ética cristiana”. Pero girando en torno a un concepto por completo ajeno al cristianismo: la “justicia social”. La biblia y el cristianismo hablan mucho de justicia, pero no de “justicia social”, y mucho menos usa la pobreza como un pretexto para la “redistribución de la riqueza”. Tampoco autoriza a los gobiernos a ser inmensas maquinas fiscales. De hecho: los principios políticos del cristianismo histórico, son la mejor barrera para las tiranías.

Un cristiano consecuente, es el principal defensor de las libertades civiles, de los gobiernos limitados y de la propiedad privada. Recordemos: que fueron los cristianos que enfrentaron al imperio romano, civilizaron a las naciones bárbaras y fundaron los Estados Unidos de Norte América.

La religión juega un papel importante en la política (les guste o no). Por eso, es necesario rescatar la pureza de las doctrinas políticas del cristianismo histórico.

Escrito por Hugo Marcelo Balderrama.

Confesionalidad, Misión y Piedad.

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Uno de los problemas de la iglesia contemporánea es la Evangelización, o mejor dicho la misión. El no comprender realmente que es lo que conlleva el término en el sentido bíblico ha provocado un desajuste al formato que Jesucristo y sus Apóstoles nos enseñan a través de las Escrituras. La Historia es testigo de los esfuerzos evangelizadores de la Iglesia primitiva pasando por la era protestante de los Reformadores.  “Cuando la verdad bíblica y reformada es amada y correctamente enseñada, la evangelización y la actividad misionera abundan”. Con esto se quiere decir que debe haber una enseñanza correcta de la verdad bíblica, la cual lleva a un ejercicio correcto en la vida práctica y en la misión que corresponde a la Iglesia.

Este tratado quiere traer nuevamente a la memoria y práctica lo que las Iglesias confesionales han enseñado siglo atrás y que hoy se ha perdido con el tiempo. Tomo las palabras de Jesucristo en el evangelio de San Mateo: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mat. 28: 19-20).

Por tanto ¡Id!

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” (Mat. 28: 19-20).

 Definitivamente éste es el versículo clave para comenzar con el tema, una orden directa de nuestro Señor Jesucristo a sus discípulos, y por supuesto a nosotros, la cual llevaba mucha “urgencia” (¡id, vayan!). Con esta misma urgencia se cree que es necesario abordar el tema. Comencemos.

 La primera frase, “Por tanto, id”, en griego es poreúomai (πορεύομαι), su significado es: viajar, ir, andar, subir, seguir[1]. Podría traducirse como “las actividades generales de la vida”[2], se refiere a una vida conformada a la misión, que aprovecha cada instante para glorificar a Dios en llevar las Buenas Nuevas a todo hombre y mujer. Como dice Hendriksen: “que la evangelización del mundo estuvo desde el principio mismo incluida en el propósito de Dios”[3]. Claramente este mandato no se conforma a una forma puntual de evangelismo, o mejor dicho “impactos evangelísticos” usados comúnmente en nuestros tiempos, los cuales son superficiales y buscan un resultado rápido y pragmático[4], sino a un evangelio que aborda  todo y a todos, en todas las circunstancias de la vida.

Cada Creyente tiene la misión de extender el Reino de Dios y su Justicia, no solo transculturalmente, sino a todos.  Calvino escribe: “Somos llamados por el Señor con esta condición: que, después, todos nos esforcemos por llevar a los demás a la verdad, restaurar a los errantes al camino derecho, tener una mano ayudadora a los caídos, ganar a los que están fuera”[5] Los verdaderos creyentes anhelan extender la verdad de Dios por todas partes y que Dios sea glorificado en esto.

“Haced Discípulos”, es un mandato enérgico.  Queda claro que la enseñanza es indispensable en la misión, Dios no nos llama a convertir al mundo, ya que este trabajo es obra de Dios mismo, pero sí nos llama a enseñar. Un discípulo es un aprendiz, un alumno que estudia, comprende y practica. Hendriksen comenta:

 

       “Es necesario que los pecadores sepan acerca de su propia condición perdida, de Dios, de su plan de redención, de su amor, de su ley, etc. Sin embargo, esto no es suficiente. El verdadero discipulado implica mucho más. Un entendimiento puramente mental hasta ahora no ha hecho ningún discípulo. Es parte del cuadro, de hecho, una parte importante, pero sólo una parte. La verdad aprendida debe ser practicada. Debe ser apropiada por el corazón, la mente y la voluntad, para que uno permanezca o continúe en la verdad. Sólo entonces uno es verdaderamente “discípulo” de Cristo (Jn. 8:31)”.[6]

 

Después de ver los significados en el original de “Por tanto, id” y “Haced Discípulos” nos pasaremos inmediatamente a unas líneas más abajo, me refiero a  la palabra “enseñándoles”, la cual   en el griego es didásko (διδάσκω), y su significado es: “enseñar, instruir, aprender”. Con esto vemos claramente que la misión, evangelismo no solo es hacer el llamado: “Dios tiene un plan maravilloso para tu vida”, sino que es enseñanza e instrucción en doctrina de principio a fin. Es en esto en lo cual los Apóstoles se preocuparon en cada viaje misionero, como también en cada carta que escribieron. Esto lo podemos ver claramente en  Pablo que da instrucciones sobre la doctrina, como también defiende la misma (Rom. 1: 14-15; 1 Cor. 1: 10; Gal. 1: 8-9; Fil. 1: 9-11; Col. 1: 9-12).

Claramente el llamado es a ir y enseñar. Esta es la regla de la misión y el discipulado. En Deuteronomio 6:4-9 el llamado primordial es “Amar a Dios con todo el corazón y con toda el alma y con todas tus fuerzas”. La reacción natural de cada verdadero creyente debe ser la  misión, no podemos decir que amamos a Dios si no nos movemos en esta dirección, ya que del amor debiera fluir el deseo de glorificar a Dios en todo y en todos, “Porque todas las cosas proceden de Él, y existen por Él y para Él. ¡A Él sea la gloria por siempre! Amén” (Rom. 11:36 NVI).

Algunos podrían, o mejor dicho, piensan que misión es prepararse un poco y viajar a otro continente y nada más que eso, pero Dios en su Palabra nos muestra el verdadero camino de la misión, el cual comienza en nuestro corazón, hogar, nuestros hijos y parientes. Deuteronomio 6: 4-9 es claro en decirnos: “Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Átalas a tus manos como un signo; llévalas en tu frente como una marca; escríbelas en los postes de tu casa y en los portones de tus ciudades”.

La mayoría de nosotros hemos creído que el sentido de la misión es ir a otros solamente, pero no es así, nuestra primera misión es predicarnos el evangelio cada día, grabarnos en nuestros corazones las palabras del Dios Redentor. No solamente debemos hacer discípulos, sino que debemos hacernos discípulos de Cristo cada día.  Partiendo de este principio lo que sigue son nuestros hijos y o parientes. La enseñanza dentro de la familia es un mandato de Dios, y nuestros hijos son “hijos del pacto”. Ante esto nuestro deber es la enseñanza de la Palabra de Dios cada día y en todo lugar. No debemos desperdiciar el tiempo, sino clamar a Dios por su gracia en esta obra evangelizadora.

Debemos ser predicadores en nuestros hogares, en palabra y ejemplo que lleven ovejas a Cristo. Thomas Brooks escribe: “La vida de un predicador debería ser un comentario  de sus doctrina; su práctica debería ser el complemento de sus sermones. Las doctrinas celestiales siempre deberían ser adornadas con una vida celestial”[7]

Hoy nos vemos en la necesidad de estudiar más profundamente la Escritura con la ayuda del Espíritu Santo, no solo para dar un mensaje claro y verdadero, sino también, para actuar conforme a lo que  Cristo nos ordena en Su Santa Palabra. La Iglesia primitiva se preocupó por la edificación como por el evangelismo, hoy en día,  no debe cesar, sino que debe crecer progresivamente en la vida de los creyentes, tanto personalmente, como en comunidad.  Nuestro deber es predicar el Evangelio. “Por tanto, id… y Haced discípulos… enseñándoles”.

Juan Calvino, Enseñanza y Misión

“La gente llamó afortunado a Gerard Calvino cuando se casó con Jeanne le Franc, la hermosa hija de un posadero retirado. Su primer hijo fue Charles. Los dos siguientes murieron y luego vino Juan, el muchachito de los ojos penetrantes que vino a ser el favorito de sus padres. Nació a las 1:27 de la tarde, el 10 de Julio de 1509”.[8]

 La historia del cristianismo fue escrita con pequeños hombres que fueron usados grandemente por Dios, Juan Calvino es uno de ellos. Para muchos  solo fue un gran teólogo inmiscuido en las letras, preocupado de la doctrina y el desarrollo de esta, pero desconocen el espíritu evangelizador que brota desde sus mismos escritos. Calvino junto a otros reformadores, enseñó la evangelización, de forma general proclamando el evangelio con fervor y reformando a la Iglesia de acuerdo con los requerimientos bíblicos.[9] Él apuntó a la responsabilidad de los cristianos de ayudar en extender el Reino de Dios.

Según la visión de Calvino, la Misión comprende tanto de la soberanía de Dios, como también la responsabilidad del hombre. Dios usará a los hombres como instrumentos en su obra evangelizadora, es Dios quien convierte por obra soberana, pero se revela a través de la predicación del evangelio. Calvino dice que somos los colaboradores de Dios, Él nos permite participar del honor de proclamar a Cristo como Rey y Señor en todo el mundo.

La responsabilidad del creyente es orar por esta obra, que el evangelio sea extendido por todo el mundo, cada uno debe preocuparse por glorificar a Dios en esta gran Misión, no hacer esto sería una contradicción. Calvino escribe:

“Nada podría ser más inconsistente respecto a la naturaleza de la fe que aquella pasividad que lleva a un hombre a despreocuparse de sus hermanos y guardar la luz del conocimiento… en su propio seno”[10]

 Por gratitud debemos llevar el evangelio a todos, ejemplo hemos obtenido en Cristo, que entregó su vida por aquellos que serían salvados. El no hacer esto nos llevaría a parecer ingratos a Dios por nuestra salvación. Calvino enseñó que todo creyente debe testificar de palabra y hecho de la gracia de Dios a todo aquel con  quién se encuentre. Esto nos lleva a la frase “las actividades generales de la vida” (la cual me refiero en el primer capítulo).  Toda relación cotidiana que tenemos como seres humanos es una oportunidad para predicar el evangelio de la gracia de Dios en Cristo Jesús. Calvino afirma el sacerdocio de todos los creyentes que implica la participación de la Iglesia en el ministerio profético, sacerdotal y real de Cristo. La “tarea real”, dice Calvino, tiene que ver con hacer discípulos, una base poderosa para la tarea evangelizadora de la Iglesia viviente.

Para Calvino la evangelización implica  un continuo llamado al creyente a ejercitar la fe y el arrepentimiento, esto es un compromiso de por vida. La evangelización demanda edificar a los creyentes en la fe más santa, según los cinco principios de la Reforma: Sola Escritura, sola gracia, sola fe, solo Cristo, sola gloria de Dios[11].

Calvino fue un notable practicante de este tipo de evangelización dentro de sus predicaciones. William Bouwsma escribe: “Predicó regular y frecuentemente sobre: el Antiguo Testamento los días entre semanas a las seis de la mañana, cada dos semanas; el Nuevo Testamento los domingos por la mañana; y los Salmos los domingos por la tarde. Durante su vida predicó, con este programa, unos 4.000 sermones tras su regreso a Ginebra: más de 170 sermones al año”[12]. La intención de Calvino en la predicación era  edificar como también evangelizar. Los predicadores, escribió, deben ser como padres, partiendo el pan en pedacitos para dar a comer a sus hijos.

En Ginebra se demandaban sermones en cada una de las tres Iglesias, primero a las 09:00. A medio día, los niños a clases de catecismo. A las 15:00, se volvían a predicar sermones en cada Iglesia. La visión de Calvino era reformar a los ginebrinos en todas las esferas de la vida. En sus ordenanzas eclesiásticas, demandaba tres funciones adicionales, además de la predicación, que cada Iglesia debía ofrecer:

 

  1. Enseñanza. Los doctores de teología debían explicar la Palabra de Dios, primero en las conferencias informales y, después, en el contexto más formal de la Academia de Ginebra, establecida en 1559. Para la época en que el sucesor de Calvino, Teodoro de Beza, se retiró, la Academia de Ginebra había preparado a 1.600 hombres para el ministerio.
  2. Los ancianos nombrados dentro de cada congregación eran, cuando Calvino vuelve a entrar en Ginebra, la asistencia de los pastores para mantener la disciplina cristiana, vigilando la conducta de los miembros de la Iglesia y sus líderes.
  3. Los diáconos de cada Iglesia estaban para recibir contribuciones y distribuirlas a los pobres. Inicialmente, las reformas de Calvino se encontraron con extrema oposición local. La gente en particular objetó el uso eclesiástico de la excomunión para ejercer la disciplina de la Iglesia. Tras meses de amarga controversia, los ciudadanos locales y los refugiados religiosos que apoyaron a Calvino ganaron control de la ciudad. Durante los últimos nueve años de su vida, el control de Calvino de Ginebra fue casi completo[13]

Calvino quería que la ciudad se convirtiera en una especie de modelo reformado para el reinado de Cristo por todo el mundo. La influencia de Ginebra se extendió por Francia, Escocia,  Inglaterra, Holanda, algunas partes de Alemania occidental, regiones de Polonia, Checoslovaquia y Hungría. La Academia de Ginebra se convirtió en mucho más que en un lugar donde aprender teología. Philip Hugues escribe:

“La Ginebra de Calvino era mucho más que un refugio o una escuela. No era una torre  de marfil teológica que vivía para sí misma, olvidada de su responsabilidad en el evangelio para con las necesidades de los demás. Barcos humanos eran equipados y reparados en este puerto… para emprender un viaje por el circundante océano de las  necesidades del mundo, enfrentándose con valentía a todas las tormentas y  peligros que les esperaban, para llevar la luz del evangelio de Cristo a quienes estaban en la ignorancia y tinieblas de las que ellos mismos habían salido originalmente. Eran enseñados en esta escuela para que ellos, a su vez, enseñaran a otros la verdad que los había hecho libres”[14]

Claramente Calvino estaba interesado por la Misión, que el evangelio se extendiera por todo el mundo. La enseñanza dentro de la Iglesia, donde se usaban “catecismos”, era primordial para llevar la semilla y tirarla por cada lugar, abarcando cada esfera de la vida cristiana. Él creía que la gran comisión no solo era para los apóstoles, sino para todo creyente. Por esto mismo era necesario la preparación en el estudio de la Palabra de Dios.

 “La Gran Comisión no está dirigida sólo a los once. Es el programa a seguir para todos los discípulos. Ser un discípulo es ser un hacedor de discípulos”[15]

La Misión dentro de la iglesia siempre ha sido el talón de Aquiles. El desarrollo de Teología es un área importante dentro de la misma, para Calvino era así, pero ésta iba llena de un espíritu evangelizador que abarcaba todas las esferas. ¡Que esta visión del padre de la Reforma florezca en este tiempo! Y que nuestra teología sea complementada por la Misión de Dios en Su Iglesia para Su gloria.

La enseñanza teológica, la confesionalidad y los catecismos van de la mano con la misión. Calvino no solo era un hombre de una mente brillante, sino también un hombre piadoso que buscaba glorificar a Dios a través de una vida sumida en la abnegación. No solo imitemos o busquemos el conocimiento que este hombre nos muestra en cada uno de sus escritos, si hacemos esto caeremos en un grave error. Muchos están hambrientos de conocimiento, pero lamentablemente tienen vidas contrarias a lo que profesan. Éstos leen a los reformadores, pero evitan la vida práctica de cada uno de ellos. La consecuencia es una misión estéril que hace el llamado a una generación que no ve la transformación que produce el evangelio en aquellos que han creído. Examinemos nuestros corazones a la luz de las Escrituras y obedezcamos los que Dios nos ordena.

“Atendamos a lo que Dios nos ha ordenado, porque  a Él le place mostrar su gracia no solo a una ciudad o a un puñado de personas, sino que desea reinar sobre todo el mundo, para que todos le sirvan y le adoren en verdad”[16]

Los Puritanos

 La palabra “puritano” incluye a aquella gente que fue expulsada de la Iglesia de Inglaterra por la Ley de Uniformidad de 1662. El término, sin embargo, también se aplica a quienes en Gran Bretaña y Norte América, durante varias generaciones después de la Reforma, trabajaron para reformar y purificar la Iglesia, y guiar a la gente hacia una vida bíblica y piadosa, consistente con las doctrinas reformadas de la gracia. El puritanismo surgió de, al menos, de tres necesidades: (1) La necesidad de una predicación bíblica y una enseñanza de doctrina reformada sana; (2) la necesidad de una piedad bíblica y personal que acentúe la obra del Espíritu Santo en la fe y vida del creyente; y (3) la necesidad de la restauración de una simplicidad bíblica en la liturgia, vestimenta y gobierno de la Iglesia, de modo que una vida de  Iglesia bien ordenada promoviera la adoración del Dios trino como es prescrita en Su Palabra[17]. Su fe era un calvinismo dinámico; compartieron la pasión de Pablo por la santidad personal y por la gloria de Cristo en su iglesia; y su propósito constante y unificador era promover la predicación espiritual y buscar la revitalización del ministerio.[18]

J. I. Packer escribe: “Los Puritanos trataron de aplicar las verdades eternas de la Escritura a las circunstancias particulares de su propio día: moral, social, política, eclesiástica, etc. Si mantenemos la verdadera tradición puritana, debemos buscar aplicar esas mismas verdades a las circunstancias alteradas de nuestros días. La naturaleza humana no cambia, pero los tiempos sí; por lo tanto, aunque la aplicación de la verdad divina a la vida humana siempre será la misma en principio, los detalles de la misma deben variar de una época a otra.”

Sobre la evangelización

 Los puritanos no utilizaban la palabra “evangelización”, pero eran evangelizadores en todo sentido. Para ellos la evangelización era una tarea de la Iglesia centrada en las Escrituras, y particularmente sus Ministros. Ellos eran pescadores de hombres que llevaban  a estos a la fe y el arrepentimiento, y todo esto en una vida en santificación y piedad.

Al igual que los reformadores, los puritanos eran catequistas. Creían que los mensajes del púlpito debían ser reforzados por el ministerio personalizado mediante la catequesis –la instrucción en las doctrinas de la Escritura usando los catecismos-. La catequesis puritana fue evangelizadora en varios sentidos[18]. Varios de los ministros puritanos crearon catecismos con la mentalidad de ayudar a los niños, jóvenes y adultos en comprender las doctrinas de la Escritura, los padres eran instruidos, para  enseñar a sus propios hijos, y así fortalecer los fundamentos doctrinales de la Iglesia en contra del error, y por supuesto, como hacer apologética en este sentido. En su mayoría la catequesis era la continuación de los sermones, y una manera de alcanzar al prójimo. Joseph Alleine, según dicen, continuaba su obra del domingo, cinco días a la semana, catequizando a miembros de la Iglesia y alcanzando con el evangelio a gente que se encontraba en las calles[19].

Como vemos la catequesis era evangelizadora, y con razón de examinar el corazón de las personas. Tanto Reformados como puritanos usaron estos métodos bíblicos de enseñanza y evangelización, un sistema que con el tiempo fue perdiéndose y quedando en el olvido. En los siglos en que el avivamiento protestante estuvo en su más alto nivel, estos métodos eran las bases en las comunidades de creyentes. La base doctrinal es una falencia dentro de las iglesias confesionales en este siglo, y al echar una mirada al pasado, es necesario reconocer que el vino viejo es mejor que el nuevo.

Iain Murrai escribe: “Sería insensato ignorar la gran diferencia que existe entre nuestros días y los de nuestros antepasados del siglo diecisiete. Sus tiempos se caracterizaron por las poderosas operaciones del Espíritu de Dios. La observancia de la oración secreta y el culto familiar, la audiencia de sermones de dos horas de duración, la celebración de días de acción de gracias o de ayuno, eran tareas agradables para gran parte de la gente”

El error de la iglesia contemporánea es alejarse de la verdadera tradición reformada. Hoy vemos cómo se coquetea con el progresismo y el liberalismo teológico. Muchos de los nuevos ministros desconocen la piedad, desconocen el quebrantamiento de un corazón que ha contemplado la gloria de un Dios Santo y que está continuamente asombrado por la inmensidad de Dios. Pero alguno replicará que el mover de Dios se ve en estos movimientos, las iglesias se están llenando y que todo va bien, la misión avanza. Claramente existe un mover, pero ¿es el mover de Dios? ¿Es la predicación fiel centrada en Cristo en centro de este mover? Debemos hacernos estas preguntas y examinar lo que se nos presenta como bueno y agradable a nuestros corazones caídos.

Si miramos al pasado, el mover de Dios era en el poder del Espíritu Santo y en la predicación fiel del evangelio, que desembocaba en corazones totalmente quebrados ante el poder del evangelio. Iain Murray escribe: Thomas Goodwin, después de escuchar la predicación de Rogers de Dedham, colgó “un cuarto de hora llorando en el cuello de su caballo, antes de tener poder para montar”. Desde las Casas del Parlamento hasta las casas de humildes habitantes, la piedad era conocida y amada. Un escritor de historia de la Escocia del siglo XVII dice: “Hubo la atmósfera de un paraíso de comunión con Dios”.

Confesionalismo

 Hacia el año 1649 la Asamblea de Westminster había concluido el trabajo para el cual fue llamada. Los siguientes documentos fueron producidos: La confesión de fe, la forma de gobierno presbiterial, El catecismo mayor y el menor, el Directorio de adoración pública y el Salterio con 150 salmos[21].

El objetivo principal de la Asamblea de Westminster era estructurar un sistema de gobierno eclesiástico y adoración pública, que pudiera unificar los reinos de Inglaterra, Escocia e Irlanda. Uno de ellos, Parlamento inglés, declaro que la Asamblea de Westminster tenía poder y autoridad para asuntos y temas referidos a la adoración, disciplina y gobierno de la Iglesia, como también la vindicación, purificación de la doctrina, de todos los errores y calumnias[22]. En 1649 fue ratificada por el Parlamento de Escocia, para ser luego rescindida por el Parlamento de 1661, y luego nuevamente ratificada por el Parlamento de 1690[23].

En su mayoría, las Iglesias reformadas confiesan que estos documentos constituyen una fiel exposición de las doctrinas fundamentales de la Palabra de Dios. Por eso  creemos, y confesamos y los estudiamos como subordinados a la Palabra de Dios, que es la única regla de fe y conducta.

Como  Iglesias confesionales, la enseñanza estaba fundamentada en la Confesión, estos artículos que a lo largo de los siglos nos ha guardado del error y la herejía.

Un ejemplo son los Bautistas, y entre ellos los puritanos bautistas, fueron apegados a su Confesionalidad, en sus enseñanzas y catecismos, fuero practicantes de estos métodos en la comunidad y en la misión, uno de ellos era Charles Spurgeon, quien creo catecismos para la enseñanza de niños y adultos. Ante estos documentos, no sólo está el esfuerzo espiritual y teológico de un grupo de hombres, sino también la sangre de miles de mártires los cuales entregaron sus vidas por expandir el Reino de Dios por todo el mundo. Claramente la historia nos muestra el camino que hemos perdido durante el transcurso de los siglos, la enseñanza confesional y catequista que afirmó a la iglesia en los momentos más terribles en la historia de la humanidad. Que Dios incline nuestro corazón y haga atento nuestro oído a Su Palabra.

Meditemos

 La realidad en función de los métodos contemporáneos de enseñanza, muestran claramente las falencias que desembocan en la Misión. Partiendo epistemológicamente el problema es este, los fundamentos han sido cambiados y desplazados por métodos pragmatistas y humanistas que buscan resultados en base del sensacionalismo antropocéntrico. Pero este, es uno de los problemas, ya que por otro lado el intelectualismo ha llevado a muchos por los áridos desiertos de la Sola razón, dejando el corazón seco y olvidadizo del agua del Espíritu. No debemos despreciar lo que nos relata la historia, y no sólo ella, sino la Palabra de Dios. Hoy el debate ha llegado a estremecer nuevamente a la Iglesia, la Infalibilidad e inerrancia de las Escrituras está en juego, las bases epistemológicas están siendo cuestionadas de maneras aberrantes, nuevos vientos de guerra soplan queriendo derribar la comunidad de los santos. Y esta es la tarea de todo creyente confesional, reafirmar nuestros cimientos reformados, –¡Creemos y confesamos!-, este debe ser nuestro lema, pero no solo de palabra, sino entendido, vivido y enseñado dentro de la familia, comunidad y en cada esfera de la vida.

La Misión nos espera, es un mandato, pero esto comienza primeramente en nuestro corazón, debemos hacernos discípulos cada día y entender que ser un discípulo es ser hacedor de éstos. Los reformadores lo entendían de esta manera, no sólo era construir pirámides teológicas en las ciudades, como  algunos las construyen en las redes sociales, no, era mucho más que eso. Calvino en Ginebra se encargó de hacer teología, pero ésta tenía un fin, y era la Misión, ojalá esto se entendiera dentro del marco intelectualista seco y cruel de las redes sociales. Calvino creía en esto, y se manifestaba en cada predicación y enseñanza teológica, llevar el evangelio a todo el mundo. Lamentablemente hoy existen muchos creyentes satélites, que menosprecian la Iglesia[24], y la enseñanza. Este es un punto importante para la misión, pues no se puede llevar a cabo la salvación y edificación de los seres humanos fuera de la iglesia y sin la iglesia. Volvamos a nuestras raíces, volvamos a las Escrituras.

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del        Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” (Mat. 28: 19-20).

 

Escrito por Pablo Flores Figueroa

 

 

 

 

[1] Diccionario Strong en Español, e-Sword, Software.

[2] Diccionario Expositivo de Palabras del NT, W. E. Vine, e-Sword, Software.

[3] William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento, exposición al evangelio de San Mateo, página 41.

[4] Aquí mi deseo no es condenar estas actividades, ya que pueden ser de mucho provecho, pero el aislarlas puntualmente para el evangelismo como actividad única y efectiva lleva al error pragmatista  y humanista de estos días.

[5] Joel Beeke, La Espiritualidad Puritana y Reformada, pagina 45. (Juan Calvino, Commentary on Hebrews 10:24).

[6] William Hendriksen, Comentario ala Nuevo Testamento, exposición ala evangelio de San Mateo, página 41.

[7] Joel Beeke, La Espiritualidad Puritana y Reformada, Página 133, (Works of Thomas Brooks, 4:24).

[8] Thea B. Van Halsema, Así fue Calvino, página 18.

[9] Joel Beeke, La Espiritualidad Puritana y Reformada, Página 44.

[10] Joel Beeke, La Espiritualidad Puritana y Reformada, Página 46.

[11] Joel Beeke, Espiritualidad Puritana y Reformada, Página 47.

[12] Joel Beeke, Espiritualidad Puritana y Reformada, Página 47. (William Bouwsma, John Calvin: A Sixteenth-Century Portrair (New York: Oxford, 1988), 29).

[13] Joel Beeke, La Espiritualidad Puritana y Reformada, Página 48-49.í

[15] Joel Beeke, La Espiritualidad Puritana y Reformada, Página 49. (Philip E. Hugues, The Heritage of John Calvin, ed. John H. Bratt (Grand Rapids: Eerdmans, 1973), 44.)

[15] Colin Marshall y Tony Payne, El Enrejado y la Vid, Página 51.

[16] Joel Beeke, La Espiritualidad Puritana y Reformada, Página 50. Sermón de Calvino sobre 1 Timoteo 3:14

[17] Joel Beeke, La Espiritualidad Puritana y Reformada, Página 118.

[18] Puritan Papers

[19] Joel Beeke, La Espiritualidad Puritana y Reformada, Página 131.

[20] Joel Beeke, La Espiritualidad Puritana y Reformada, Página 132. Aquí el autor cita a C. Stanford, Joseph Alleine: His companions and Times (London, 1861).

[21] Los Estándares de Westminster, Confesión, Catecismos y Forma de Gobierno, Página xxii.

[22] Los Estándares de Westminster, Confesión, Catecismos y Forma de Gobierno, Página xx. (Warfield, B.B. 1991, The Westminster Assembly and its Work. Grand Rapids Michigan: Baker Book House, 15).

[23] Los Estándares de Westminster, Confesión, Catecismos y Forma de Gobierno, Página xxiv. El autor menciona que en la actualidad en Escocia, sólo dos iglesias  de importante implantación nacional, la Iglesia Libre de Escocia y la Iglesia Presbiteriana Libre de Escocia son las más fieles a las enseñanzas de la Confesión de fe de Westminster.

[24] Humberto Casanova, Los Pastores y el Rebaño, Página 147.

 

 

 

 

LA ILUSTRACIÓN CALVINISTA VS. LA ILUSTRACIÓN HUMANISTA

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Dos ilustraciones y Estado moderno

El Estado moderno tiene sus orígenes y desarrollo en el periodo histórico  conocido como “La Ilustración”.  Sin embargo, la Ilustración no fue un evento único, ni propio de una nación o  grupo exclusivo de pensadores.
Generalmente el movimiento de la ilustración se relaciona inmediatamente con  pensadores franceses como Voltaire, Montesquieu, Diderot, D’alembert, y el ginebrino  Rousseau. Pero, como bien dice Francisco Joaquín Cortés García 1 , existen dos  ilustraciones: la francesa y la escocesa2. En esta parte del ensayo nos dedicaremos a analizar las diferencias entre las dos ilustraciones, y la forma como cada una de ellas entendió a la sociedad y el Estado.
En primer lugar, la ilustración escocesa tenía la visión de que la “sociedad”, en esencia, era de orden natural, no diseñable, ni predecible. En palabras del filósofo A. Ferguson, el orden social era algo misterioso3, por lo tanto, la sociedad no era planificable4. En cambio, la ilustración francesa creía que la sociedad era inteligible, predecible, y por ello afecta a ser modificada, manipulada y sujeta a experimentación social. A esto último se le llamó “el mito del legislador”5
En segundo lugar, la mayoría de los ilustrados escoceses concebían al hombre como un ser “imperfecto”, o “caído”. Tenían la idea de un ser humano “defectuoso”, por lo cual, el hombre poseía una razón defectuosa, era imperfecta, y por ello debía ser educado para el bien de la sociedad. Así, la ilustración de Escocia dudaba del poder infalible de la “razón”6, lo que la llevó a negar el racionalismo. A contrario sensu, la ilustración francesa creía en la autonomía de la razón, y postulaba que esta autonomía sería el instrumento eficiente para modificar la sociedad, y reconstruirla desde las cúpulas hasta sus bases. Así, los ilustrados franceses creían que la sociedad podía ser “racionalizada”, “repensada”, y “re-ingeniada” a través de un proceso que comenzaba desde arriba hacia abajo7.

En tercer lugar, la ilustración escocesa creía que la sociedad no se construye a partir del egoísmo o interés particular, sino del amor, o de lo que hoy llamamos el interés general8. Como ejemplo tenemos al ilustrado y pastor presbiteriano Francis Hutcheson9, quien enseñó la “teoría del sentido moral”, la cuál proponía que Dios le entregó a los seres humanos la facultad de distinguir entre el bien y el mal, o entre lo moralmente correcto o incorrecto. En efecto, los ilustrados escoceses conocían las doctrinas de la “providencia” y de la “gracia común”10. Escocia no endosaba a la mera razón el progreso social, sino más bien, postulaba que el fundamento del progreso social estaba sostenido en lo que ellos llamaban el “sentido moral” de los seres humanos, y este sentido moral desarrollaba las “cualidades amables” (amiable quialities) en las personas. Al respecto, Adam Smith decía: “Por más que el hombre tenga rasgos egoístas, existen evidentemente en la naturaleza principios que lo interesan en la suerte de los otros y que hacen que la felicidad de ellos le sea necesaria por más que no derive nada de esto, salvo el placer de poder contemplarlo. De esta clase son los sentimientos de piedad o compasión, la emoción que sentimos por la miseria de otros, cuando la vemos o cuando la percibimos nítidamente. Que sentimos tristeza por las penas ajenas es un hecho tan obvio que no necesita ser probado. Este sentimiento, igual que las otras pasiones originales de la naturaleza humana, no está confinado a los más virtuosos y compasivos, por más que éstos los puedan sentir con una sensibilidad más refinada. El más grande de los rufianes, o el máximo violador de las leyes sociales, no está completamente desprovisto de los mismos sentimientos”11.

En cambio, los franceses, con su “idolatría” por la razón, y la arrogancia de planificar la sociedad, sostuvieron que la sociedad progresaba y se organizaba a través del “contrato social” (tal como lo definía el ginebrino Rousseau). En otras palabras, el hombre no posee una naturaleza ni política, ni social (zoon politikón), sino que el hombre es un ser esencialmente cultural, y será el “contrato social”, o el acuerdo de voluntades entre civiles y autoridades, lo que determinará el fundamento final del orden social12, y todo esto a causa de un interés egoísta e individualista.

En cuarto lugar, Escocia negaba que la “sola” razón podía modelar la vida en sociedad, sino que esta debía estar unida a un proceso reflexivo impulsado también por la moral. La virtud no nace de una razón infalible e inerrante, sino de un sentido moral superior, y que es connatural al ser humano. Escocia piensa que, “Europa se constituye como el lugar donde la política y el orden social procuran en primer lugar el bien público y que tal bien no es el que protege a cada quien para que haga lo que desee… sino el que procura reconocimiento, acogimiento para que el particular pueda desarrollar su primer instinto de sociabilidad (o sentido moral)”13.

Esto significa que según ilustrados escoceses el ordenamiento jurídico y social (costumbre, normas, y convenciones humanas), serán permanentes sólo si hacen viable la paz social, y el bien común de la sociedad14. En otras palabras, la sociedad debe medirse por el progreso y no según el proceso. En cambio, los ilustrados franceses miraban la moral como algo utilitario, práctico, constructivista, e inventado, como un elemento más de la sociedad que debe ser utilizado para llegar al fin preestablecido por sus diseñadores. Para ellos, lo único que importa es el fin, el telos, la meta prediseñada. La sociedad es teleológicamente humanista (diseñada por el hombre), y la moral solo es un instrumento más en la consecución del objetivo. Esto último, es a lo que Adam Smith llamó como “El hombre del sistema” (The man of system), es decir, aquellos que buscan reorganizar la sociedad como si ésta fuera una pieza de ajedrez, pero sin respetar los principios del ajedrez, sino más bien imponiendo nuevos criterios, cambiando las reglas del juego, y manipulando la sociedad como si las personas fueran meros peones del juego15.

Quizás, este es el elemento más característico de la ilustración francesa, elevar la razón a un plano divino, y adorarla como si esta fuera un “dios”. Un dios que tenía el poder de modelar la vida social, económica, política, familiar etc. Ejemplo de esto son las “fiestas de la Razón” en Francia, donde fue declarada proscrita la cristiandad, y se instaló el culto a la razón. No en vano el 10 de noviembre de 1793 se declaró a la razón como una “diosa”, y se nombró a la Catedral de Estrasburgo como el “Templo de la Razón”16.

Por encima de todo, los escoceses se preocupaban por la exploración de la naturaleza humana en el sentido más amplio. Consideraban al hombre como “imagen de Dios”, y dejaban espacio para que la fe y la iglesia influyeran en la sociedad. Por este motivo, los escoceses eludían todo tipo de intervencionismo agresivo, y avasallador en la sociedad. Escocia, no cree que la sociedad deba ser una estructura manipulable, y mucho menos busca descomponer la sociedad para luego reconstruirla según los esquemas cuadrados y preconcebidos de la élite racionalista.

Consecuencias

Las consecuencias políticas y sociales de cada escuela son inevitables y evidentes. Por ejemplo, para la ilustración escocesa los cambios a una Constitución deben ser prudentes, mesurados, y jamás buscar resultados impuestos por la clase gobernante. En la práctica, debe haber un mínimo de leyes, claras, transparentes, y que respeten la tradición e instituciones de la comunidad. Dejemos que el mismo ilustrado David Hume nos explique cuál es la idea de Constitución que tenían los escoceses: “…debemos procurar que una forma de gobierno real se acerque a ese ideal lo más que sea posible mediante suaves alteraciones…que eviten introducir perturbaciones graves en la vida social”17…“la gente no reconoce autoridad a lo que no tiene la recomendación de la antigüedad. Entrometerse, por lo tanto, en estas cosas, o intentar experimentos sobre la base exclusiva de un buen argumento y una supuesta filosofía, no debe nunca ser la conducta de un magistrado sabio, que debe tener siempre una actitud reverente frente a lo que tiene la marca del tiempo y que, aunque intente alguna mejoría para el bien público, debe ajustar en lo que sea posible las innovaciones… manteniendo enteros los pilares básicos de la Constitución (…) En todos los casos es conveniente saber cuál es la Constitución más perfecta, y debemos procurar que una forma de gobierno regular se acerque a ese ideal lo más que sea posible mediante suaves alteraciones…que eviten introducir perturbaciones graves en la vida social”18

“… es necesario para preservar la estabilidad que la nueva generación adhiera a la Constitución establecida y siga el camino que emprendieron sus padres, como éstos lo hicieron continuando en la huella de sus antecesores. Algunas innovaciones tienen necesariamente que ocurrir en las instituciones humanas, y es una instancia feliz si el genio ilustrado de una época las encamina al campo de la razón, la libertad y la justicia… Nadie tiene derecho a introducir innovaciones violentas, las que son muy peligrosas aunque emanen de la legislatura. Muchos más males que beneficios se derivan de esta actitud…” 19.

Claramente los ilustrados franceses no pensaban de la misma manera. Lailustración francesa impulsó y promovió complejos sistemas de control, muchas leyes, dando prioridad al Estado, y siempre buscando resultados. Podemos decir que, políticamente, la ilustración escocesa fue pluralista, y la francesa fue colectivista.

Cuando decimos que Francia era “colectivista”, nos estamos refiriendo a que consideraba que el Estado estaba por sobre los derechos de las personas, y privilegiaba los grupos y actores sociales que estaban en estrecha relación y armonía con los delineamientos del “programa”. Por su parte, cuando decimos que Escocia era “pluralista”, queremos expresar que consideraba más importante los derechos básicos y naturales del individuo, es decir, la vida, la libertad, la propiedad privada y la familia, además de valor las distintas vocaciones y roles que cumplía el individuo en sociedad.
El “pluralismo” de Escocia puede ser relacionado e interpretado con lo que Abraham Kuyper20 llamó como las “Esferas de Soberanía”21. Esto significa que cada actividad que se desarrolla en la sociedad tiene su propia naturaleza establecida por Dios, y a la vez posee en sí misma su dominio y competencia propia. Así, ningún sector, o grupo social, puede ejercer control o dominio sobre otro.
Ni el Estado, ni ningún otro poder, pueden ejercer control absoluto, ni tampoco regular caprichosamente las relaciones y actividades humanas, familiares, economicas, laborales etc. Nadie puede violentar la naturaleza de las instituciones que Dios creó en este mundo. Quien pretenda hacer esto se arroga un rol divino, y se levanta contra la Palabra de Dios, y contra el Señorío de Cristo.
En la misma dirección, Adam Smith nos habla de las distintas esferas que operan en la sociedad, y nos recomienda la menor intervención del Estado sobre ellas: “Cada individuo, en su localidad, puede juzgar mucho mejor que el estadista o que el legislador en qué tipo de industria local puede emplear su capital… El estadista, que pretende indicar a los empresarios privados de qué manera deben emplear sus capitales, no solamente carga con un problema totalmente innecesario, sino que asume una autoridad que no se le puede confiar a un individuo, ni a un consejo o senado, y que puede ser muy peligrosa en las manos de una persona que tiene la presunción y la estupidez de creerse en condiciones de llevarla a cabo”22…
Así mismo, David Hume nos confirma: “La mayoría de los oficios y profesiones en un Estado son de tal naturaleza que, a la par que promueven los intereses de la sociedad, son también útiles y agradables para los individuos; y, por esta razón, la regla constante del magistrado… debe ser dejar la profesión a sí misma, y confiar su estímulo a aquellos que derivan beneficios de ella”23
En resumen, Francia, pensaba que la “razón” (y solo la de de algunos) era la máxima a seguir por parte de la sociedad y del Estado. Que la sociedad podía ser repensada y re-construida en beneficio de los fines del “Estado”, es decir, metas preestablecidas e impuestas sobre el individuo y su familia.
No obstante, Escocia, contestaba que el Estado no debe imponer fines colectivos ni coercitivos sobre la sociedad, porque ésta se construye de forma innata conforme a leyes pres-establecidas en la naturaleza, y por lo tanto, el Estado no debe imponer sus criterios dogmáticos e ideológicos a la sociedad, ni tampoco a los cuerpos intermedios que la estructuran. A esto último llamamos principio de subsidiariedad, o doctrina de las esferas de soberanía.

La herencia calvinista y presbiteriana

Pero, ¿qué determinó que el pensamiento de Escocia fuera diferente al de Francia?
Para saber la respuesta, debemos remontarnos a lo que conocemos como la “teología del pacto escocesa”.

En esencia, la teología del pacto enseñaba que Dios tenía una relación de alianza, o convenio con el hombre. Dios era el Señor de la creación. Así, todas las condiciones de vida fueron creadas y establecidas por Dios, por tanto, el hombre en su condición de criatura, debía someterse a las ordenanzas divinas, y vivir conforme a las condiciones establecidas por Dios que se revelan tanto en las leyes de la naturaleza así como en la Sagrada Escritura.
La gran mayoría de los escoceses entendían de esta forma la constitución del hombre y la sociedad. Para ellos, “el pacto con Dios” determinaba las condiciones e instituciones de la existencia humana y su convivencia en sociedad. Sus leyes, su ordenamiento social, sus relaciones humanas, el rol del Estado, los deberes del hombre, la libertad de conciencia, la economía, el matrimonio, la familia etc.
Con la llegada de la reforma calvinista24, Escocia abrazó integralmente la teología del pacto, y esta misma permeó por completo la vida social, intelectual, académica, familiar, política, legal, laboral y comercial de la sociedad Escocesa.
Muchos historiadores concuerdan que la historia e idiosincrasia escocesa no podría ser entendida sin la consideración de la teología del pacto. En palabras del teólogo e historiador Henry F. Henderson: “Escocia ha sido tanto un hogar así como un campo de batalla para la teología”.25
No en vano el célebre profesor de historia de la “Royal Society of Edinburgh” Tom Devine dijo: “Pero, sobre todo, fue una Ilustración cristiana, profundamente influenciada por el calvinismo, y la mayoría de sus figuras centrales abrazaron los valores cristianos… La identidad escocesa está indisolublemente unida al Calvinismo…, y la obsesión por la moral calvinista fue uno de los precursores de las nuevas ciencias sociales, mientras que la necesidad de entender el diseño divino fue también un conductor de la ciencia… no se puede escapar del hecho de que el calvinismo cambió la forma, la naturaleza y el sello de la Ilustración escocesa más que cualquier otro factor interno o externo”26.
Muchos de los ilustrados escoceses fueron ministros de la Iglesia presbiteriana de Escocia: Rev. William Robertson, Rev. Hugh Blair, Rev. Thomas Reid, Rev. Adam Ferguson, Rev. George Campbell, Rev. Francis Hutcheson. Rev. Hugh Blair, Rev. John Witherspoon etc.
También podemos mencionar otros ilustrados escoceses que sin ser ministros presbiterianos, fueron fuertemente influenciados por las enseñanzas calvinistas de sus padres27. Por ejemplo, John Napier, descubridor de los logaritmos y del punto decimal en las operaciones aritméticas (Muy conocido por su fervor presbiteriano calvinista); Adam Smith, presbiteriano, quién desarrolló su teoría social y económica a partir de la doctrina calvinista de la providencia divina; James Beattie (poeta y moralista); y los ilustrados Lord Kames y George Turnbull entre tantos otros.
A modo de anécdota se cuenta que el gran economista Adam Smith refiriéndose al predicador escocés Ebenezer Erskine dijo: “Señor, usted nunca ha oído el evangelio en toda su majestad si no ha oído predicar a Ebenezer Erskine”28.
En resumen, la ilustración de Escocia no bebió, ni se nutrió de los ilustrados racionalistas franceses, sino más bien de la fe calvinista heredada de John Knox y los antiguos presbiterianos escoceses.
Como bien diría Alasdair MacIntyre: “Allí” estaban la iglesia establecida de Escocia, presbiteriana de hecho, calvinista en sus documentos oficiales, la confesión de fe de Westminster y los catecismos mayor y menor… Era raro encontrar en la Escocia de la época un profesor, un predicador o un hombre activo que no estuviese preocupado por los problemas políticos y económicos… «abogados, profesores y clérigos produjeron la literatura más sobresaliente de la Ilustración escocesa”29

Rev. Walter Vega, V.D.M

1 Fco. Joaquín Cortés García, “Economía y Sociedad en la era del hombre Faústico”, (Editorial Universidad de Almeria, 2009) Pág. 334

2 También lo dice Hayek.

3 “Como los vientos, que provienen no sabemos de dónde y soplan hacia donde quieren, las formas de la sociedad se derivan de un origen oscuro y distante; surgen, mucho antes de la fecha de la filosofía, de los instintos de los hombres, no de sus especulaciones… las naciones tropiezan con instituciones que son, desde luego, el resultado de la acción humana, pero no la ejecución de un designio humano» » A. FERGUSON, “An Essay on ihe History of Civil Society” (Edinburgh, 1966) Pág. 122

4 «No podemos adscribir a un designio previo lo que sólo a través de la experiencia puede llegar a conocerse y lo que ninguna sabiduría humana puede prever (Ibid. Pág. 123)
5 “El “mito del legislador” consistía en la creencia de que un grupo lúcido de gobernantes podía diseñar detalladamente las instituciones que promoverían la felicidad de la especie. Esta manera de observar la realidad estaba estrechamente ligada a las ideas contractualistas, también en boga por aquellos años” Ezequiel Gallo, “La Ilustración Escocesa” (Estudios públicos) Pág, 274

6 “La virtud y la vida moral tienen que ver directamente, no con la razón, sino con el sentido moral, cuya combinación con el desarrollo del conocimiento no es de ninguna manera inequívoca”. Montoya Saenz J. “La Ilustración Escocesa y La Idea de Progreso” (Conocimiento y Racionalidad, Madrid, 1992) Pág. 625

7 “las descomponen en lo que ellos suponen es su elemento primario, el hombre individual, para luego en un proceso inverso, recomponerlas a partir de ese hombre individual, bajo la forma de una sociedad politica, establecida voluntariamente por esos mismo individuos”

8 “De lo anteriormente dicho se debe deducir que los primeros principios son evidentes (para la sana reflexión) y por ello no parten del egoísmo (del interés particular) sino del amor (del interés general o bien público). MacIntyre, A. “Justicia y racionalidad. Conceptos y contextos” (Barcelona, Ediciones Internacionales Universitarias 1994)

9 Fue el hombre que más influyó en los ilustrados A. Smith y D. Hume.

10 “La administración del gran sistema del universo, el cuidado de la felicidad universal de todos los seres racionales y sensibles, es el negocio de Dios y no de los hombres. A éstos se les ha dado un departamento mucho más humilde aunque más adecuado a la debilidad de sus poderes y a la cortedad de su comprensión: el cuidado de su propia felicidad, de la de su familia, de sus amigos y de su localidad”. Smith, Adams. “The Theory of Moral Sentiments” (editado por Raphael, D. D. y Macfie, A. L., Indianapolis: Liberty  Fund, 1982) Pág. 386

11 Smith, Adams. “The Theory of Moral Sentiments” (editado por Raphael, D. D. y Macfie, A. L., Indianapolis: Liberty Fund, 1982) Pág. 47

12 “se abandona así el terreno de los hombres concretos, de carne y hueso, con su inmensa variedad, para trabajar sobre la base de un hombre abstracto, que no existe en ninguna parte ni en ninguna epoca… para los filósofos ilustrados (franceses) las cosas son más simples, con una mentalidad mecanicista analizan las comunidades humanas, como si se tratara de artefactos técnicos”. Bernardino Bravo Lira, “Historia de las instituciones políticas de Chile e Hispanoamérica” (Santiago, Edit. Andres Bello, 1993) Pág. 143

13 j. Seoane, “Ilustración escocesa, sociedad civil y la Europa que podemos soñar”, Pág. 403

14 “En una apretada síntesis, Hume enumera algunos ejemplos que hemos venido considerando: la propensión a exigir preferencia, se contrarresta con la norma que impone ser deferente con los demás y darles prioridad; la propensión a despreciar a determinadas personas, por sus achaques, indefensión, edad, etc, se contrapesa con la norma que impone mostrar mayor respeto a débiles, ancianos, enfermos, forasteros, mujeres, etc56. De este modo, como apuntábamos, las normas convencionales sirven al propósito de encauzar y facilitar nuestra inclinación sociable” Ana Marta González. “La oposición de pasiones y su superación en el trato social según Hume: familia, castidad y cortesía” (Thémata. Revista de Filosofía. Número 44. Universidad de Navarra 2011) Pág. 322

15 “El hombre de sistema (…) es muy apto, por su vanidad, para creerse muy sabio y está habitualmente tan enamorado de la supuesta belleza de su plan ideal de gobierno, que no puede tolerar la menor desviación en ninguna de sus partes. Se propone implementarlo totalmente y en cada una de sus partes, sin ninguna consideración por los grandes intereses o los fuertes prejuicios que se le pueden oponer; parece imaginar que puede ordenar a los diferentes miembros de una sociedad con la misma facilidad con que la mano ordena las piezas de un tablero de ajedrez. Olvidó que las piezas del tablero no tienen otro principio de movimiento que el que le otorga la mano; pero que en el gran tablero de la humanidad cada pieza del tablero tiene su propio movimiento, casi siempre diferente del que intenta imprimirle la legislatura. Si los dos principios coinciden y van en la misma dirección, el juego de la sociedad será́fácil y armonioso, y tiene posibilidades de ser feliz y exitoso. Si son opuestos o diferentes, el juego se desarrollará miserablemente, y la sociedad estará́siempre en el máximo grado de desorden”. (Smith, TMS, pp. 380-1.)

16 “No resulta un hecho fortuito que la exaltación racionalista llegase a su paroxismo en la adoración de la diosa Razón, simbolizada en aquella prostituta que en los días aciagos de la Revolución Francesa reemplazó a la imagen de Nuestra Señora nada menos que en Notre-Dame de París”. ALFREDO SÁENZ, S.J. “La Cristiandad Una Realidad Histórica”. (Fundación GRATIS DATE. Pamplona, 2005) Pág. 195

17 Ezequiel Gallo, “La Ilustración Escocesa” (Estudios públicos) Pág. 277-278

18 Hume, Essays, pp. 513- 514.

19 Hume, Essays, pp. 476-477

20 Abraham Kuyper, primer ministro de Holanda entre 1901 y 1905. Intelectual de elevada erudición, doctor en teología, periodista, creador del periódico holandés “De Standaard”, y fundador del partido político “anti-revolucionario”. Uno de los teólogos reformados y presbiterianos con mayor influencia a fines de los siglos XIX y XX.

21 “Dios es absolutamente soberano, mientras que la autoridad entre los falibles seres humanos está  dividida entre distintas esferas” (Lael Weinberger, “The relationship between sphere sovereignity and subsidiarity”, en Global Perspectives on Subsidiarity, ed. Michelle evans y augusto Zimmermann (Nueva York: springer, 2014), 52.

22 Adam Smith, “The Wealth of Nations” (Canada, Published by Random House Publishing 2000) Pág, 456

23 Hume, History p. 135

24 “far more important tan any stoic influence was calvinist theology wich dominated Scottish life from de 16 th century until well into the 19 th century”. Paul Oslington. “Adam Smith as Theologian” (Routledge, New York, 2011) Pág. 6

25 Henry F. Henderson, The Religious Controversies of Scotland, Edinburgh: T&T Clark, 1905, pp. 2-3.

26 Tom Devine, The Royal Society of Edinburgh. Edinburgh Book Festival The Enlightenment – the international influence and impact of Scotland and the Scots, Professor Tom Devine, 17 August 2009. Report by Peter Barr

27 Debemos reconocer que no todos ellos se adherian completamente a la Confesion de fe de Westminster. Pero podemos decir con total propiedad que la teología del pacto había porducido en ellos una graninfluencia, de ahí sus desacuerdos con la ilustración francesa.

28 Joel Beeke, “La espiritualidad puritana y reformada” (Publicaciones Faro de Gracia, Mexico, 2008) Pág, 198

29 María Isabel Wences Simón, “Teoría social y política de la ilustración escocesa: una antología”. (Plaza y Valdés editores, Madrid, 2007) Pág, 16

 

 

LA ECONOMÍA DE LOS DIVINOS PACTOS (Libro 1)


Capítulo I: Sobre los pactos divinos en general

Quienquiera que intente hablar sobre el tema y el diseño de los Pactos Divinos, por el cual la salvación eterna se adjudica al hombre, en ciertas condiciones igualmente dignas de Dios y de la criatura racional, debe, sobre todo, tener una consideración sagrada e inviolable a la oráculos celestiales, y ni el prejuicio ni la pasión entremezclan cualquier cosa que no esté firmemente persuadida, que está contenida en los registros, los cuales sostienen estos pactos al mundo. En efecto, si Zaleucus hacía que los intérpretes litigiosos de sus leyes hicieran una observación: “Que cada parte explique el significado del legislador en la asamblea de los mil, con cabezas alrededor de sus cuellos, y que cualquier partido que aparezca para arrancar el sentido de la ley, deben, en la presencia de los mil, poner fin a sus vidas por los soportes que llevaban “, como Polybius, un autor muy grave se refiere, en su historia, el libro xii. do. 7; y si los judíos y los samaritanos de Egipto, dispuestos cada uno en su templo, fueran admitidos a alegar ante el rey y sus cortesanos sólo con esta condición, que “los defensores de cualquiera de los partidos, frustrados en la disputa, serían castigados con la muerte” según Josefo en sus antigüedades; libro xiii. 6, ciertamente él debe estar en mayor peligro y más susceptible a la destrucción, que se atreverá a pervertir y arrancar los misterios sagrados de los Convenios Divinos; nuestro Señor mismo declarando abiertamente que “cualquiera que rompa uno de estos mandamientos, y así enseñe a los hombres, será llamado el menor en el reino de los cielos” (Mat. 5:19. Es, por lo tanto, con una especie de temor sagrado que emprendo esta obra; rogando a Dios que, dejando a un lado todos los prejuicios, pueda degradarme un discípulo manejable de las Sagradas Escrituras, y con modestia impartir a mis hermanos, lo que creo haber aprendido de ellos: si felizmente mi mala actuación puede servir para disminuir el número de disputas, y ayudar a aclarar la verdad; que nada debe ser considerado más valioso.

II. Como es por las palabras, especialmente las palabras de aquellas lenguas en las que Dios se complació en revelar sus misterios sagrados a los hombres, que con el éxito de las esperanzas llegamos al conocimiento de las cosas, valdrá la pena indagar en la importación tanto de la palabra hebrea ברית, y el griego διαθὴκη, que el Espíritu Santo hace uso de sobre este tema. Y primero, debemos dar la etimología verdadera, y luego las diferentes significaciones, de la palabra hebrea. Con respecto a los primeros, los eruditos no están de acuerdo: algunos lo derivan de ברא, que en Piel significa cortar; porque, como observaremos ahora, los pactos fueron solemnemente ratificados cortando o dividiendo animales. También puede derivarse de la misma raíz en una significación muy diferente; pues ברא significa propiamente crear, así, metafóricamente, ordenar o disponer, que es el significado de διατιθέσθαι. Y por lo tanto es, que los judíos helenistas hacen uso de το κτιζειν. Ciertamente es en este sentido que Pedro, 1 Ped. 2:13, llama a ἐξεσιά, poder designado por hombres, y para propósitos humanos, ἂνθρωπίνη κτίσις, “la ordenanza del hombre”; que, creo, Grotius ha observado docentemente sobre el título del Nuevo Testamento. Otros más lo han derivado de ברח (como שבית de שבה), significando, además de otras cosas, elegir. Y en los pactos, sobre todo de la amistad, hay una elección de personas, entre las cuales, de las cosas sobre las cuales, y de la condición sobre la cual, un pacto es entrado en: ni esto es incorrectamente observado.

III. Pero ברית es tomado de diversas maneras en la Escritura: a veces incorrectamente, ya veces correctamente. Improperly, denota las cosas siguientes: -1st. Una ordenanza inmutable hecha sobre una cosa: en este sentido Dios menciona “su pacto del día, y su pacto de la noche”, Jer. 33:20. Es decir, esa ordenanza fija hecha sobre la ininterrumpida vicisitud del día y de la noche, que, cap. 31:36, se llama חק, es decir, estatutos, limitados o fijos, a los cuales nada debe añadirse o quitarse. En este sentido se incluye la noción de un testamento, o de una última voluntad irrevocable. Así dijo Dios, Numb. 18:19 “Te he dado a ti ya tus hijos ya tus hijas contigo להק עילם ברית מלח עילם חיא, por estatuto perpetuo: es un pacto de sal para siempre”. Esta observación sirve para explicar mejor la naturaleza del pacto de gracia que el apóstol propone bajo la semejanza de un testamento cuya ejecución depende de la muerte del testador Heb. 9:15, 16, 17. A qué noción tanto el hebreo ברית, como el griego διαθὴκη, pueden conducirnos. 2dly. Una promesa segura y estable, aunque no mutua. Exod. 34:10: “הנה אנכי ברת ברית he aquí, hago pacto, y haré maravillas delante de todo tu pueblo.” Es un. 59:21: “Este es mi pacto con ellos, mi espíritu no se apartará de ellos.” 3dly. Significa también un precepto; y cortar o hacer un pacto, es dar un precepto. Jer. 34:13, 14: “Hice un pacto con vuestros padres, diciendo: Al cabo de siete años vayáis cada uno su hermano”. De ahí que aparezca en qué sentido el decálogo es llamado pacto de Dios. Pero correctamente, significa un acuerdo mutuo entre las partes con respecto a algo. Tal pacto pasó entre Abraham, Mamre, Escol, y Aner, que se llaman, בעלי ברית אברם “confederados con Abraham,” Gen. 14:13. Tal fue también la de Isaac y Abimelec, Gn. 26:28, 29; entre Jonatán y David, 1 Sam. 18: 2. Y de esta clase es también lo que ahora debemos tratar de entre Dios y el hombre.

IV. No menos equívoco es el διαθὴκη de los griegos, que, singular y pluralmente, denota muy a menudo un testamento; como lo muestra Budœus, en su Comentario. Abadejo. Græc. de Isócrates, Æschines, Demóstenes y otros. En este sentido, insinuamos, fue usado por el apóstol, Heb. 9:15. A veces, también, denota una ley, que es una regla de vida; para los Orphici y los Pitagóricos denominadas las reglas de vida, prescritas a sus alumnos, διαθήκαι, según Grotius. También significa a menudo un compromiso o acuerdo; por lo que Hesíquio lo explica por συνωμοσία, confederación. No hay ninguna de estas significaciones, pero será de uso futuro en el progreso de este trabajo.
V. Hacer un pacto, los hebreos llaman בראת ברית, para hacer un pacto, de la misma manera que los griegos y los latinos, ferire, icere, percutere fœdus; que sin duda tuvo su origen en la antigua ceremonia de matar animales, por la cual se ratificaron los pactos. De este rito observamos rastros muy antiguos, Gén. 15: 9, 10. Esto fue, pues, primero mandado por Dios, o tomado prestado de alguna costumbre existente. Emphatical es lo que Polybius, libro iv. pag. 398, se refiere a los Cynæthenses, ἐπὶ τῶν σφαψίων τοὺς ὅρκους ἐδιδοσαν ἀλλήλοις, “sobre las víctimas asesinadas hicieron un juramento solemne, y pusieron la fe el uno al otro:” una frase claramente similar a la que Dios usa, Sal. 50: 5, עלי זבח, כרתי בריתי “los que han hecho pacto conmigo por sacrificio.” También solían pasar en medio entre las partes divididas de la víctima cortada en pedazos, Jer. 34:18. Quien quiera saber más sobre este rito puede consultar Grotius con Matt. 26:28, y Bochart en su Hierozoicon, libro ii. 33, pág. 325, y Theolog de Owen, libro iii. 1. Era igualmente una costumbre, que los acuerdos y pactos fueran ratificados por solemnes fiestas. Ejemplos de los cuales son evidentes en la Escritura. Así que Isaac, habiendo hecho un pacto con Abimelec, se dice que hizo una gran fiesta, y que comió con los invitados, Gen. 26:30. De la misma manera actuó a su hijo Jacob, después de haber hecho un pacto con Labán, Génesis 31:54. Leemos de una fiesta similar a la federal, 2 Sam. 3:20; donde se da una relación de la fiesta que David hizo para Abner y sus siervos, que vinieron a hacer un pacto con él en el nombre del pueblo. También era costumbre entre los paganos, como lo demuestra el erudito Stuckius en sus Antiquitates Conviviales, lib. yo. 40.
VI. Tampoco eran estos ritos sin su significación. El corte de los animales denotó que, de la misma manera, los perjuros y los rompientes del convenio debían ser cortados por la venganza de Dios. Y con este propósito es lo que Dios dice, Jer. 34:18, 19, 20: “Y daré a los hombres que han transgredido mi pacto, que no han cumplido las palabras del pacto que habían hecho delante de mí, cuando cortaron el becerro en dos y pasaron entre las partes los entregaré en manos de sus enemigos, y sus cuerpos muertos servirán de alimento para las aves del cielo y para las bestias de la tierra “. Véase 1 Sam. 11: 7. Una forma antigua de estas execraciones existe en Tito Livio, libro i: “El pueblo romano no rompe primero estas condiciones, sino que si ellas, declaradamente y por traición, las rompen, ¡oh Júpiter, ese día, así golpearé al pueblo romano, como hago ahora este cerdo, y será el golpe más pesado como tu poder es el mayor “. Por la ceremonia de los confederados que pasaban entre las partes cortadas, se significaba que, unidos ahora por los lazos más estrictos de la religión, y por un juramento solemne, formaban un solo cuerpo, como Vatablus ha señalado en Génesis 15:10. Estas fiestas federales eran muestras de una amistad sincera y duradera.

VII. Pero cuando Dios, en las solemnidades de sus pactos con los hombres, consideró apropiado usar estos o los ritos similares, la significación era aún más noble y divina. Los que hicieron pacto con Dios por el sacrificio, no sólo se sometieron al castigo, sino que, rebelándose impiamente de Dios, desecharon su pacto; pero Dios también les señaló que toda la estabilidad del pacto de gracia se fundó en el sacrificio de Cristo y que el alma y el cuerpo de Cristo fueron un día separados violentamente. “Todas las promesas de Dios en él son sí, y en él Amén” (2 Cor. 1:20. Su sangre es la “sangre del Nuevo Testamento”, Mat. 26:28, de una manera mucho más excelente, que aquella con la cual Moisés roció tanto el altar como el pueblo entró en el pacto, Exod. 24: 8. Aquellos banquetes sagrados, a los que los convenidos fueron admitidos ante el Señor, especialmente los que instituyó el Señor Jesús bajo el Nuevo Testamento, sellan o ratifican muy eficazmente esa íntima comunión y comunión que existe entre Cristo y los creyentes.
VIII. Hay hombres sabios, que a partir de este rito explicaría esa frase, que tenemos, Numb 18:19 y 2 Crónicas. 14: 5, de un pacto de sal, es decir, de un pacto de amistad, de naturaleza estable y perpetua “, que parece denominarse así, porque la sal se usaba habitualmente en sacrificios, para significar que el pacto era se aseguraba de observar los ritos habituales “, dice Rivet en Genesis, Exercit. 136. A menos que preferiéramos suponer que la consideración que se hace aquí tiene que ver con la pureza de la sal, por la cual se resiste a la putrefacción ya la corrupción, y por lo tanto prolonga la duración de las cosas y, de alguna manera, las hace eternas. Por esa razón, se cree que la esposa de Lot se convirtió en un pilar de sal; no tanto, como observa Agustín, “para ser una advertencia para nosotros”, como un monumento perdurable y perpetuo del juicio divino. Pues toda la sal no está sujeta a la fusión: Plinio dice que algunos árabes construyen muros y casas de bloques de sal, y los cementan con agua, Nat. Hist. libro xxxi. 7.

IX. Habiendo premiado estas cosas en general sobre los términos del arte, indaguemos ahora en la cosa misma, a saber. la naturaleza del pacto de Dios con el hombre; que yo defino así: “Un pacto de Dios con el hombre es un acuerdo entre Dios y el hombre, sobre la manera de obtener la felicidad consumada, incluida la comminación de la destrucción eterna, con la cual el despreciador de la felicidad ofrecida de esa manera, castigado “.
X. El pacto, por parte de Dios, comprende tres cosas en general. 1ª. Una promesa de felicidad consumada en la vida eterna. 2dly. Una designación y prescripción de la condición, por la cual el hombre adquiere un derecho a la promesa. 3dly. Una sanción penal contra los que no llegan a la condición prescrita. Todas estas cosas consideran a todo el hombre, o ολοκληρος, en la frase de Pablo, como consistente en alma y cuerpo. La promesa de Dios de la felicidad es para cada parte, él requiere la santificación de cada uno, y amenaza a cada uno con la destrucción. Y así este pacto hace que Dios aparezca glorioso en todo el hombre.
XI. Para comprometerse en tal pacto con la criatura racional, formado después de la imagen divina, es totalmente digno de, y de ninguna manera, indigno de Dios. Porque era imposible, pero Dios se proponía a la criatura racional, como un patrón de santidad, conforme a lo cual debía enmarcarse a sí mismo ya todas sus acciones, manteniendo cuidadosamente, y siempre ejerciendo la actividad de esa justicia original, que él era, desde su mismo origen, dotado de. Dios no puede sino obligar al hombre a adorarlo, a adorarlo ya buscarlo, como el bien principal; tampoco es concebible que Dios requiera que el hombre lo ame y lo busque, y sin embargo se niegue a ser encontrado por el hombre, amar, buscar y estimar él como su principal bien, anhelo, hambre y sed de él solo. ¿Quién puede concebirlo como digno de Dios, para que así diga al hombre: Quiero que me busques sólo, pero con la condición de nunca encontrarme; a ser ardientemente anhelado por encima de todo lo demás con el mayor hambre y sed, pero sin embargo nunca ser satisfecho. Y la justicia de Dios no requiere menos que el hombre, al rechazar la felicidad ofrecida en los términos más equitativos, sea castigado con la privación de él, y también incurra en la más severa indignación de Dios, a quien ha despreciado. De donde se deduce que, por la misma consideración de las perfecciones divinas, puede deducirse con justicia que ha prescrito al hombre una cierta ley, como condición para gozar de la felicidad, que consiste en la fructificación de Dios; reforzado con la amenaza de una maldición contra el rebelde. En lo que acabamos de decir, que consistía todo el pacto. Pero de cada uno de ellos tendremos más amplitud para hablar de aquí en adelante.
XII. Hasta aquí hemos considerado al único partido del pacto de Dios: el hombre se convierte en el otro, cuando lo consiente, abrazando el bien prometido por Dios; comprometiéndose a una observación exacta de la condición requerida; y, sobre la violación de esto, voluntariamente poseer odioso a la maldición amenazada. Esto la Escritura llama, עבוד בבדיה יהוה, “a entrar en alianza con el Señor”, Deut. 29:12, y “entrar en maldición y juramento”, Neh. 10:29. En esta maldición (Pablo la llama, 2 Corintios 9:13, ὁμολογια, “profeso sujeción”), la conciencia se presenta como testigo, que la estipulación o pacto de Dios es justo, y que este método para llegar al goce de Dios es altamente devenir; y que no hay otra manera de obtener la promesa. Y de ahí los males, que Dios amenaza a los transgresores del pacto, son llamados “las maldiciones del pacto”, Deut. 29:20; que el hombre, al consentir el pacto, voluntariamente se hace odioso a. El efecto de esta maldición sobre el hombre, que no se atiene al pacto, es llamado “la venganza del pacto”, Lev. 26:25. La forma de una estipulación o aceptación que tenemos, Sal. 27: 8: “Cuando dijiste: Buscad mi rostro, y mi corazón te dijo: Tu rostro, Señor, yo buscaré”. Donde la asimilación voluntaria, o aceptación, responde a la estipulación, o pacto, hecho en el nombre de Dios por la conciencia su ministro.
XIII. El hombre, a propuesta de este pacto, no podía, sin culpa, negarse a dar esta asimilación o aceptación. 1ª. En virtud de la ley, que lo une universalmente, acepte humildemente todo lo que Dios propone; a quien es deber esencial de toda criatura racional estar sujetos en todos los aspectos. 2dly. Debido a la soberana soberanía de Dios, que puede disponer de sus propios beneficios, y nombrar la condición de gozar de ellos con una autoridad suprema, y sin rendir cuentas a nadie; y al mismo tiempo ordenar al hombre, esforzarse por lograr las bendiciones ofrecidas, con la condición prescrita. Y por lo tanto, este pacto, como subsisting entre las partes infinitamente desiguales, asume la naturaleza de las que los Griegos llamaron προστάγματα, o συνθὴκαι ἐκ τῶν ἐπιταγμάτον, injunctions, o convenios de comandos; de la que Grotius habla en su Jus Bell. et Pacis, l. ii., c. 15, §. 6. Por lo tanto, Pablo traduce las palabras de Moisés, Ex. 24: 8, “He aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros”, Heb. 9:20: Τοῦτο τὸ ἆιμα της διαθήκης, ἦς ἐνετείλατο προς ὑμᾶς ὁ Θεὸς. “Esta es la sangre del testamento que Dios os ha ordenado”. No se deja al hombre, aceptar o rechazar a gusto el pacto de Dios. Se ordena al hombre que lo acepte y presione después de alcanzar las promesas en el camino señalado por el pacto. No desear las promesas, es rechazar la bondad de Dios. Rechazar los preceptos, es rechazar la soberanía y santidad de Dios. Y no someterse a la sanción, es negar la justicia de Dios. Y por lo tanto el apóstol afirma del pacto de Dios, que es νενομοθετηται, reducido a la forma de una ley, Heb. 8: 6, por la cual el hombre está obligado a una aceptación. 3dly. Se deduce de ese amor que el hombre naturalmente se debe a sí mismo, y por el cual se lleva al bien principal; para gozar de lo que no queda más método que la condición prescrita por Dios. Cuarto. La conciencia misma del hombre dicta, que este pacto es en todas sus partes altamente equitativo. Lo que puede ser enmarcado, incluso por el pensamiento mismo, más equitativo, que ese hombre, estimando a Dios como su principal bien, debe buscar su felicidad en él, y regocijarse en la oferta de esa bondad; debe recibir alegremente la ley, que es una transcripción de la santidad divina, como la regla de su naturaleza y acciones; en suma, debe someter su cabeza culpable a la más justa venganza del cielo, ¿debe aclarar esta promesa y violar la ley? De lo que sigue, que el hombre no estaba en libertad de rechazar el pacto de Dios.

XIV. Dios, por este pacto, no adquiere nuevo derecho sobre el hombre; que, si consideramos debidamente el asunto, ni es ni puede fundarse en ningún beneficio de Dios, o delito menor del hombre, como argumenta Arminio; ni en nada distinto de Dios; siendo la principal o única fundación de ella la majestad soberana del Dios Altísimo. Debido a que Dios es el bienaventurado y autosuficiente Ser, por lo tanto, él es el único Potentado; estos dos fueron unidos por Pablo, 1 Tim. 6:15. Tampoco el poder y el derecho de Dios sobre las criaturas puede ser disminuido o aumentado por cualquier cosa extrínseca a Dios. Esto es justamente considerado indigno de su soberanía e independencia, de la que pronto trataremos más plenamente. Dios, en este pacto, simplemente muestra qué derecho tiene sobre el hombre. Pero el hombre, al aceptar el pacto y realizar la condición, adquiere cierto derecho a exigir de Dios la promesa. Porque Dios, por sus promesas, se hizo deudor del hombre. O, para hablar de una manera que se convirtiera en Dios, se complació en hacer su cumplimiento de sus promesas una deuda debida a sí mismo, a su bondad, justicia y veracidad. Y al hombre en pacto, y perseverando en ello, concedió el derecho de esperar y requerir que Dios satisfaciera las demandas de su bondad, justicia y verdad, por el cumplimiento de las promesas. Y así al hombre, como estipulando o consintiendo al pacto, Dios dice, que él será su Dios, Deut. 26:17. Es decir, le dará plena libertad para gloriarse en Dios, como su Dios, y esperar de él, que se convertirá en un pacto con él, lo que es para sí mismo, incluso una fuente de felicidad consumada.

XV. En las Escrituras, encontramos dos pactos de Dios, realizados con el hombre: El pacto de obras, de otra manera también llamado, Pacto Natural, o Legal y el Pacto de Gracia. Los Apóstoles nos enseñan esta distinción, Romanos 3:27, donde el menciona la ley de las obras y la ley de la fe por la ley de las obras, comprendiendo que esa doctrina que apunta fuera del camino en el cuál, por el significado de obras, la salvación es obtenida; y por la ley de la fe, esta doctrina que nos dirige que por fe se obtiene la salvación. La forma del pacto  de obras es, “El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas” Romanos 10:5b. El pacto de gracia es, “Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado” Romanos 10:11. Esos pactos de misericordia están de acuerdo entre sí, 1. Que, en ambas, las partes contratantes son las mismas, Dios y el hombre. 2. En ambas, es la misma promesa de vida eterna, que consiste en la fruición inmediata de Dios. 3. La condición de ambos es la misma, viz., obediencia perfecta hacia la ley. Tampoco habría sido digno de Dios admitir al hombre a una bendita comunicación con él, sino en el camino de una santidad inconmovible. 4. En ambas, el mismo fin, la gloria de la más inconmovible bondad de Dios. Pero en esas siguientes particularidades ellos difieren: 1. El carácter o relación de Dios y el hombre, en el pacto de obras, es diferente de lo que es el pacto de gracia. En el pasado, Dios se relaciona como el Supremo Legislador y el Buen Jefe, se regocija en hacer a su criatura inocente formar parte de su felicidad. En este último, como infinitamente misericordioso, adjudicando la vida al pecador elegido consistentemente con su sabiduría y justicia. 2. En el pacto de obras no había mediador. En el de la gracia, está el mediador, Jesús Cristo. 3. En el pacto de las obras, la condición de la obediencia perfecta debía ser realizada por el hombre mismo, que había consentido en ella. En la gracia, se propone la misma condición, que debe ser, o como ya se realizó, por un mediador. Y en esta sustitución de la persona consiste la diferencia principal y esencial de los pactos. 4. En el pacto de las obras, se considera que el hombre trabaja, y la recompensa se debe dar como deuda; y por lo tanto, la gloria del hombre no está excluida, pero puede gloriarse, como lo hace un siervo fiel, con el correcto cumplimiento de su deber, y puede reclamar la recompensa prometida a su obrar. En el pacto de gracia, el hombre, en sí mismo impío, es considerado en el pacto como creyente; y la vida eterna se considera como el mérito del mediador, y como se le otorga al hombre por gracia gratuita, lo que excluye toda jactancia, además de la gloria del pecador creyente en Dios, como su Salvador misericordioso. 5. En el pacto de obras, se requiere algo del hombre, como una condición que, realizada, le da derecho a la recompensa. El pacto de gracia, con respecto a nosotros, consiste en las promesas absolutas de Dios, en las que el mediador, la vida que debe obtener, la fe por la cual podemos hacernos partícipes de él, los beneficios comprados por él, y la perseverancia en esa fe, en una palabra, la totalidad de la salvación y todos los requisitos para ella, están absolutamente prometidos. 6. El fin especial del pacto de las obras fue la manifestación de la santidad, la bondad y la justicia de Dios, conspicua en la ley más perfecta, en la promesa más liberal, y en esa recompensa, para ser dado a aquellos que lo buscan con todo su corazón El fin especial del pacto de gracia es, “para alabanza de la gloria de su gracia”, Efesios 1: 6a, y la revelación de su sabiduría inescrutable y múltiple: qué perfecciones divinas brillan con brillo en el don de un mediador, por quien el pecador es admitido para completar la salvación, sin ningún deshonor a la santidad, justicia y verdad de Dios. También hay una demostración de la suficiencia total de Dios, mediante la cual no solo el hombre, sino incluso el pecador, lo cual es más sorprendente, puede ser restaurado a la unión y la comunión con Dios. Pero todo esto se explicará más completamente en lo que sigue.
Traducido por Pablo Flores Figueroa y revisado por Gabriel Mejías. 

Título original: THE ECONOMY OF THE COVENANTS BETWEEN GOD AND MAN. COMPREHENDING A COMPLETE BODY OF DIVINITY. BY HERMAN WITSIUS,  D.D.

La miserable caída del hombre y la bendita gracia de Dios

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 Reino, Pacto Y Mediador (Génesis 1 y 2).

            En esta serie de sermones hemos estado observando la Historia de la Redención desde sus orígenes. Como vimos en el primer sermón, Dios prepara el establecimiento de su Reino sobre la Tierra comenzando por la creación general (los cielos y la tierra), y la creación especial (la humanidad).

En este contexto vemos ya el paradigma del Reino de Dios, que consiste en “el pueblo de Dios, en el lugar de Dios bajo el gobierno y la bendición de Dios”[1]. En el “patrón del reino”[2], que comprende el periodo pre-redentivo de la Historia, Adán y Eva eran el pueblo de Dios (Gn. 1:26-27; 2:7, 18, 21-23), la tierra, específicamente el jardín del Edén, era el lugar de Dios (Gn. 1:1-25; 2.8-15), y el gobierno y la bendición de Dios fue administrada mediante el Pacto de Obras (Gn. 2:16-17).

El Pacto de Obras o Pacto de Vida contiene los siguientes elementos: (1) las partes del Pacto, las cuales son Dios y la humanidad, (2) la promesa del Pacto, la cual es la vida perdurable, (3) la condición u obligación del Pacto, que es obediencia perfecta (No comer del Árbol del conocimiento del bien y del mal), la amenaza en caso del quebrantamiento, la cual es la muerte y, (5) por último, una señal del Pacto la cual es el Árbol de Vida.

            Vimos también que, en el Pacto de Obras, Adán cumple el oficio de Mediador, es decir, él es el representante y cabeza de la humanidad delante del Señor. Como mediador del Pacto, Adán fue un tipo de Cristo. Así como en el Jardín, Adán era profeta, por cuanto era receptor y comunicador de la Palabra, sacerdote (guardador del Edén, Templo de Dios, y de las ordenanzas del Pacto) y rey (administrador de la creación), Cristo, el segundo Adán, es el Verdadero Profeta de Dios, el Gran Sumo Sacerdote, y el Rey de Gloria.

Así es como la Historia Pre-Redentiva comienza con la creación y termina con la caída del hombre, lo cual veremos a continuación.

La miserable caída del hombre

Podemos observar la gravedad y miseria de la caída del hombre en que Adán y Eva actuaron en incredulidad y presunción, pecando terriblemente contra Dios, quien los había rodeado de toda bendición en el huerto de Edén. “Habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido”. (Rm. 1:21). “Profesando ser sabios, se hicieron necios” (Rm. 1:22), pues, al creer y obedecer la voz de la serpiente, “Cambiaron la Verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador” (Rm. 1:25). Como consecuencia de su pecado, fueron conscientes de su culpabilidad. “Y conocieron que estaban desnudos” (Gn. 3:7). La vergüenza y el temor se apoderaron de ellos, por lo cual “se escondieron de la presencia de Jehová Dios” (Gn. 3:8) ¡Estando en el mismísimo mundo de Dios! El salmista dice:“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?” (Sal. 139:7).

No solo pecaron hasta ahí, sino que, además, agravaron su pecado al no confesarlo ni arrepentirse de él cuando Dios se acercó a ellos, mostrando así la dureza de sus corazones envanecidos. Con todo, en vez de presentar delante del Señor un corazón contrito y humillado, presentaron excusas baratas, que solo aumentaron más y más su pecado. “Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (Rm. 2:5). En el mismo acto en que Adán y de Eva pecaron, se hicieron presentes para la humanidad completa las duras consecuencias de ésta primera transgresión, las cuales podemos resumir en dos:

  • Primero, La carencia de Justicia Original, “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno” (Rm. 3:10). Nuestros primeros padres cambiaron “la primogenitura” de su Justicia Original, por el “plato de lentejas” del pecado.
  • Segundo, La corrupción de toda su naturaleza. “(…) [vivimos] en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos (…), estando nosotros muertos en pecados” (Ef. 2:3, 5). Como se contamina un vaso de agua pura al verter en él una dosis de veneno mortal, así fue contaminada toda la naturaleza humana cuando fue vertido en ella el veneno del pecado.

La bendita gracia de Dios

¿Puedes ver cuán impíos fueron Adán y Eva al despreciar a Dios, y quebrantar sus mandamientos? Ellos estaban en los brazos de su buen Dios, ¡y decidieron propinarle una bofetada en el rostro! ¡la afrenta de ellos a la Majestad del Altísimo no merecía sino la completa y terrible ira y la maldición de Jehová! No obstante, aunque era completamente justo que el Señor Dios consumiera a nuestros primeros padres en su Ira, no lo hizo, sino que actuó, en su gran misericordia, en favor de ellos. (Gn. 3:8). Aun cuando ellos intentaron inútilmente huir de la presencia de Dios tras haber pecado, él mismo fue a su encuentro.

Además, al maldecir Dios a la serpiente, pronuncia la bendita palabra de la Promesa, que la simiente de la mujer vencería a la simiente de la serpiente. Los teólogos llaman este pasaje el “proto-evangelio”, que quiere decir el primer evangelio, la buena noticia de Dios a una humanidad que se encontraba en un estado tan desfavorable y desolador. (Gn. 3:15). En esta promesa, Dios le estaba anunciando a los Hijos del Pacto que él estaría de su lado, y vencería a sus enemigos.

Debemos considerar también que la consecuencia del pecado de Adán y Eva no fue tan severa como para destruirlos, sino que fue como la disciplina que ejerce un padre sobre su hijo, al cual ama. (Gn. 3:16-19). Por si todo esto no fuera poco, Dios manifestó aún más de su favor para con ellos mediante un acto simbólico de gracia, cuando él mismo “hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles” (Gn. 3:21), vistiéndolos. El Señor se sirvió de la muerte de un sustituto, para ocultar la desnudez del hombre y de su mujer. Sangre fue derramada, para cubrir la vergüenza de ambos.

Conclusión: Revestidos de Cristo, el perfecto sustituto.

  Los tenues destellos de la gloria de la obra de nuestro bendito Redentor se dejan ver mediante este primer sacrificio. ¡Oh cuan superior es la perfecta obra de nuestro amado Señor Jesús! ¡Que el perfecto y eterno Hijo de Dios derramara su preciosa Sangre en la Cruz del Calvario en nuestro lugar! Así como Adán y Eva fueron vestidos por las pieles de un sustituto, así nuestro Padre amoroso nos ha revestido de la perfecta Justicia de Cristo (Gal. 3:27), la cual nos fue imputada por la fe en él, “pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gal. 3:26).

Como está Escrito: “(…) nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.(1 Cor. 5:7), su cuerpo por nosotros fue partido (1 Cor. 11:24); El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29) fue inmolado (Ap. 5:12), y con su sangre nos ha redimido para nuestro Dios (Ap. 5:9).

            ¡Bendita paz que disfrutamos por la obra de Cristo, que nos ha justificado! Como está Escrito: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Ro. 5:1).

Aplicaciones: Llevando la Palabra a la Práctica. 

  • Meditemos en la gloria del Evangelio revelada en estas Escrituras. Así como nuestros primeros padres no fueron tratados como merecía su transgresión, así también Dios nos ha tratado con abundante misericordia. Lamentaciones 3:22-33. Contemplemos la belleza de Cristo, quien es el sustituto perfecto, cuya justicia es nuestra por la fe. Nuestro esposo, el cual es Jesús, ha dado su vida en nuestro rescate, ¿Cómo no ha de consumir esta verdad nuestros pensamientos? Que aquel que es “el más hermoso de los hijos de los hombres” (Sal. 45:2), “señalado entre diez mil” (Cant .5:10), cautive nuestros pensamientos, y haga arder nuestros corazones de amor por él.
  • Confesemos a él nuestros pecados, pues “él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Examinemos nuestros corazones, para ver si estamos en Cristo, no sea que haya alguno entre nosotros que aún no esté revestido de Cristo, sino que está aun pobremente cubierto de sus “hojas de higuera” de auto-justicia. ¡Oh pecador, no malgastes el tiempo que Dios te da y arrepiéntete de tu maldad hoy mismo! Como está Escrito: “(…) Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón” (Salmo 95:7b-8). Si no estás en Cristo, la Ira de Dios está sobre ti, y no se tardará en consumirte si permaneces en tu estado de incredulidad. Hermanos, mejor es carecer de la miel del diablo, que sufrir el aguijón de la Ira de Dios” (Thomas Watson). Una vez más te digo a ti, que aun eres esclavo del pecado, ¡mira a Cristo hoy, y corre a Él!
  • Esforcémonos en odiar el pecado, y mortificarlo. Mata a tu pecado, o él te matará a ti (John Owen). Mientras más tus pensamientos estén en las cosas celestiales, menos estarán en las terrenales.
  • Vivamos nuestras vidas para la gloria de Dios, caminando en piedad, como nos mandan las Escrituras, pues el fruto de nuestra justificación es nuestra santificación.

Escrito por Nicolás Reyes Medina.

[1] Goldsworthy  Graeme, Evangelio y Reino, p.54.

[2] Roberts  Vaughan, El Gran Panorama Divino, p.24.